Sangre en los labios, ha perdido el romanticismo y el simbolismo de su nombre original Love Lies Bleeding. El bautismo acientífico del Amaranthus caudatus, Love Lies Bleeding -que se puede interpretar como que «el amor yace ensangrentado» o como «amor mentiras desangramiento»-, lo impusieron los británicos victorianos en otra muestra de la teatralidad propia de la época y evoca el amor desesperado y abocado a la fatalidad, el amor fou de los franceses, el estereotipo de pasión trágica mediterránea y olé. La planta en sí posee unos pétalos pequeños y rojizos que caen como borbotones de sangre producto de un disparo en el corazón, un apuñalamiento o un desengaño amoroso.
La directora hace equilibrios sobre el ridículo, pero de nuevo sale airosa con una película sugerente, con unas protagonistas (Katy O’Brian y Kristen Stewart) salvajes y con una propuesta estética barroca y abigarrada que demanda a gritos nuestra atención. Sangre en los labios es como una feria de pueblo en la que se juega con escopetas, se bebe mucho, se folla otro tanto y caben muchas posibilidades de acabar con un ojo morado.
La fotografía de Ben Fordesman -con quien repite la directora- ayuda a construir un universo entre la realidad y la fantasía, casi de cómic. Los cielos de la película, a veces irreales, ayudan a despegar las localizaciones naturales del realismo. Dos mujeres contra el mundo, un mundo lleno de monstruos que las obliga a convertirse en unos monstruos peores para sobrevivir.
Esta película nos cuenta la historia de Colt Seavers (Gosling), un doble de acción que hace un tiempo que no ejerce tras sufrir un accidente. Además de perder su trabajo, también perdió a su pareja Jody Moreno (Blunt). Pero, de la nada, la productora Gail Meyer (Hannah Waddingham) le llama para que vuelva a trabajar en la película que está dirigiendo Jody. Esperando poder empezar de nuevo, Colt acepta el trabajo, pero una vez allí descubre que Jody no quiere saber nada de él y que Gail le ha llamado en realidad para que localice a la estrella Tom Ryder (Aaron Taylor-Johnson), que ha desaparecido en extrañas circunstancias.
El argumento de El especialista tan solo coincide con la serie homónima de los 80 que adapta, en la que Lee Majors interpretaba el papel de Ryan Gosling y Heather Thomas el de Emily Blunt, en convertir al doble de acción protagonista en un hombre de acción también cuando no está rodando. El director lleva a cabo esta celebración de los especialistas glamourizando su trabajo, convirtiéndolos en héroes de acción en la trama que transcurre en “la vida real”, como en Deathcheaters (Los temerarios) (Deathcheaters, Brian Trenchard-Smith, 1976), en una trama de thriller a lo Shane Black, que es la parte en la que se concentra la acción.
La película también homenajea el trabajo de los especialistas en las escenas que transcurren durante el rodaje de Metalstorm, la película dentro de la película que está dirigiendo el personaje de Emily Blunt, un guiño al clásico de culto Metalstorm (Metalstorm: The Destruction of Jared-Syn, Charles Band, 1983). En estas escenas se concentra la parte romántica, ya que mientras se involucra en una, cada vez más complicada trama, el principal interés de Colt es recuperar el amor de Jody. David Leitch tiene un currículo cargado de acción, así que no es una sorpresa que la acción sea efectiva y esté dirigida para que parezca lo más espectacular posible. Pero, además de la acción, Leitch también maneja muy bien la comedia y el romance. De modo que la mezcla de estos tres elementos, la acción, la comedia y el romance, hacen de El especialista un film entretenido y divertido. Una película llena de homenajes y guiños, como sucede en las películas ambientadas dentro del rodaje de una película, que reivindica el trabajo de los héroes anónimos del cine.
Todos tenemos una quimera, algo que deseamos hacer, tener, pero que nunca encontramos. Para la banda de ‘tombaroli’, los ladrones de antiguas tumbas y de yacimientos arqueológicos, la quimera es soñar con dejar de trabajar y hacerse ricos sin esfuerzo.
De nuevo filmada en un cautivador celuloide, la directora de El país de las maravillas (2014) y Lázaro feliz (2018) vuelve a demostrar su pulso poético con una historia de realismo mágico que recupera las tradiciones y supersticiones de una Italia mítica. En La quimera, además, se apoya en la presencia matriarcal de una Isabella Rossellini seductora e incontestable.
