EL EXTRANJERO (Dir. François Ozon)

François Ozon  ha optado por llevar al cine una de las obras más importantes del existencialista Albert Camus, ya adaptada hace casi medio siglo por el maestro Luchino Visconti.

El director francés se muestra fiel al original literario. A diferencia de la película de Visconti, que tenía una mayor conciencia de narración popular y en la que la voz en off del protagonista iba acompañada por acciones constantes que mitigaban la densidad de la obra, Ozon traduce la seriedad de las frases cortas de Camus en un rigor estilístico al que se adecua la interpretación perfectamente medida de Benjamin Voisin en el papel del oficinista falto de toda ilusión y convencido de lo absurdo de la existencia. Esto se refuerza con la elección formal del blanco y negro: la falta de cromatismo desenmascara la crudeza de la realidad.

El conjunto se revela como una opción arriesgada, pero ideal como traslación en imágenes de la obra de Camus. Consciente de la radicalidad de una propuesta en la que, además, prescinde de la narración en primera persona del libro, el cineasta se permite la concesión de romper con la linealidad de la obra literaria (igual que hacía Visconti) para incluir intriga y sembrar la curiosidad en el espectador.

El film comienza no cuando al protagonista se le anuncia la muerte de la madre –uno de los inicios literarios más célebres del siglo XX–, sino cuando es encarcelado días después por haber matado a un árabe en la Argelia francesa.

Aún con el respeto hacia la obra original, Ozon no se resiste a introducir pequeños añadidos que actualizan el texto original: a través del personaje de la prometida del protagonista (Rebecca Marder) se vehiculan denuncias a actitudes machistas del entorno y, además, en la parte final se destaca el olvido de la víctima árabe en todo el juicio.

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NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

HAMNET (Dir. Chloé Zhao)

Agnes, una muchacha peculiar que parece no rendir cuentas a nadie y que es capaz de crear misteriosos remedios con sencillas combinaciones de plantas, es la comidilla de Stratford, un pequeño pueblo de Inglaterra. Cuando conoce a un joven preceptor de latín igual de extraordinario que ella, se da cuenta enseguida de que están llamados a formar una familia. Pero su matrimonio se verá puesto a prueba, primero por sus parientes y después por una inesperada desgracia.

Partiendo de la historia familiar de Shakespeare, Maggie O’Farrell transita entre la ficción y la realidad para trazar una hipnótica recreación del suceso que inspiró una de las obras literarias más famosas de todos los tiempos.

La autora, lejos de fijarse únicamente en los acontecimientos conocidos, reivindica con ternura las inolvidables figuras que habitan en los márgenes de la historia y ahonda en las pequeñas grandes cuestiones de cualquier existencia: la vida familiar, el afecto, el dolor y la pérdida.

Adaptando el texto de esta prodigiosa novela, nos llega una magnífica película dirigida por dirigida por Chloé Zhao y coescrita junto a Maggie O’Farrell.

Hamnet se fragua a fuego lento, con una primera parte en la cual la inmersión en la naturaleza y la potencia de las relaciones que hay entre los personajes van a ir macerando hasta llegar a una catarsis colectiva final de altísimo impacto emocional que no solo pone el broche de oro a la película sino que además declara su amor por el arte como forma de procesar los reveses de la vida, exteriorizarlos, compartirlos y, de algún modo, aceptarlos.

Extraordinarias interpretaciones de sus dos actores protagonistas: Jessie Buckley y Paul Mescal.

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CANCIÓN PARA DOS (Dir. Craig Brewer)

Mike Sardina es un cantante, ex alcohólico, que se gana la vida haciendo imitaciones de cantantes famosos. En uno de sus trabajos conoce a otra mujer que también actúa, Claire, y la conexión es instantánea.

Ambos están divorciados, él tiene una hija que vive con su madre y ella tiene dos hijos que viven con ella. Pronto deciden emprender un proyecto común, no sólo en el terreno sentimental sino también profesional: el de formar un grupo para interpretar temas de Neil Diamond, el gran ídolo de Mike.

Se llamarán Lightning & Thunder (Rayo y Trueno) y contra pronóstico empiezan a tener éxito. Sin embargo, las dificultades se multiplicarán.

El núcleo central de la película se centra en la relación entre Mike (Hugh Jackman) y Claire (Kate Hudson).

Él, condecorado veterano de guerra y alcohólico en tratamiento, encuentra en la música una disciplina que le otorga identidad y sentido.

Ella, artista normalita de segunda fila, halla en esa unión la oportunidad de reinventarse y volver a sentir que pertenece a un escenario. 

Song Sung Blue – Canción para dos no edulcora la realidad, muestra tensiones, fragilidades y heridas abiertas, pero también revela la fuerza de un amor maduro, entre personas imperfectas y profundamente humanas.

