VIDA PRIVADA (Dir. REBECCA ZLOTOWSKI)

Se cuenta la historia de un psiquiatra (Jodie Foster) a la que de repente, o no tanto, se le muere una paciente (Virginie Efira). En el entierro, el marido de la difunta (Mathieu Amalric) acusa a la doctora de ser la causante de lo que de entrada parece ser un suicidio. 

Zlotowski rechaza filmar la realidad y utiliza sus imágenes como objetos que ocupan la pantalla para que los acontecimientos del mundo real no puedan hacerlo. Cada plano de la cinta tiene como intención última instalarse en un espacio para evitar que lo haga un modelo diferente de cine.

Daney escribió que la función de las imágenes televisivas es ser sustituidas por otras de forma indefinida; es decir, crear un flujo visual continuo y constante que nunca lleva a nada y que convierte la realidad en combustible triturado del que se alimenta para seguir reproduciéndose.

Lo mismo sucede en Vida privada, con la excepción de que, ya se ha dicho, la realidad no aparece aquí por ningún lado. Todo permanece resguardado dentro del salón íntimo de la protagonista, y los acontecimientos que allí se producen, al igual que los personajes que están en su centro, son puros clichés. 

Vida privada es, por tanto, un ejercicio de onanismo autocomplaciente que expresa su cinismo a través de una ironía descreída con la que pretende deslegitimar cualquier intento de contar el mundo y de hacerlo desde una perspectiva crítica, puesto que, según su lógica, no se puede alcanzar un conocimiento objetivo ya que todo es un conjunto de relatos ficcionales que nada tienen de real.

La referencia y el laberinto de espejos que no lleva a ningún lado son los principales recursos de estilo que utiliza la cineasta para rellenar los cien minutos de metraje. La tesis está clara: el cine y la ficción son juguetes con los que la aburrida protagonista se entretiene cuando no tiene nada que hacer y a los que no hay que prestarles la menor atención.

Magnífica, como siempre, Jodie Foster.

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NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

TURNO DE GUARDIA (Dir. Petra Volpe)

Floria es una enfermera que trabaja con gran dedicación y profesionalidad en el ala quirúrgica de un hospital suizo. Nunca comete un error, siempre escucha a sus pacientes incluso en las situaciones más estresantes y siempre está disponible de inmediato en caso de emergencia. Pero en la dura, y muchas veces impredecible, realidad diaria del hospital las cosas pueden ser diferentes.

Un día, Floria llega para trabajar en el turno de noche, la sala de urgencias está completamente llena y hay falta de personal. A pesar del ritmo frenético, Floria trabaja incansable para atender a todos los pacientes pero comete un desastroso error y el turno amenaza con desbaratarse por completo. Comienza una angustiosa carrera contrarreloj.

Turno de guardia es una gran película. Honesta, sincera: el guion se inspira en un libro escrito por una enfermera. La tarea de estas enfermeras aparece heroica y agobiante. Denuncia la falta de personal y alaba la tarea de estas mujeres. En algún momento la película resulta dura, con un aire de thriller, merced a una realización impecable y sin artificio: dejar que los hechos hablen.

Vemos a Floria andando sin parar; atendiendo, también sin parar, una llamada telefónica, empujando un carrito, o una camilla, tomando la temperatura a un paciente, aguantando las quejas de uno o de otra… sin tiempo para nada, poniendo buena cara, llorando de desesperación a solas, estallando cuando no puede más.

La planificación está milimetrada, la cámara sigue a Floria por los pasillos y, en algún momento, se deja inspirar por los hermanos Dardenne.  Sin duda, lo más destacado de esta película es la gran interpretación de su actriz protagonista: Leonie Benech.  Un trabajo que hace justicia a la talla profesional y humana que poseen todas las enfermeras del mundo.

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RENTAL FAMILY (Dir. Hikari)

Ambientada en el Tokio actual, sigue a un actor estadounidense que lucha por encontrar un propósito en la vida hasta que consigue un trabajo inusual: trabajar para una agencia japonesa de «familias de alquiler», interpretando papeles de suplente para desconocidos. A medida que se sumerge en el mundo de sus clientes, comienza a establecer vínculos genuinos que difuminan las líneas entre la actuación y la realidad. Al enfrentarse a las complejidades morales de su trabajo, redescubre el propósito, la pertenencia y la tranquila belleza de las relaciones humanas.

En Japón funcionan unas 300 agencias de familias de alquiler a las que acuden hombres y mujeres para contratar actores y actrices que les cumplan diversas fantasías o cubran determinadas necesidades. En una sociedad dominada por la soledad, la incomunicación y la falta de afecto, esos servicios pueden ser vistos como una demostración del patetismo imperante, pero también como un alivio, un bálsamo a la hora de llenar un vacío ocasional o permanente.