Para Arthur, la quimera se parece a Benjamina, la mujer a la que perdió. Con tal de encontrarla, Arthur se enfrentará a lo invisible, indagará por todas partes, penetrará en la tierra, decidido a encontrar la puerta que lleva al Más Allá de que hablan los mitos. En su osado recorrido entre vivos y muertos, bosques y ciudades, fiestas y soledades, los destinos de los personajes se cruzan, todos en busca de su quimera. Arthur, interpretado por Josh O’Connor, no está interesado en el dinero que puede obtener vendiendo en el mercado negro esos tesoros, sino que va en busca de su propia quimera, un amor perdido que anhela encontrar gracias a su don.
Josh O’ Connor es Arthur, un arqueólogo inglés sin hogar ni lugar que saquea tumbas ayudando a una banda de pícaros. Tiene un don y lo aprovecha como zahorí para encontrar tesoros etruscos. Pero O’ Connor también ejerce del colgado, la figura del tarot a la que alude el cartel de la película y una figura sacrificial capaz de estar entre dos mundos, el de los vivos y el de los muertos.
De ahí que el protagonista de La quimera se haya impuesto la misión de encontrar a quien fue su amada, que bien podría ser una Beatrice dantesca si no fuera porque responde al nombre de Beniamina y su madre, espléndida Isabella Rossellini, es una matriarca que no se opone a la unión de los amantes. Más bien lo contrario: siente más afinidad con Arthur que con sus propias hijas.
Presentada en pocas palabras, Civil War cuenta la secesión de varios estados contra un presidente tiránico al que su propio pueblo (o una parte de él, para ser más exactos) trata de deponer a través de la lucha armada. Cuatro periodistas se suben a un coche y emprenden un viaje de pesadilla hasta Washington para asistir a su caída. Todo lo que tiene que ver con estos cuatro informadores, sus ambiciones, su reacción a la violencia que los rodea, las cuestiones éticas que afectan a su oficio, todo eso está representado de forma magistral.
Para no hacer una película de acción bélica al uso, Garland se apoya en el lenguaje documental aprovechando que los protagonistas son periodistas de guerra. Kirsten Dunst es una curtida fotorreportera que junto con su compañero interpretado por Wagner Moura (Narcos) deciden perseguir la única historia buena que queda de la guerra: entrevistar al presidente asediado en Washington por una de los bandos enfrentados fuerzas rebeldes, las Western Forces.
Pese a su huida del cine bélico Garland ofrece algunas escenas que homenajean a Apocalypse Now y en la batalla de Washington no ha escatimado en recursos para dejar escenas espectaculares en el asedio al Capitolio y a la Casa Blanca. Para su realización se llegaron a levantar dos edificios de 120 metros y contaron con veteranos de guerra para dar verosimilitud a su manera de moverse en combate.
Civil War es el cuarto largometraje de Alex Garland tras ‘Ex Machina’, ‘Aniquilación’ y ‘Men’. Además, es el responsable de la serie de televisión ‘Devs’, así como de los guiones de ’28 días después’ y ‘Sunshine’, ambas de Danny Boyle. También es el autor del relato en el que se basa ‘La playa’, otro filme del cineasta británico.
En esta ocasión se ha asociado con Kirsten Dunst, actriz popularizada por sus apariciones en ‘Spider-Man’ y en el cine de Sofia Coppola (‘Las vírgenes suicidas’, ‘María Antonieta’, ‘La seducción’) y a quien también hemos visto en ‘¡Olvídate de mí!’, la segunda temporada de la adaptación televisiva de ‘Fargo’ y ‘El poder del perro’. Estará acompañada por Jefferson White (‘Yellowstone’, ‘Eileen’), Wagner Moura (‘Narcos’, ‘Tropa de élite’), Karl Glusman (‘The Neon Demon’, ‘Love’) y Cailee Spaeny (‘Priscilla’, ‘Mare of Easttown’). Completan el reparto Stephen Henderson (‘Dune’, ‘Beau tiene miedo’), Sonoya Mizuno (‘Ex Machina’, ‘Devs’), Christopher Cocke (‘Ozark’, ‘Spider-Man: No Way Home’) y Jonica T. Gibbs (‘Vidas pasadas’, ‘Fresh’).
Marcelo (Marcelo Subiotto) ha dedicado su vida a la enseñanza de filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Cuando su mentor muere inesperadamente, asume que heredará la titularidad de la cátedra vacante. No imagina que el carismático Rafael Sujarchuk (Leonardo Sbaraglia) volverá de Alemania para disputarle el puesto.
