ALUMBRAMIENTO (Dir. Pau Teixidor)

España, 1982. Marisa (María Vázquez) decide llevar a su hija a Madrid con el fin de dar solución a un embarazo no deseado. Lucía (Sofía Milán) termina ingresando en Peñagrande, un reformatorio para adolescentes embarazadas. Allí forjará una fuerte amistad con sus compañeras y descubrirá que se le quiere arrebatar aquello que todavía no tiene: su propio hijo.

Protagonizada por una de las mejores actrices de nuestro país, María Vázquez, llega a los cines la última película de Pau Teixidor.

El reparto coral está compuesto por actrices debutantes, logra transmitir la vulnerabilidad y resiliencia de estas jóvenes en circunstancias extremas. Sofía Milán, ofrece una interpretación contenida pero emotiva como Lucía.

«Alumbramiento» aborda temas como la autonomía corporal, los derechos reproductivos y las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad de género. También toca el controvertido asunto de los niños robados, aunque sin profundizar en sus implicaciones legales o éticas.

Pau Teixidor evita caricaturizar a las monjas y al personal del centro, presentándolos como parte de un engranaje institucional más amplio. Sin embargo, no rehúye mostrar los abusos y la deshumanización que sufren las jóvenes bajo su custodia.

Para crear esa atmósfera se apoya en la banda sonora de Petre Bog. La película destaca en su capacidad para crear un sentido de comunidad entre las protagonistas.
Interesante.

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EL CIELO ROJO (Dir. Christian Petzold)

Un escritor en crisis (Thomas Schubert) y un amigo se instalan un verano en una casa de vacaciones del mar Báltico. El primero, ensimismado y engreído, pretende concentrarse en la escritura de su nuevo libro. Los planes del segundo son más lúdicos. Al llegar descubren que no están solos, que una misteriosa chica (Paula Beer) pasa unos días en esa misma casa.

Petzold de nuevo sitúa la catástrofe en el espacio íntimo y en el histórico, hilvanándolos desde otros resortes narrativos.

La película tiene una puesta en escena elegante, es muy brillante en su escritura e inesperadamente divertida, ‘El cielo rojo’ deja de ser solo una comedia de personajes y situaciones para abrirse a espacios más sofisticados sin perder cierto halo de complejidad.

Con la amenaza de ese cielo rojo que alerta de la cercanía del incendio, Petzold juguetea con la personalidad y las conductas imprevisibles de los personajes, también con cómo se relacionan con la palabra.

Se trata de una clara tragicomedia sobre un hombre enfadado con el mundo incapaz de entregar algo de simpatía hacia los demás poco o nada tiene que ver con las ficciones histórico-míticas que ha realizado el alemán hasta el momento; de Phoenix (2014) a En tránsito (2018) u Ondina (2020).

Su final es de los más devastadores y cautivadores de la temporada, y nos recuerda lo importante que es dejar de mirarnos el ombligo para sobrevivir a lo peor de nosotros mismos.

Lo mejor, sin duda, las grandes interpretaciones.

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VIDAS PERFECTAS (Dir. Benoît Delhomme)

El film es dirigido por Benoît Delhomme y producido por estas dos actrices junto con Kelly Carmichael y Jacques-Henri Bronckart. El guion es de Sarah Conradt y está basada en la novela de Barbara Abel.

Alice y Celine disfrutan de sus vidas idílicas junto a sus familias. Son amigas y vecinas. Sin embargo, la armonía de sus rutinas se rompe después de un trágico accidente. La culpa, la sospecha y la paranoia rompe la amistad entre Alice y Celine dando lugar a una dura batalla psicológica cuando los instintos maternales les empujan a defender a los suyos.

Hay varios motivos para ver esta película. La primera es que en ‘Mothers’ instinct’ por primera vez Anne Hathaway y Jessica Chastain trabajan juntas en el cine. En otras ocasiones compartieron películas pero nunca escenas. Lo harán en este filme que narra la historia de dos madres, vecinas e íntimas amigas cuya relación cambiará completamente a raíz de un traumático accidente.

