La historia real de Jeffrey Manchester (Tatum), un criminal que asaltó más de 60 McDonald’s entrando por un agujero que hacía en el techo en medio de la noche. Tras ser arrestado, escapó de prisión y vivió escondido en una tienda de Toys R Us durante aproximadamente seis meses.
Derek Cianfrance es un director volcado en contarnos historias humanas. Para corroborar esta afirmación basta con citar títulos como ‘Blue Valentine’ (2010) o la maravillosa película Cruce de caminos (2012).
La estela de Cruce de caminos sigue caminando por ese mismo sendero con ‘Roofman: Un ladrón en el tejado’. Con esta película estamos, probablemente, ante su film más amable.
La película esun biopic amable sobre Jeffrey Manchester. Cianfrance se entrevistó y conversó varias veces con el personaje real para poder llegar a conectar verdaderamente con él. También mantuvo charlas con los policías que lo persiguieron. Tras todo esto, el director y guionista, retrató a Jeffrey como un hombre ciertamente inteligente, muy observador, y con un carácter suave y educado.
El reparto destaca por su actor protagonista: Channing Tatum encarnando a Jeffrey Manchester. A nivel físico, el actor tuvo que perder 10 kgs para dar más el tipo con el protagonista real. Y a nivel interpretativo estamos ante un buen trabajo del intérprete nacido en Alabama. Alejado de los papeles de acción, en los que no terminaba de cuajar, Channing Tatum parece haber encontrado un hueco a la hora de interpretar personajes amables y corrientes.
Al lado de Tatum está Kirsten Dunst como Leigh, una empleada del Toys R Us que terminará estableciendo una relación con Manchester. Su desempeño en el papel es francamente bueno con esa naturalidad tan suya y con momentos tanto románticos como más exaltados y/o nerviosos debido, sobre todo, a la relación con su hija mayor adolescente.
Ispahán, Irán. Año 1034. El médico Rob Cole y su familia se ven obligados a huir de la Madraza y poner rumbo a occidente junto a sus estudiantes de medicina. Al llegar a Londres, descubren que musulmanes y judíos tienen prohibida la entrada a la ciudad y que no pueden ejercer como médicos dentro de ella. Sin dejarse intimidar, Cole y sus pupilos establecen un hospital improvisado a las puertas de Londres. Cuando Cole es llamado por el Rey para que atienda a su hija enferma, sus excepcionales habilidades como curandero le aseguran un puesto en la corte. A medida que se vea envuelto en luchas de poder e intrigas política de la casa real, el médico deberá guiarse por su instinto para sobrevivir en una Inglaterra al borde del colapso.
Desde el arranque, la narración de El médico II se hace más ambiciosa que su antecesora. Rob Cole huye de Ispahán acompañado de su familia y discípulos para recalar en un Londres hostil con los extranjeros, especialmente si son musulmanes o judíos. Allí, como la práctica de la medicina les está vedada, deciden levantar un hospital improvisado a las puertas de la ciudad. El gesto funciona casi como declaración moral: curar como vocación, aun en contra de un ambiente adverso.
La película continúa teniendo como tema principal el contraste entre una medicina que comienza a abrirse al conocimiento y otra que permanece aferrada a creencias tradicionales. La resistencia de los gremios médicos, protectores celosos de sus privilegios, va escalando hasta desembocar en la propia corte. Veremos convivir la medicina traída de Oriente con las técnicas tradicionales, resumiendo en unos pocos días lo que en realidad fue una lenta revolución.
La acción de El médico II se centra en una Inglaterra en crisis cultural, religiosa y política. En este marco, la película combina la épica clásica con la búsqueda del saber, alternando lo íntimo y lo histórico en un difícil equilibrio, al tiempo que entrelaza conflictos dinásticos construyendo un traje difícil de hilvanar.
El médico II sigue los convencionalismos del drama histórico y entra de lleno en la ficción medieval, pero lo hace con un gusto visual innegable. Gustará, sin duda, a los amantes del cine histórico.
La familia de Jake y Neytiri lidia con el dolor tras la muerte de Neteyam y se topa con una nueva y agresiva tribu Na’vi, el Pueblo de Ceniza, liderada por los feroces Varang, mientras el conflicto en Pandora se intensifica y surge un nuevo enfoque moral.
En la tercera entrega de la saga Avatar, se introduce al Pueblo de las Cenizas, un nuevo clan Na’vi con una visión más agresiva que el resto de pueblos del mundo. A diferencia de los clanes vistos anteriormente, estos Na’vi no dudan en recurrir a la violencia para conseguir sus fines, incluso si eso significa enfrentarse a otros clanes.
Con esta nueva amenaza, Pandora se convierte en un territorio aún más inestable, donde los conflictos internos ponen en peligro el equilibrio del planeta y obligan a replantear la lucha por su supervivencia.