Vivimos tiempos muy difíciles para la ética, para los valores humanos. El valor de la filosofía y de la educación pública está en el centro de Puan, una comedia inteligente y brillante escrita y dirigida por Benjamin Naishtat y María Alché que logran hacer una radiografía a un país que ya olía la amenaza de la llegada de la extrema derecha.
El filme, que ganó el premio al mejor guion y al mejor actor (para Marcelo Subiotto) en el pasado Festival de San Sebastián, consigue la carcajada con la historia de este profesor dedicado a la enseñanza en la universidad pública que prevé heredar la cátedra tras la muerte de un compañero sin contar con la llegada de un profesor con aires de celebrity y el rostro de Leonardo Sbaraglia.
El reparto de esta interesante película está repleto de excelentes actrices y actores como Julieta Zylberberg, Alejandra Flechner, Cristina Banegas, Andrea Frigerio, Mara Bestelli, Camila Peralta, Gaspar Offenhenden, Lali Espósito, Luis Ziembrowski y Héctor Bidonde, entre otros. Cada uno de ellos aporta una profundidad adicional a la trama y contribuye a la riqueza de los personajes y sus interacciones en este universo académico, social, familiar y político.
La película es una reflexión agridulce sobre la pérdida de ideales, los vaivenes del comportamiento humano y la importancia de la educación en la sociedad argentina, especialmente en tiempos de avance de una ultraderecha política que amenaza con desfinanciar aún más y privatizar la educación.
Como decía la canción: «malos tiempos para la lírica».
«EL DESTINO DE MAYA», PREMIO A LA MEJOR PELÍCULA DEL BCN FILM FEST 2024
«ALUMBRAMIENTO», DE PAU TEIXIDOR, PREMIO A MEJOR DIRECCIÓN Y MEJOR ACTRIZ
La 9a edición del festival tendrá lugar del 23 al 30 de abril de 2025 «El destino de Maya», de Tiina Lymi, ha sido galardonada con el Premio a la Mejor Película de la octava edición del Festival Internacional de Cine de Barcelona-San Jorge (BCN FILM FEST). El filme es un drama histórico sobre la lucha de una mujer por sacar adelante a su familia en una remota isla finlandesa del siglo XIX. El palmarés completo del BCN FILM FEST 2024 es el siguiente:
PREMIO A LA MEJOR PELÍCULA: «El destino de Maya» de Tiina Lymi PREMIO A LA MEJOR DIRECCIÓN: Pau Teixidor por “Alumbramiento” PREMIO AL MEJOR GUION: Luàna Bajrami por “Phantom Youth” PREMIO AL MEJOR ACTOR: Michael Caine por «La gran escapada” PREMIO A LA MEJOR ACTRIZ: El reparto de actrices jóvenes de “Alumbramiento” Sofía Milán (protagonista), Celia Lopera, Carmen Escudero, Paula Agulló, Victoria Oliver y Alba Munuera PREMIO FESTIVAL CASTELL DE PERALADA A LA MEJOR MÚSICA: Raymond Enoksen por «Hammarskjöld. Lucha por la paz” PREMIO DE LA CRÍTICA (ACCEC): «Daaaaaalí!» de Quentin Dupieux PREMIO NOUS TALENTS AL MEJOR CORTOMETRAJE: «Blava terra» de Marine Auclair March ESCAC
El festival ha tenido más de 20.000 espectadores, lo que supone un 10% de incremento respecto al año anterior. “Esta edición del festival, con visitas relevantes, intensos coloquios y presentaciones y momentos muy emocionantes, ha cubierto todas las expectativas y el público ha respondido como nunca. La acogida que ha tenido nuestras propuestas ha sido espectacular. Seguiremos trabajando y avanzando en nuestro objetivo de un festival fuerte y abierto, que sea útil y práctico en el sector y que dé proyección a la ciudad de Barcelona”, ha valorado Conxita Casanovas, directora del BCN FILM FEST.
Eduard Fernández, Clara Segura y Carles Sans han formado el Jurado Oficial de esta edición. El Jurado de la Crítica lo han conformado Marla Jacarilla, Esteve Plantada y Xavier Daniel.