El antihéroe del film es Phillip Vandarpleog (Brendan Fraser), un actor estadounidense que siete años atrás viajó a Tokio para protagonizar una publicidad de pasta dental y se quedó viviendo allí. Más allá de dominar el japonés, nunca deja de ser un Gaijin, un extranjero, y su carrera ha distado de ser exitosa (hasta lo echan de los rodajes más básicos), tiene una casa diminuta que está por vender con la idea de abandonar el país y termina trabajando para Rental Family, una compañía liderada por su jefe Shinji Tada (Takehiro Hira, visto en la serie Shôgun) en la que tiene que asistir a un funeral o ayudar a un anciano.

Pero las cosas dan un vuelco profundo cuando Hitomi Kawasaki (Shino Shinozaki) contrata sus servicios para que se haga pasar por el padre de su hija Mia (Shannon Mahina Gorman), una niña de 11 años que debe atravesar un arduo proceso de selección para ingresar a un exclusivo colegio privado. Mia tuvo un papá “occidental” al que prácticamente no conoció y Phillip interpreta tan bien su papel que Mia se convence de que es el hombre real que ha regresado para estar con ella y acompañarla en ese período de su vida.

Familia en renta no solo describe una tendencia sociocultural muy particular y distintiva del Japón de las últimas décadas sino también los dilemas éticos y morales de un trabajo como el de Phillip, en el que se ponen en juego verdaderas conexiones humanas en medio de una ficción que tiene incluso algo de farsa.

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LA ASISTENTA (Dir. Paul Feig)

Una joven (Sydney Sweeney), con un pasado complicado comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester. A medida que se adentra en la vida de la familia, descubrirá secretos oscuros que pondrán en peligro su seguridad, pero quizá ya sea demasiado tarde… 

Protagonizada por Amanda Seyfried y Sydney Sweeney encantada en su papel de nuevo símbolo sexual, la película es fiel al texto original y eso no es necesariamente una virtud.  Una producción irregular, delirante, y absurda que solo se puede disfrutar si no tienes aspiraciones intelectuales antes lo que te presentan.. De lo contrario, decepción puede hacerte salir de la sala del cine.

Millie, una joven blanca bellísima, de dentadura perfecta, pelo hidratado y de pasado oscuro duerme en su coche y se lava en baños públicos. Nina, también rubia, perfecta pero rica, contrata a la otra como interna en su mansión. El trabajo: limpiar, cocinar y cuidar de su hija (repelente).

Pronto, la matriarca comienza a portarse como una auténtica déspota esquizofrénica con su empleada. Menos mal que la pobrecita Mille se puede consolar con el marido de su jefa: Andrew, el hombre joven, guapo, amable, sufridor y con un gusto extraño por las camisetas interiores sin mangas tres tallas más pequeñas.

En fin… no creo que sea necesario explicar nada más.

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ROFFMAN, UN LADRÓN EN EL TEJADO (Dir. Derek Cianfrance)

La historia real de Jeffrey Manchester (Tatum), un criminal que asaltó más de 60 McDonald’s entrando por un agujero que hacía en el techo en medio de la noche. Tras ser arrestado, escapó de prisión y vivió escondido en una tienda de Toys R Us durante aproximadamente seis meses.

Derek Cianfrance es un director volcado en contarnos historias humanas. Para corroborar esta afirmación basta con citar títulos como ‘Blue Valentine’ (2010) o la maravillosa película Cruce de caminos (2012).

La estela de Cruce de caminos sigue caminando por ese mismo sendero con ‘Roofman: Un ladrón en el tejado’. Con esta película estamos, probablemente, ante su film más amable.

La película esun biopic amable sobre Jeffrey Manchester. Cianfrance se entrevistó y conversó varias veces con el personaje real para poder llegar a conectar verdaderamente con él. También mantuvo charlas con los policías que lo persiguieron. Tras todo esto, el director y guionista, retrató a Jeffrey como un hombre ciertamente inteligente, muy observador, y con un carácter suave y educado.

El reparto destaca por su actor protagonista: Channing Tatum encarnando a Jeffrey Manchester. A nivel físico, el actor tuvo que perder 10 kgs para dar más el tipo con el protagonista real. Y a nivel interpretativo estamos ante un buen trabajo del intérprete nacido en Alabama. Alejado de los papeles de acción, en los que no terminaba de cuajar, Channing Tatum parece haber encontrado un hueco a la hora de interpretar personajes amables y corrientes.