Pero nuevamente: puede que “Avatar: fuego y cenizas” sea muy ligeramente inferior a su predecesora, pero eso no quiere decir que sea una experiencia frustrante o tediosa. La película dura más de tres horas y, sin embargo, se mueve con energía y propósito, haciendo que el espectador nunca se sienta cansado de estar tanto tiempo sentado frente a la pantalla grande.
James Cameron sigue expandiendo el mundo que ha creado en Pandora, mostrándonos no solo a un nuevo pueblo N’avi, sino también lo que pasa cuando ciertos personajes buscan la ayuda de Eywa. Interesante la manera en que se desarrolla la narrativa de “Avatar: fuego y cenizas”, ya que intenta hacer bastantes cosas, pero a la vez, es engañadoramente simplista.
Esto no debería sorprender. Los filmes de “Avatar” nunca han narrado historias particularmente complejas, más bien valiéndose de arquetipos y referencias mitológicas para transmitir temas relacionados con la conservación ambiental, la familia y los peligros de la tecnología sin supervisión.
Cuatro primos lejanos, miembros de una amplia estirpe que va a heredar una casa abandonada durante décadas, hacen inventario de la propiedad cuando descubren la figura de una misteriosa antepasada en el París de la belle époque. Entre ambos mundos se mueve este encantador periplo de reconstrucción genealógica a través de las imágenes, en el momento en que nacían la fotografía, el impresionismo y el cine.
Con su habitual talento para captar el alma de sus personajes, Cédric Klapisch entreteje los hilos de la historia familiar y la del arte en una ambiciosa trama en torno a la la memoria y la representación de la realidad: formas equiparables de dejar impronta. Nutrida de ingenio y optimismo, esta película coral con excelente reparto (Suzanne Lindon, Vincent Macaigne, Julia Piaton…) es una oda a la mejor juventud y una invitación a mirar el pasado con sus tonos originales para iluminar el porvenir.
La película se divide en sus dos líneas argumentales. En la primera, como acabamos de explicar, situada en el presente, una extensa familia —más de treinta miembros— hereda una casa antigua en Normandía, abandonada durante décadas. El alcalde del pueblo planea demolerla para construir un hipermercado, por lo que cuatro de los herederos son designados para inventariar todo lo que pueda conservarse antes de que la propiedad desaparezca. Es en esa casa, entre muebles cubiertos de polvo, cartas olvidadas y objetos que el tiempo ha vuelto misteriosos, donde los protagonistas empiezan a reconstruir la historia de Adèle Meunier, la joven antepasada que une a toda la familia.
En la segunda línea argumental, ambientada en el París del siglo XIX, sigue precisamente a esa Adèle, interpretada con exquisito gusto por Suzanne Lindon. A sus 21 años, la joven deja la campiña normanda para viajar a la capital en busca de su madre, quien la abandonó siendo niña. La ciudad que encuentra es un París vibrante, en plena transformación industrial, donde el Impresionismo marca una revolución estética y la fotografía comienza a consolidarse como un arte en sí mismo.
Klapisch retrata este período con un cuidado visual notable: calles cubiertas de neblina, talleres de artistas, cafés donde se mezclan intelectuales y obreros, y una atmósfera de descubrimiento que acompaña el despertar emocional y vital de Adèle. La combinación de las dos épocas subraya los dilemas existenciales y demuestra que trascienden con el paso del tiempo.
Una pareja joven y enamorada, cargada de ilusiones (Grace y Jackson), se muda de Nueva York a una casa heredada en el campo. Grace intenta encontrar su identidad con un nuevo bebé en ese entorno aislado. Pero al redescubrirse a sí misma tras un periodo de desmoronamiento, no lo hace en la debilidad, sino en la imaginación, en la fortaleza y en una impresionante e indómita vitalidad.
Jennifer Lawrence protagoniza junto a Robert Pattinson como Grace y Jackson, una pareja que hace un gran cambio de Nueva York a un lugar sin nombre ubicado entre árboles altos y praderas.
La familia de Jackson es de la zona y su madre, Pam (Sissy Spacek), y su padre, Henry (Nick Nolte), aún viven cerca. Jackson heredó una casa espaciosa y deteriorada por el clima de parte de su tío, quien se suicidó de una forma inusual que no tiene sentido y no tiene ninguna relación con la historia.
Lynne Ramsay nunca ha mostrado mucho interés en hacer películas fáciles de digerir; sus duros dramas psicológicos se niegan a ofrecer consuelo o a proporcionar respuestas claras a las confusas preguntas que surgen de las vidas trastocadas de sus personajes.