El BCN FILM FEST 2024 ha contado con: 69 películas de las cuales: 15 premières mundiales, 1 europea, 20 españolas y 11 catalanas. 49 presentaciones y coloquios con la presencia del talento, entre otros, de Meg Ryan, Richard Linklater, Paola Cortellesi, Vincent Perez, Belén Rueda, J.A. Bayona, Mikael Persbrandt, Arturo Valls, Éric Toledano, Olivier Nakache, Malena Alterio, Kike Maillo, Dani de la Orden, Clara Segura, Emma Vilarasau, David Verdaguer o Clara Lago. Charla del director Richard Linklater con el público. 14 actividades paralelas en las diferentes sedes del festival entre las que: 7ª edición de la Jornada de Guionistas e Industria con dos mesas redondas: “IA y proceso creativo” y la presentación de LAAB 2024 con la mesa “Del libro a la pantalla”. Sitges Fantástico Podcast- 70 años de influencia de la novela “Soy Leyenda” de Richard Matheson. Encuentro de autores de Grup 62 con la participación de Ramón Gener, Jordi Puntí y Jaume Clotet. 9 actividades en La Perla 22. 7 sedes del Festival: Cines Verdi, CaixaForum, Casa Seat, Instituto Français, Ateneu Barcelonès, La Perla 22 y COAC. 1ª edición del Screen International Award for Catalan Producer of the Year.
La próxima edición del BCN FILM FEST se celebrará del 23 al 30 de abril de 2025.
Años 20. En la ciudad costera de Littlehampton, la devota Edith Swan y otros habitantes de la localidad empiezan a recibir cartas indiscretas escritas con un lenguaje tan excéntrico como obsceno. Rápidamente las sospechas recaen sobre Rose Gooding, una vecina impetuosa que ve cómo su libertad y la custodia de su hija peligran debido a estas acusaciones. Mientras las cartas siguen asolando la población, la agente de policía Gladys Moss pone su ingenio a trabajar para resolver el misterio y atrapar al verdadero culpable de todo este embrollo.
Película basada en hechos reales, que transcurre en 1920 en la pequeña población costera de Littlehampton, en Sussex. La solterona Edith es la hija pequeña de los Swan, y la única que queda en casa. Su estricto puritanismo contrasta que contienen son inenarrables. con el descaro de su vecina viuda irlandesa Rose Gooding, madre de una niña que vive con su novio Bill. A pesar de ser tan diferentes, ambas mujeres inician algo parecido a la amistad, hasta que discuten y Edith empieza a recibir cartas anónimas repletas de obscenidades, los insultos.
Rose se convierte en la principal sospechosa de la autoría de las cartas, aunque el anonimato no cuadra con los modos directos de la viuda. Al menos eso piensa Gladys Moss, agente de policía, hija de policía y la primera mujer de la ciudad en tener un puesto así. Rose va a parar a la cárcel a la espera de un juicio, pero una vez se paga la fianza, vuelven a circular cartas anónimas del mismo tono, pero ahora dirigidas a numerosas personas, por lo que el caso se convierte en noticia nacional.
La directora sabe combinar hábilmente los aspectos dramáticos de la historia, con elementos de comedia y la intriga –en los primeros compases– de quién manda las misivas. A ello se suman elementos como la diversidad racial y, sobre todo, el feminismo, pues las mujeres, víctimas o resueltas en sus acciones, establecen entre ellas una suerte de sororidad, se ayudan unas a otros, especialmente por los obstáculos que ponen los varones, con sus vacuos aires de superioridad y sus prejuicios. Esto a ratos carga un poco, especialmente en la reiterativa minusvaloración de Gladys por parte de su jefe y de otro agente, o por Edward, el padre de Edith, un tipo primario y nada sutil.
A destacar la presencia, siempre maravillosa, de la gran actriz británica Eileen Atkins.
Cuando Vincent, un hombre de negocios siempre estresado y atareado, sufre una avería en medio de una carretera de montaña, Pierre, un solitario hombre de campo, se detiene y le ofrece su ayuda. Este encuentro aparentemente insignificante supondrá un punto de inflexión en sus vidas.
En esta comedia cuyo título y arranque permite presagiar que va a transcurrir por senderos previsibles, y que versará sobre el típico ejecutivo tan urbanita como estresado que tras un encuentro con su polo apuesto descubrirá las ventajas de la vida rural, presentando una visión idealizada del campo.
Este tema aparece en la película, pero el argumento depara un pequeño giro que lleva el filme por otros derroteros, por lo que al final se invita al espectador a luchar por sus sueños, y a buscarse una ocupación laboral que le haga feliz.