Otro de los motivos es justamente que ‘Vidas perfectas’ parece un thriller pero la trama va más allá y muestra cómo un trauma te desordena y cómo las relaciones humanas pueden cambiar abismalmente.
En ese marco narrativo, el personaje de Anne Hathaway se encuentra en un constante conflicto entre quién es ella y en quién la convierte ese trauma que le tocó vivir. Para muchos la actriz tuvo uno de sus mejores trabajos ya que le añadió muchísimas capas al personaje.

Es posible que Vidas perfectas no sea una gran película, pero creo que es necesario verla, ya que apenas se hacen películas así en el cine americano: entretenimientos elegantes comandados por el carisma de dos estrellas como Anne Hathaway y Jessica Chastain.

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Nota: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

LA ÚLTIMA SESIÓN DE FREUD (Dir. Matt Brown)

El dramaturgo estadounidense Mark St. Germain escribió una obra imaginando que el profesor era C.S. Lewis, el famoso erudito, filósofo, apologista cristiano y autor de «Las crónicas de Narnia». El guión se ha adaptado al nuevo largometraje «La última sesión de Freud».
El tema más acuciante de esta charla ficticia es, por supuesto, la existencia de Dios.
En la película, Lewis ha vuelto recientemente al cristianismo bajo la influencia de su amigo J.R.R. Tolkien, mientras que Freud se ha convertido en uno de los ateos más acérrimos de la sociedad, afirmando que la religión es producto de la imaginación de las personas, una proyección de su deseo de protección y guía, y un reflejo de su relación con sus padres. La conversación tiene un trasfondo dramático: Londres se prepara para los ataques aéreos, los trenes llenos de niños están siendo evacuados. Mientras tanto, Freud padece un cáncer terminal y ya ha dado instrucciones a su médico para que le practique la eutanasia.

En manos de un talento menor, este proyecto podría haber sido fácilmente un desastre. Pero, afortunadamente para nosotros, el gran Anthony Hopkins no intenta darnos una impresión de Freud: su Freud es un hombre, no una máscara. La elegante y aguda interpretación de Matthew Goode de Lewis es igual de eficaz a la hora de sacar a relucir la humanidad de su personaje (irónicamente, Hopkins interpretó a Lewis hace 30 años en la clásica película «Shadowlands»). La premisa de la película es atractiva pero también peligrosa, e invita al menos a tres riesgos significativos.
El primero habría sido reducir un debate intelectual excepcionalmente complejo a una especie de enfrentamiento retórico; el segundo, tomar partido entre los dos hombres, convirtiendo la película en una apología de uno u otro bando. La tercera habría sido hacer una película imposiblemente aburrida: los debates filosóficos dan para grandes clases universitarias, pero para una película se necesita acción, trama y personajes. De alguna manera, «Última sesión» consigue evitar las tres cosas. Es una película que no te dice qué pensar sobre Dios, sino cómo pensar sobre él. En otras palabras, muestra qué elementos deben ponerse en la ecuación necesaria para resolver el «problema de Dios».


La discusión de los personajes sobre Dios (y sobre muchos otros temas) no es un mero intercambio de opiniones eruditas, sino que incluye flashbacks y referencias a sus propias vidas. Freud, por ejemplo, aborda el problema del sufrimiento (un tema al que Lewis dedicó libros enteros) recordando la muerte prematura de su hija y su nieto. El tema de la paternidad y la relación padre-hijo se discute con referencia a los padres de los dos personajes, y a la propia relación de Freud con su hija, Anna.
El resultado demuestra una verdad importante: que la cuestión de Dios está inextricablemente ligada a cómo interpretamos los hechos, los acontecimientos de nuestras vidas. Como sugiere Lewis al final de la película, Dios está en todas partes, el mundo está abarrotado de él, y sin embargo está de incógnito. Podemos reconocer su presencia o ser completamente ciegos a ella, dependiendo de nuestra disposición. En esta «Última sesión», ambos personajes desempeñan el papel del analista, y ambos se reclinan en el famoso diván de Freud como pacientes. Ambos se enfrentan a las discrepancias entre lo que predican y cómo viven, y la película no rehúye los aspectos más controvertidos de sus vidas.