La directora escocesa no se ha ablandado en su irregular quinto largometraje, Mátate, amor. Con una actuación sin restricciones que oscila entre la realidad perturbada y la fantasía retorcida, difuminando cualquier línea divisoria que las separa, Jennifer Lawrence interpreta a una mujer trasplantada a los espacios abiertos del Estados Unidos rural, donde el matrimonio, la maternidad y la vida doméstica la rodean, minando su cordura.
Aunque los guionistas Enda Walsh, Ramsay y Alice Burch trasladan la novela debut lynchiana de 2012 de la escritora argentina Ariana Harwicz desde la campiña francesa, se mantienen fieles a su enfoque penetrante en una mujer que lucha contra sus demonios en un estado de aislamiento cada vez más febril, ya sea sola o en una habitación llena de gente.
Esta versión cinematográfica -adaptada por el guionista J.T. Mollner, amplía el enfoque hacia la amistad que surge entre Ray Garraty (Cooper Hoffman) y Peter McVries (David Jonsson), que se convierte en el corazón humano de la historia, en el espejo ético que la violencia dictatorial intenta destruir.
La obra original de STEPHEN KING que publicó bajo el seudónimo de Richard Bachman- ya tenía brochazos de esa tensión existencial, pero esta versión eleva el material al llevarlo a la pantalla sin edulcorantes y con total crudeza y dramatismo.
La trama cambia en algunos detalles, ajusta personajes y ritmo, pero mantiene lo esencial: la competición absurda y el sacrificio como ritual.
Lo crudo de las imágenes no se queda en la idea de que los personajes mueran si paran de caminar, sino en el desgaste físico y psicológico: piernas que flaquean, miradas que se pierden, cuerpos que resisten cuando ya no deberían poder.
Los planos muestran la ruta interminable, la carretera vacía, el cuerpo humano convertido en máquina de caminar.
El diseño visual -algún plumón seco, el calor que parece absorberse en el asfalto, la soledad de los protagonistas- amplifica el drama.
La película no rehúye la violencia gráfica: cuando llega, duele porque hemos caminado junto a los personajes y respirado su cansancio.
En cuanto a su fidelidad al libro, hay diferencias apreciables: el número de participantes se reduce, algunos personajes se condensan, se omiten ramificaciones, y el final sigue otro camino para adaptarse al lenguaje cinematográfico. Pero la esencia está ahí: el sistema opresivo, la caminata interminable, el sacrificio y el deseo de algo que va más allá de unos pies doloridos.
Cuando el final llega, la película deja una huella profunda. No se trata de quién gana, sino de quién consigue seguir siendo humano en medio de un sistema que despoja de toda compasión.
Ayer, 18 de diciembre de 2025, el FESTIVAL DE CINE DE ZARAGOZA rindió un merecido homenaje a JOSÉ LUIS REBORDINOS (Director del FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN).
Este reconocimiento no pudo realizarse durante la Gala de Clausura de la 30 edición del FCZ, el pasado sábado 29 de noviembre en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza, debido a los compromisos previos que él tenía adquiridos en varios países de Latinoamerica.
José Luis Rebordinos (Errenteria, 1961), con raíces aragonesas (su madre nació en Calatayud. Zaragoza) está considerado uno de los gestores culturales más importantes de nuestro país.
Miembro de la European Film Academy (EFA) y Miembro de Honor de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina.
En 2015 el Consejo de Ministros le concedió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. En 2021, el Ministerio de Cultura de Francia le nombra Chevalier de l’ordre des arts et des lettres (Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras de la República Francesa). Licenciado en Pedagogía Especial.
Director de la Unidad de Cine de Donostia Kultura durante 22 años.
Director durante 21 años de la Semana de Cine Fantástico y de Terror y durante 8 del Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián.
Durante 22 años ha dirigido la colección de libros Nosferatu. Es co-autor de diferentes libros sobre cineastas vascos como Elías Querejeta, Montxo Armendáriz, Antxon Eceiza, Julio Medem, Javier Aguirresarobe, etc., así como sobre cine asiático (Shinya Tsukamoto, poeta y guerrillero del cinematógrafo) o sobre diversos temas (El dolor, los nervios culturales del sufrimiento / Breve historia del cortometraje vasco).
Antes de pasar a ocupar el cargo de Director del Festival de Cine de San Sebastián el 1 de enero del 2011, formó parte de su Comité de Dirección durante 15 años. En octubre de 2017 formó parte del jurado de la sección Asian Future en la 30 edición del Festival Internacional de Cine de Tokio. En agosto de 2018, formó parte del jurado First Look Jury en el Festival de Locarno.
Seleccionador de la sección BWIP (Bloody Work in Progress), desde la primera edición de Blood Window en 2013, Ventana Sur, Argentina. Miembro del Consejo Asesor de Cultura de Casa Asia.
En noviembre de 2024 le conceden el Premio “Tilda Thamar” a su trayectoria, por la labor y el compromiso con el cine, entregado por el gobierno y el Festival FICER de la provincia de Entre Ríos (Argentina).