En el reparto: Hugh Jackman, Kate Hudson, Michael Imperioli, Fisher Stevens, James Belushi, Ella Anderson, King Princess, Hudson Hensley, Mustafa Shakir, Cecelia Riddett, John Beckwith, Shyaporn Theerakulstit.

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PALMARÉS, EDICIÓN 13, PREMIOS FEROZ 2026

Los Premios Feroz 2026 se entregaron ayer en Pontevedra. 

A continuación la lista completa de galardonados:

PALMARÉS:

Mejor película dramática: Los domingos

Mejor película de comedia: La cena

Mejor dirección: Alauda Ruiz de Azúa por Los domingos.

Mejor actriz protagonista de una película: Patricia López Arnaiz por Los domingos.

Mejor actor protagonista de una película: Jose Ramon Soroiz por Maspalomas

Mejor actriz de reparto de una película: Nagore Aranburu por Los domingos.

Mejor actor de reparto de una película: Kandido Uranga por Maspalomas

Premio Feroz DAMA al mejor guion de una película: Alauda Ruiz de Azúa por Los domingos.

Mejor música original: Kangding Ray por Sirat

Mejor tráiler: Sirat

Mejor cartel: Tardes de soledad

Mejor serie dramática: Yakarta 

Mejor serie de comedia: Poquita fe

Mejor actriz protagonista de una serie: Esperanza Pedreño por Poquita fe.

Mejor actor protagonista de una serie: Javier Cámara por Yakarta.

Mejor actriz de reparto de una serie: Julia de Castro por Poquita fe 

Mejor actor de reparto de una serie: Secun de la Rosa por Superestar

Premio Feroz DAMA al mejor guion de una serie: Diego San José, Daniel Castro, Fernando Delgado-Hierro por Yakarta 

Premio Feroz Arrebato de ficción: Ciudad sin sueño, de Guillermo Galoe

Premio Feroz Holded Arrebato de no ficción: Tardes de soledad, de Albert Serra

Premio Feroz Audi de Honor: Marta Fernández-Muro

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VIDA PRIVADA (Dir. REBECCA ZLOTOWSKI)

Se cuenta la historia de un psiquiatra (Jodie Foster) a la que de repente, o no tanto, se le muere una paciente (Virginie Efira). En el entierro, el marido de la difunta (Mathieu Amalric) acusa a la doctora de ser la causante de lo que de entrada parece ser un suicidio. 

Zlotowski rechaza filmar la realidad y utiliza sus imágenes como objetos que ocupan la pantalla para que los acontecimientos del mundo real no puedan hacerlo. Cada plano de la cinta tiene como intención última instalarse en un espacio para evitar que lo haga un modelo diferente de cine.

Daney escribió que la función de las imágenes televisivas es ser sustituidas por otras de forma indefinida; es decir, crear un flujo visual continuo y constante que nunca lleva a nada y que convierte la realidad en combustible triturado del que se alimenta para seguir reproduciéndose.

Lo mismo sucede en Vida privada, con la excepción de que, ya se ha dicho, la realidad no aparece aquí por ningún lado. Todo permanece resguardado dentro del salón íntimo de la protagonista, y los acontecimientos que allí se producen, al igual que los personajes que están en su centro, son puros clichés. 

Vida privada es, por tanto, un ejercicio de onanismo autocomplaciente que expresa su cinismo a través de una ironía descreída con la que pretende deslegitimar cualquier intento de contar el mundo y de hacerlo desde una perspectiva crítica, puesto que, según su lógica, no se puede alcanzar un conocimiento objetivo ya que todo es un conjunto de relatos ficcionales que nada tienen de real.

La referencia y el laberinto de espejos que no lleva a ningún lado son los principales recursos de estilo que utiliza la cineasta para rellenar los cien minutos de metraje. La tesis está clara: el cine y la ficción son juguetes con los que la aburrida protagonista se entretiene cuando no tiene nada que hacer y a los que no hay que prestarles la menor atención.

Magnífica, como siempre, Jodie Foster.

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RENTAL FAMILY (Dir. Hikari)

Ambientada en el Tokio actual, sigue a un actor estadounidense que lucha por encontrar un propósito en la vida hasta que consigue un trabajo inusual: trabajar para una agencia japonesa de «familias de alquiler», interpretando papeles de suplente para desconocidos. A medida que se sumerge en el mundo de sus clientes, comienza a establecer vínculos genuinos que difuminan las líneas entre la actuación y la realidad. Al enfrentarse a las complejidades morales de su trabajo, redescubre el propósito, la pertenencia y la tranquila belleza de las relaciones humanas.