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NOTA: Las fotografias publicadas en este artículo son propiedad de la productora de la película.

MEMORY (Dir. Michel Franco)

Película dramática que sigue la vida de Sylvia (Jessica Chastain), una trabajadora social que lleva una vida sencilla y estructurada. Ella se dedica a su hija, a su empleo, a sus reuniones de Alcohólicos Anónimos. Su vida dará un vuelco cuando, tras una reunión de antiguos alumnos del instituto, Saul (Peter Sarsgaard) la siga a casa. Este inesperado reencuentro tendrá profundos efectos en la vida de ambos y abrirá la puerta a su pasado.
En Memory, los dos protagonistas están profundamente rotos. Sylvia, una trabajadora social y madre soltera, ha superado su adicción y es una superviviente de los abusos sexuales que sufrió de niña. Por otro lado, Saul, es un hombre que sufre de demencia y vive en un constante olvido.

El primer encuentro entre ambos ocurre en una fiesta, y aunque podría haber sido una simple anécdota, algo inusual sucede: Saul sigue a Sylvia hasta su casa, creando así un inesperado vínculo que transforma totalmente sus vidas.
Michel Franco, director de Memory, construye este drama en torno a los protagonistas, interpretados por Jessica Chastain y Peter Sarsgaard. Ambos actores se sumergen en sus papeles, cuidando cada detalle, expresión y movimiento. No hay nada al azar.

Chastain y Sarsgaard, este último galardonado con la Copa Volpi a la Mejor Interpretación en el Festival de Venecia, representan polos opuestos. Mientras Sylvia lucha por olvidar un trauma que marcó su vida, Saul lo hace por recordar lo más reciente. Juntos se complementan en su dualidad.
Memory es una película que, a pesar de su tono melancólico, también ofrece un atisbo de esperanza. Pero lo que realmente la hace memorable son las actuaciones de Chastain y Sarsgaard. Ambos están deslumbrantes.

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UN AÑO DIFÍCIL (Dir. Olivier Nakache)

Albert y Bruno son compradores compulsivos, profundamente endeudados y en números rojos. Conocen a un grupo de jóvenes activistas medioambientales y, más atraídos por la cerveza y las patatas fritas gratis que por sus ideales, se integran gradualmente en el movimiento sin convicción, buscando aprovecharse de la situación.
Los directores galos, Eric Toledano y Olivier Nakache, artífices de ese taquillazo europeo que fue Intocable, que narraba la divertida relación que se establece entre un parapléjico y su extrovertido cuidador, vuelven a la carga con el cine que les interesa, el social, en este caso dentro del género de la comedia. Para ello han contado con un plantel de actores de campanillas como son Pio Marmaï, Jonathan Cohen, Noémie Merlant y Mathieu Amalric

Comedia más de sonrisa que de carcajada, la película aún siendo francesa sigue la senda de la comedia costumbrista italiana de los años 70, de Luigi Comencini o de Ettore Scola, que utilizaba el humor para reírse de las penurias cotidianas.
El film mezcla dos tramas que se articulan juntas. Por un lado la de los dos buscavidas que intentan sobrevivir a su situación lidiando con todo tipo de argucias, unos caraduras por los que se llega a sentir empatía a pesar de lo sinvergüenzas que son. Por el contrario, la de sus amigos activistas, que realizan todo tipo movilizaciones duras, quedan en una zona gris porque, como ocurre en la realidad, con sus reivindicaciones llegan a molestar al resto de los ciudadanos, eso sí, de cara a los realizadores las secuencias de estas acciones son muy vistosas, llegando en algunas escenas a la caricatura.