Se desarrolla muy bien la amistad creciente entre los dos protagonistas, que en el punto de partida no podían ser más diferentes. Ayuda mucho la interpretación de los protagonistas, pues están a gran altura tanto Lambert Wilson , como el apresurado Vincent, y el menos conocido Grégory Gadebois, en la piel del testarudo montañés Pierre.
Es una película muy teatral en la que lo mejor son los diálogos entre ambos, pero están bien el resto de secundarios, como Marie Gillain, y también resultan memorables los paisajes en donde se ha rodado el film.
Besnard se guarda un as en la manga para decirnos que no todo es lo que parece, y el CEO, que Lambert Wilson interpreta desplegando sus irritantes encantos de seductor prejubilado, también tiene muchas cosas que enseñarle a su hosco compañero.
Este aprendizaje de doble dirección, atravesado por la refrescante aparición de Marie Gillain (la protagonista de “La carnaza”), incluye una casa incendiada, la aparición de un oso voraz y la incursión de un piloto de helicóptero, como para que el espectador tenga la impresión de que habrá nuevos obstáculos en un conflicto que parece resuelto a los quince minutos de metraje. Mientras la película avanza, inexorable, hacia su declive, una puede hacer una lista de las cosas sencillas que realmente importan, que tal vez no sean ni una tortilla ni talar un árbol.
Stella crece en Berlín durante el gobierno del régimen nazi. Sueña con una carrera como cantante de jazz, a pesar de todas las medidas represivas que la obligan a esconderse con sus padres en 1944, y que su vida se convierte en una tragedia.
Tras ser detenida, tuvo que elegir entre ser deportada a un campo de exterminio –no sólo ella, sino también sus padres– o acceder a delatar a otros judíos. Stella se hizo tristemente famosa por haber delatado a cientos de judíos escondidos.
El guion de la película está basado fundamentalmente en las actas de los juicios a los que Stella Goldschlag se enfrentó después de la guerra. La cuestión es si el rigor documental es suficiente para elaborar un biopic. En este sentido, el filme adolece por momentos de presentar simplemente una sucesión de hechos.
La gran baza de la película es la presencia de una de las mejores actrices del cine actual europeo: Paula Beer. Es sin duda la actriz alemana más destacada de su generación, que realmente consigue retratar a Stella como señala el cartel de la película: “Víctima de un sistema inhumano y culpable a la vez”.
Hanna y Liv son dos amigas estadounidenses que viajan como mochileras por Australia. Tras quedarse sin dinero, Liv, buscando vivir una aventura, convence a Hanna de aceptar un trabajo temporal tras la barra de un pub llamado The Royal Hotel, en una remota localidad minera del Outback. El dueño del bar, Billy, y un grupo de lugareños les ofrecen una desenfrenada introducción a la cultura del alcohol en Australia, pero pronto Hanna y Liv se ven atrapadas en una inquietante situación que rápidamente escapa a su control.
Hotel Royal, que tuvo su première en el Festival de Telluride, en el que recibió excelentes críticas (actualmente cuenta con un puntuaje de 80 en Metacritic), es la segunda película de Green, quien ya destacará con su cinta debut, The Assistant (2019), presentada en Sundace. Su nuevo trabajo significa la confirmación de una de las grandes nuevas voces del cine independiente anglosajón.
Hotel Royal, una de las películas más destacadas tanto de la 71ª edición del Festival de San Sebastián (obtuvo el prestigio Premio RTVE-Otra Mirada, que concede la Corporación de Radio y Televisión Española) como del último Festival de Toronto.
Hotel Royal está protagonizada por Julie Garner, que repite con Green tras The Assistant-, Jessica Henwick (Puñales por la espalda: El imsterio de Glass Onion), Hugo Weaving (V de Vendetta) y Toby Wallace (Babyteeth).
Su principal virtud radica en el manejo de la tensión narrativa: nunca sabes lo que va a pasar a continuación, obligándote a estar alerta y con los nervios de punta. Lo que comienza siendo una desconcertante hostilidad soterrada, bromas en apariencia inofensivas, insinuaciones y cortejos torpes termina siendo un campo de batalla por mantener la integridad física y la cordura.
Masculinidad tóxica, acoso sexual, intimidación… los 91 minutos de metraje de Hotel Royal son una colección de conductas machistas de primera categoría: es un bárbaro retrato de violencias que no son siempre físicas y que pueden desembocar en tragedia. De ahí que me resulta muy difícil creer en el happy end.
La película está asentada en buenas interpretaciones, especialmente las de las dos protagonistas, encarnadas por Julia Garner y Jessica Henwick.