

La donación millonaria de una nonagenaria a un joven artista desata un escándalo que lleva a su hija a destapar una presunta corrupción política en la que está implicado un expresidente. Película inspirada en la figura de Liliane Bettencourt, la que fue la mujer más rica del mundo como heredera de L’Oréal y protagonista de uno de los escándalos más célebres de Francia.
Película inspirada en hechos reales ligados a la familia Bettencourt y el grupo L’Oréal, aunque se han cambiado los nombres para poder tomarse las consiguientes libertades narrativas.
Thierry Klifa, director y coguionista, tiene la gran fortuna de contar con el protagonismo de la gran Isabelle Huppert, que borda su personaje de mujer empoderada, al que se le dan muchos matices, pues muestra quizá aburrimiento por disponer del dinero que quiera a su antojo, que en la relación con su familia nota ciertas rigideces, y que en Fantin ve una suerte de liberación, al mismo tiempo que se sugiere que puede padecer algún deterioro cognitivo, ya no está en su mejor forma.
Se trata de un film sin estridencias, que tiene claro lo que pretende contar, y que ha sabido escoger muy bien a los actores.
Es cierto que a veces puede ser algo reiterativo, pero Laurent Lafitte da el tipo perfecto de caradura con encanto y desparpajo, la extraordinaria Marina Foïs compone bien a la hija que no puede tragar con lo que le parece injusto, y Raphael Personnnaz es el empleado leal, capaz de jugarse el futuro por evitar que se aprovechen de la mujer a la que sirve.
Con menos presencia, pero el mismo interés, lo hacen bien André Marcon, el marido, y Mathieu Demy, el esposo judío de Frédérique, también en relación a un secreto que sale a la luz, y sus reacciones sobre cómo encararlo.
Es una película muy entretenida con el interés añadido de la siempre fascinante presencia de Isabelle Huppert.
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