Dentro de ese escenario de crítica al capitalismo resulta interesante esa práctica que el Banco de Francia emplea para cancelar o no la deuda de morosos que no pueden afrontar los créditos en los que se han visto inmersos, bien por desconocimiento o malas prácticas. Ahí el personaje que interpreta Mathieu Almaric queda desdibujado a pesar del recorrido que quieren darle por su afición al juego.

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NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de la productora de la película.

JUGANDO CON FUEGO (Dir. Yvan Attal)

Mathieu le debe todo a su amigo Vincent: su casa, su trabajo, y hasta el haberle salvado la vida hace diez años. Juntos, con sus parejas, forman un equipo inseparable y viven una vida sin preocupaciones en la costa azul. Pero, la lealtad de Mathieu se pone a prueba cuando descubre que Vincent le es infiel a su mujer. Cuando la amante de Vincent aparece asesinada, la sospecha se instala en el corazón de las dos parejas, acompañada de un cortejo de cobardías, mentiras y culpabilidad.

Al habitualmente actor Yvan Attal, se le dio mucho mejor su anterior incursión en la fusión de drama en intriga en El acusado, estrenada en 2021, y mucho más sólida e interesante que Jugando con fuego, quizá porque se decantaba hacia el abordaje de cuestiones sociales en lugar de apegarse a un ejercicio de género más clásico como el de la película que aquí nos ocupa, intentando buscar una originalidad que no encuentra a lo largo de todo su metraje.

Dicho sea de paso, Attal parece estar más cómodo como director en el terreno de la fusión de comedia y drama, como demuestran Mi mujer es una actriz (2001), Una razón brillante (2017) o Mi perro tonto (2019), más centradas. Pero tropieza en este enredo dubitativo, que inicia en clave de flashback e intriga y se desarrolla luego con dudas y lentamente en su primera parte, derivando por un drama sin agarre basado en el asalto con el que comienza el viaje de los personajes, menos intenso y presentado visualmente de forma torpe y plana que contradice otros trabajos de su director más vigorosos.

Jugando con fuego recuerda productos muchos mejores creados en el cine español de la misma índole, como por ejemplo La cara oculta (Andrés Baiz, 2011), El cuerpo (Oriol Paulo, 2012), Secuestro (Mar Targarona, 2016), Contratiempo (Oriol Paulo, 2016).

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NOTA: La fotografía publicada en este artículo es propiedad de la productora de la película.

CALLADITA (Dir. Miguel Faus)

Ana, recién llegada de Colombia, es empleada doméstica en una lujosa mansión donde veranea una adinerada familia de marchantes de arte. La joven trabaja de sol a sol, sin contrato, bajo la promesa de conseguir condiciones dignas al final del verano, siempre y cuando sea discreta y calladita. Pero a través de Gisela, la empleada de la casa vecina, Ana descubrirá que las cosas no funcionan exactamente como le han contado, y aprenderá a divertirse un poco más durante su verano en la Costa Brava.

Con cierta similitud a Parásitos, aunque desarrollada la historia en la Costa Brava podría definirse Calladita, el debut en la dirección de Miguel Faus, una película que llega abanderada por el sello de Steven Soderbergh, que lo eligió en un concurso de proyectos para apoyarlo económicamente, y que se financió gracias a los NFT, una forma de producción en la que Faus sigue creyendo como alternativa a los métodos tradicionales para levantar un proyecto.

Calladita se ajusta a un tono más realista que el filme de Bong Joon-Ho, pero muestra la revolución silenciosa de una interna contra los pijos burgueses y modernos que la contratan para hacerles todo en su casa de verano.
Ella (una magnética Paula Grimaldo) cocina, lava, plancha, y encima aguanta las impertinencias del hijo de la pareja, un excelente Pol Hermoso como niño mimado enganchado a las criptomonedas. Todo bajo la promesa de unos papeles de nacionalidad que son un canto de sirena. Un filme que nació como el proyecto de graduación de Faus en la London School y que primero fue un corto donde siempre estaba en mente su continuación en largometraje.

