EL ARQUITECTO (Dir. Stéphane Demoustier)

Año 1983. El nuevo gobierno francés de François Mitterrand convoca el mayor concurso de arquitectura de la historia. Codiciado por todos los grandes estudios internacionales, el ganador es, sorprendentemente, un absoluto desconocido: Johan Otto von Spreckelsen, un profesor de arquitectura de Copenhague.

Hasta entonces, este danés de cincuenta años solo había construido cuatro edificios: su casa y tres pequeñas capillas. De la noche a la mañana, ‘Spreck’ se convierte en el centro de todas las miradas. Y lo más importante, va a liderar un proyecto colosal con enormes expectativas políticas y económicas: la construcción del Arco de la Defensa de París.

Todo está estructurando con el juego de contrastes entre la integridad artística de Spreck, que quiere mármol que se vuelva rosado al atardecer, y que el cubo nunca deje de ser un cubo, y cuestiones más pedestres como los costes y el cambio de gobierno, que obliga a una situación de cohabitación con partidos distintos en el poder.

Durante este proceso la vida del arquitecto se complica hasta causarle problemas en su matrimonio.

Demoustier aborda esta cuestión (y otras) sin estridencias, suavemente, con un enfoque que recurre a un humor puntual de situaciones algo surrealistas, que hace pensar en el cine minimalista de Aki Kaurismäki.

La puesta en escena es vistosa, ya sea en los pasajes de la obra en construcción o en la visita a la cantera italiana de donde salió el mármol usado por Miguel Ángel para su célebre Piedad.

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NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

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