En Japón funcionan unas 300 agencias de familias de alquiler a las que acuden hombres y mujeres para contratar actores y actrices que les cumplan diversas fantasías o cubran determinadas necesidades. En una sociedad dominada por la soledad, la incomunicación y la falta de afecto, esos servicios pueden ser vistos como una demostración del patetismo imperante, pero también como un alivio, un bálsamo a la hora de llenar un vacío ocasional o permanente.

El antihéroe del film es Phillip Vandarpleog (Brendan Fraser), un actor estadounidense que siete años atrás viajó a Tokio para protagonizar una publicidad de pasta dental y se quedó viviendo allí. Más allá de dominar el japonés, nunca deja de ser un Gaijin, un extranjero, y su carrera ha distado de ser exitosa (hasta lo echan de los rodajes más básicos), tiene una casa diminuta que está por vender con la idea de abandonar el país y termina trabajando para Rental Family, una compañía liderada por su jefe Shinji Tada (Takehiro Hira, visto en la serie Shôgun) en la que tiene que asistir a un funeral o ayudar a un anciano.

Pero las cosas dan un vuelco profundo cuando Hitomi Kawasaki (Shino Shinozaki) contrata sus servicios para que se haga pasar por el padre de su hija Mia (Shannon Mahina Gorman), una niña de 11 años que debe atravesar un arduo proceso de selección para ingresar a un exclusivo colegio privado. Mia tuvo un papá “occidental” al que prácticamente no conoció y Phillip interpreta tan bien su papel que Mia se convence de que es el hombre real que ha regresado para estar con ella y acompañarla en ese período de su vida.

Familia en renta no solo describe una tendencia sociocultural muy particular y distintiva del Japón de las últimas décadas sino también los dilemas éticos y morales de un trabajo como el de Phillip, en el que se ponen en juego verdaderas conexiones humanas en medio de una ficción que tiene incluso algo de farsa.

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LA ASISTENTA (Dir. Paul Feig)

Una joven (Sydney Sweeney), con un pasado complicado comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester. A medida que se adentra en la vida de la familia, descubrirá secretos oscuros que pondrán en peligro su seguridad, pero quizá ya sea demasiado tarde… 

Protagonizada por Amanda Seyfried y Sydney Sweeney encantada en su papel de nuevo símbolo sexual, la película es fiel al texto original y eso no es necesariamente una virtud.  Una producción irregular, delirante, y absurda que solo se puede disfrutar si no tienes aspiraciones intelectuales antes lo que te presentan.. De lo contrario, decepción puede hacerte salir de la sala del cine.

Millie, una joven blanca bellísima, de dentadura perfecta, pelo hidratado y de pasado oscuro duerme en su coche y se lava en baños públicos. Nina, también rubia, perfecta pero rica, contrata a la otra como interna en su mansión. El trabajo: limpiar, cocinar y cuidar de su hija (repelente).

Pronto, la matriarca comienza a portarse como una auténtica déspota esquizofrénica con su empleada. Menos mal que la pobrecita Mille se puede consolar con el marido de su jefa: Andrew, el hombre joven, guapo, amable, sufridor y con un gusto extraño por las camisetas interiores sin mangas tres tallas más pequeñas.

En fin… no creo que sea necesario explicar nada más.

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EL MÉDICO II (Dir. Philipp Stölzl)

Ispahán, Irán. Año 1034. El médico Rob Cole y su familia se ven obligados a huir de la Madraza y poner rumbo a occidente junto a sus estudiantes de medicina. Al llegar a Londres, descubren que musulmanes y judíos tienen prohibida la entrada a la ciudad y que no pueden ejercer como médicos dentro de ella. Sin dejarse intimidar, Cole y sus pupilos establecen un hospital improvisado a las puertas de Londres. Cuando Cole es llamado por el Rey para que atienda a su hija enferma, sus excepcionales habilidades como curandero le aseguran un puesto en la corte. A medida que se vea envuelto en luchas de poder e intrigas política de la casa real, el médico deberá guiarse por su instinto para sobrevivir en una Inglaterra al borde del colapso.

Desde el arranque, la narración de El médico II se hace más ambiciosa que su antecesora. Rob Cole huye de Ispahán acompañado de su familia y discípulos para recalar en un Londres hostil con los extranjeros, especialmente si son musulmanes o judíos. Allí, como la práctica de la medicina les está vedada, deciden levantar un hospital improvisado a las puertas de la ciudad. El gesto funciona casi como declaración moral: curar como vocación, aun en contra de un ambiente adverso.

La película continúa teniendo como tema principal el contraste entre una medicina que comienza a abrirse al conocimiento y otra que permanece aferrada a creencias tradicionales. La resistencia de los gremios médicos, protectores celosos de sus privilegios, va escalando hasta desembocar en la propia corte. Veremos convivir la medicina traída de Oriente con las técnicas tradicionales, resumiendo en unos pocos días lo que en realidad fue una lenta revolución.