Al lado de Tatum está Kirsten Dunst como Leigh, una empleada del Toys R Us que terminará estableciendo una relación con Manchester. Su desempeño en el papel es francamente bueno con esa naturalidad tan suya y con momentos tanto románticos como más exaltados y/o nerviosos debido, sobre todo, a la relación con su hija mayor adolescente.

Lo dicho, una película amable.

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EL MÉDICO II (Dir. Philipp Stölzl)

Ispahán, Irán. Año 1034. El médico Rob Cole y su familia se ven obligados a huir de la Madraza y poner rumbo a occidente junto a sus estudiantes de medicina. Al llegar a Londres, descubren que musulmanes y judíos tienen prohibida la entrada a la ciudad y que no pueden ejercer como médicos dentro de ella. Sin dejarse intimidar, Cole y sus pupilos establecen un hospital improvisado a las puertas de Londres. Cuando Cole es llamado por el Rey para que atienda a su hija enferma, sus excepcionales habilidades como curandero le aseguran un puesto en la corte. A medida que se vea envuelto en luchas de poder e intrigas política de la casa real, el médico deberá guiarse por su instinto para sobrevivir en una Inglaterra al borde del colapso.

Desde el arranque, la narración de El médico II se hace más ambiciosa que su antecesora. Rob Cole huye de Ispahán acompañado de su familia y discípulos para recalar en un Londres hostil con los extranjeros, especialmente si son musulmanes o judíos. Allí, como la práctica de la medicina les está vedada, deciden levantar un hospital improvisado a las puertas de la ciudad. El gesto funciona casi como declaración moral: curar como vocación, aun en contra de un ambiente adverso.

La película continúa teniendo como tema principal el contraste entre una medicina que comienza a abrirse al conocimiento y otra que permanece aferrada a creencias tradicionales. La resistencia de los gremios médicos, protectores celosos de sus privilegios, va escalando hasta desembocar en la propia corte. Veremos convivir la medicina traída de Oriente con las técnicas tradicionales, resumiendo en unos pocos días lo que en realidad fue una lenta revolución.

La acción de El médico II se centra en una Inglaterra en crisis cultural, religiosa y política. En este marco, la película combina la épica clásica con la búsqueda del saber, alternando lo íntimo y lo histórico en un difícil equilibrio, al tiempo que entrelaza conflictos dinásticos construyendo un traje difícil de hilvanar.

El médico II sigue los convencionalismos del drama histórico y entra de lleno en la ficción medieval, pero lo hace con un gusto visual innegable. Gustará, sin duda, a los amantes del cine histórico.

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AVATAR: FUEGO Y CENIZAS (Dir. JAMES CAMERON)

La familia de Jake y Neytiri lidia con el dolor tras la muerte de Neteyam y se topa con una nueva y agresiva tribu Na’vi, el Pueblo de Ceniza, liderada por los feroces Varang, mientras el conflicto en Pandora se intensifica y surge un nuevo enfoque moral.

En la tercera entrega de la saga Avatar, se introduce al Pueblo de las Cenizas, un nuevo clan Na’vi con una visión más agresiva que el resto de pueblos del mundo. A diferencia de los clanes vistos anteriormente, estos Na’vi no dudan en recurrir a la violencia para conseguir sus fines, incluso si eso significa enfrentarse a otros clanes.

Con esta nueva amenaza, Pandora se convierte en un territorio aún más inestable, donde los conflictos internos ponen en peligro el equilibrio del planeta y obligan a replantear la lucha por su supervivencia.

Pero nuevamente: puede que “Avatar: fuego y cenizas” sea muy ligeramente inferior a su predecesora, pero eso no quiere decir que sea una experiencia frustrante o tediosa. La película dura más de tres horas y, sin embargo, se mueve con energía y propósito, haciendo que el espectador nunca se sienta cansado de estar tanto tiempo sentado frente a la pantalla grande.

James Cameron sigue expandiendo el mundo que ha creado en Pandora, mostrándonos no solo a un nuevo pueblo N’avi, sino también lo que pasa cuando ciertos personajes buscan la ayuda de Eywa. Interesante la manera en que se desarrolla la narrativa de “Avatar: fuego y cenizas”, ya que intenta hacer bastantes cosas, pero a la vez, es engañadoramente simplista.

Esto no debería sorprender. Los filmes de “Avatar” nunca han narrado historias particularmente complejas, más bien valiéndose de arquetipos y referencias mitológicas para transmitir temas relacionados con la conservación ambiental, la familia y los peligros de la tecnología sin supervisión. 

Una película solo para los amantes del género.

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