Quizá el principal problema del filme resida en lo estereotipado que terminan siendo estos personajes, lo que resta fuerza a la sátira sobre un mundo burgués de apariencias y egoísmos, demasiado caricaturesco. No es tanto un problema de actuación, pues Luis Bermejo, Ariadna Gil, Violeta Rodríguez y Pol Hermoso no resultan estridentes, sino del contexto y el contenido.

Frente a ellos, frente al espejo social deformado que representan, Ana, la chica colombiana, alcanza una cierta madurez –emocional, cultural y de clase– y su previsible proceso de transformación ante las miserias morales de quienes la emplean y le pagan (mal) se erige en el eje vector del relato.

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NOTA: La fotografía publicada en este artículo es propiedad de la productora del filme.

CAÍDA LIBRE (Dir. Laura Jou)

Marisol es la mejor entrenadora de gimnasia rítmica de España a sus casi 60 años. Es métodica, estricta, controladora y autoritaria, y no tiene autocrítica. Se acerca el Campeonato del Mundo, y ella deposita todas sus esperanzas en la medalla de oro en Angélica, la recién llegada más prometedora del equipo. Pero dos semanas antes, descubre que su marido tiene una aventura con una mujer mucho más joven con la que espera un hijo, lo que hace que todo lo que había construido, se rompa.

Marisol no contempla el fracaso, por lo que emprende una carrera frenética por recuperar a Octavio sin tener en cuenta sus sentimientos. Su dolor se traslada a su relación con las gimnastas, con las que se vuelve cada vez más intransigente e implacable, sobre todo con Angélica, llegando a rozar el abuso de poder.
Belén Rueda es quien da vida a la dura Marisol, mientras que el encargado de interpretar al infiel Octavio es Ilay Kurelovic.

Completan el reparto de Caída libre las actrices Irene Escolar, a la que se puede ver en Las largas sombras, y Manuela Vellés (Memento Mori). Además, también aparecen en la película Brays Efe, conocido por encarnar a Paquita Salas, y la entrenadora ucraniana de gimnasia rítmica Maria Netavrovana.
La película no logra alcanzar un nivel de interés elevado, a menos que opinen los admiradores de Belén Rueda.

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RIVALES (Dir. Luca Guadagnino)

Ambientada en el competitivo mundo del tenis profesional, en el que una exjugadora convertida en entrenadora, Tashi, ha conseguido transformar a su marido Art en campeón de varios torneos del Grand Slam. Tras una racha de derrotas, Tashi le inscribe en un torneo ‘Challenger’ -el torneo profesional de menor nivel-, en el que se reencuentra con Patrick, su antiguo mejor amigo y exnovio de Tashi.
Todo arranca desde el presente, en un punto en el que Tashi se ha convertido en la esposa de Art y en su entrenadora. Al verle desmotivado, decide apuntarle a un pequeño torneo regional «challenger» para devolverle la confianza después de una racha de derrotas. Y resulta que Patrick, como es de esperar, también compite ahí.

Poco a poco la dinámica entre los protagonistas y este círculo de deseo y obsesión nos envuelve. Y nos dejamos llevar por la química que emerge entre los actores protagonistas, que nos tienen preparados reveses constantes e imprevisibles. Esto, junto a la apasionada manera que tienen los actores de dar vida a los personajes, acaba dando pie a que veamos en pantalla algunas escenas realmente excitantes.
Todos los ingredientes conforman una película que logra el objetivo de obsesionar y embelesar a los espectadores, y que además era casi esperable de uno de los cineastas que mejor retrata el deseo. Porque la sensualidad no sólo está en el sexo en sí, sino que también se puede encontrar en conversaciones, miradas o, por qué no, en la forma de empuñar una raqueta de tenis.

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NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de la productora del filme.