La acción de El médico II se centra en una Inglaterra en crisis cultural, religiosa y política. En este marco, la película combina la épica clásica con la búsqueda del saber, alternando lo íntimo y lo histórico en un difícil equilibrio, al tiempo que entrelaza conflictos dinásticos construyendo un traje difícil de hilvanar.

El médico II sigue los convencionalismos del drama histórico y entra de lleno en la ficción medieval, pero lo hace con un gusto visual innegable. Gustará, sin duda, a los amantes del cine histórico.

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DIE MY LOVE (Dir. Lynne Ramsay)

Una pareja joven y enamorada, cargada de ilusiones (Grace y Jackson), se muda de Nueva York a una casa heredada en el campo. Grace intenta encontrar su identidad con un nuevo bebé en ese entorno aislado. Pero al redescubrirse a sí misma tras un periodo de desmoronamiento, no lo hace en la debilidad, sino en la imaginación, en la fortaleza y en una impresionante e indómita vitalidad.

Jennifer Lawrence protagoniza junto a Robert Pattinson como Grace y Jackson, una pareja que hace un gran cambio de Nueva York a un lugar sin nombre ubicado entre árboles altos y praderas.

La familia de Jackson es de la zona y su madre, Pam (Sissy Spacek), y su padre, Henry (Nick Nolte), aún viven cerca. Jackson heredó una casa espaciosa y deteriorada por el clima de parte de su tío, quien se suicidó de una forma inusual que no tiene sentido y no tiene ninguna relación con la historia.

Lynne Ramsay nunca ha mostrado mucho interés en hacer películas fáciles de digerir; sus duros dramas psicológicos se niegan a ofrecer consuelo o a proporcionar respuestas claras a las confusas preguntas que surgen de las vidas trastocadas de sus personajes.

La directora escocesa no se ha ablandado en su irregular quinto largometraje, Mátate, amor. Con una actuación sin restricciones que oscila entre la realidad perturbada y la fantasía retorcida, difuminando cualquier línea divisoria que las separa, Jennifer Lawrence interpreta a una mujer trasplantada a los espacios abiertos del Estados Unidos rural, donde el matrimonio, la maternidad y la vida doméstica la rodean, minando su cordura.

Aunque los guionistas Enda Walsh, Ramsay y Alice Burch trasladan la novela debut lynchiana de 2012 de la escritora argentina Ariana Harwicz desde la campiña francesa, se mantienen fieles a su enfoque penetrante en una mujer que lucha contra sus demonios en un estado de aislamiento cada vez más febril, ya sea sola o en una habitación llena de gente.

No es una película fácil de ver.

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LA LARGA MARCHA (Dir. Francis Lawrence)

Esta versión cinematográfica -adaptada por el guionista J.T. Mollner, amplía el enfoque hacia la amistad que surge entre Ray Garraty (Cooper Hoffman) y Peter McVries (David Jonsson), que se convierte en el corazón humano de la historia, en el espejo ético que la violencia dictatorial intenta destruir.

La obra original de STEPHEN KING que publicó bajo el seudónimo de Richard Bachman- ya tenía brochazos de esa tensión existencial, pero esta versión eleva el material al llevarlo a la pantalla sin edulcorantes y con total crudeza y dramatismo.

La trama cambia en algunos detalles, ajusta personajes y ritmo, pero mantiene lo esencial: la competición absurda y el sacrificio como ritual.

Lo crudo de las imágenes no se queda en la idea de que los personajes mueran si paran de caminar, sino en el desgaste físico y psicológico: piernas que flaquean, miradas que se pierden, cuerpos que resisten cuando ya no deberían poder.

Los planos muestran la ruta interminable, la carretera vacía, el cuerpo humano convertido en máquina de caminar.

El diseño visual -algún plumón seco, el calor que parece absorberse en el asfalto, la soledad de los protagonistas- amplifica el drama. 

La película no rehúye la violencia gráfica: cuando llega, duele porque hemos caminado junto a los personajes y respirado su cansancio.

En cuanto a su fidelidad al libro, hay diferencias apreciables: el número de participantes se reduce, algunos personajes se condensan, se omiten ramificaciones, y el final sigue otro camino para adaptarse al lenguaje cinematográfico. Pero la esencia está ahí: el sistema opresivo, la caminata interminable, el sacrificio y el deseo de algo que va más allá de unos pies doloridos. 

Cuando el final llega, la película deja una huella profunda. No se trata de quién gana, sino de quién consigue seguir siendo humano en medio de un sistema que despoja de toda compasión.

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