Admirado y respetado por el tejido cultural y audiovisual nacional y también internacional: el pasado 5 de diciembre, recibió el Premio Honorario 2025 de parte de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC), en reconocimiento a su histórico vínculo con el cine argentino y su permanente apoyo a la difusión cultural.
El homenaje que recibió ayer en Zaragoza por el FCZ (Festival de Cine de Zaragoza) es el primero que se le concede en España.
Durante la ceremonia recibió el PREMIO AUGUSTO DE HONOR (cuya talla es una reproducción del busto del emperador Augusto, fundador de una de las colonias romanas más importantes del mundo antiguo: Caesaraugusta (Zaragoza).
El trofeo mide 10x10x24 cm. Está basado en una réplica del busto del emperador César Augusto hallado en Tarazona (Zaragoza) en los años ochenta. Actualmente se puede contemplar el original en el Museo Provincial de Zaragoza.
También recibió el retrato que la fotógrafa aragonesa Yolanda Aguas le hizo en San Sebastián y que formó parte de la exposición “30 miradas a nuestro festival” que estuvo del 4 al 27 de noviembre en la Sala Gil Marraco de Zaragoza, sede de la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza.
Dicha exposición se desmontó el 28 y se llevó a la Sala Hipóstila del AUDITORIO DE ZARAGOZA donde pudo verse la noche del 29 de noviembre durante la Gala de Clausura de la 30 edición del FCZ.
Durante la Gala de entrega y, muy especialmente, en la comida que parte del equipo tuvo con él el día siguiente se pudo apreciar el inmenso cariño que el equipo del FCZ tiene por él. Un afecto que es mutuo como demuestran las palabras de cariño que él mismo dedicó al FCZ.
Las hermanas Nora y Agnes se reencuentran con su padre ausente, un director de cine muy reconocido en el pasado que ha vuelto para ofrecer a Nora el papel principal de su próxima película. Aunque ella lo rechaza, Gustav decide seguir adelante y utilizar la casa familiar como escenario de su nuevo rodaje, lo que reaviva las tensiones entre ellos, especialmente tras la llegada de una joven actriz de Hollywood que acepta el papel en su lugar. El vínculo entre las hermanas se convertirá en su mayor refugio frente a las heridas del pasado.
Tras su inolvidable colaboración en La peor persona del mundo, Joachim Trier y Renate Reinsve lo han vuelto a hacer. Gran Premio del Jurado en Cannes,Valor sentimental nos adentra en las intimidades de una centenaria, fría y agrietada casa: dos hermanas, una reputada actriz de teatro y una devota terapeuta, distanciadas tras el suicidio de su madre, vuelven a hallarse frente a su padre, un cineasta olvidado por el cine y por ellas, a las que abandonó siendo niñas.
Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter Lilleaas y Elle Fanning completan el magnífico elenco de este tenso y conmovedor relato, también dotado de un fino humor, sobre la fractura de los vínculos y dos imposibilidades: la de expresar afecto y la de reconciliarse, siquiera a través del arte como legado.
Una obra de imponente madurez, gran heredera del rigor formal de Bergman y la hondura dramática de Chéjov.
29 de enero de 2024. Los voluntarios de la Media Luna Roja reciben una llamada de emergencia. Una niña de 6 años está atrapada en un coche bajo fuego en Gaza, suplicando ser rescatada. Mientras intentan mantenerla en la línea, hacen todo lo posible por enviarle una ambulancia. Su nombre, Hind Rajab.
La doblemente nominada al Oscar Kaouther Ben Hania dirige La voz de Hind, Gran Premio del Jurado en Venecia, donde recibió una ovación histórica de 23 minutos, un aplauso sostenido que parecía resistirse a concluir.
Producida por Nadim Cheikhrouha (Four Daughters), James Wilson (La zona de interés) y Odessa Rae (Navalny), con los productores ejecutivos Brad Pitt, Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Jonathan Glazer y Alfonso Cuarón.
Ben Hania construye toda la película alrededor de esos audios reales. Lejos de cualquier morbo, decide no mostrar la violencia directamente, sino enfocarse en el espacio donde se recibe la llamada, un centro de operaciones de la Media Luna Roja que se convierte, por necesidad, en el escenario de una tragedia que se desarrolla sin que nadie pueda intervenir.
El espectador escucha lo mismo que escucharon los operadores aquel día: la respiración temblorosa de una niña que intenta mantenerse despierta, el sonido lejano de la artillería, las instrucciones desesperadas de quienes intentan mantenerla en línea.
La directora filma el interior del centro de emergencias con una precisión casi quirúrgica, sin dramatización, sin sentimentalismo, con la sobriedad de un cine que entiende que el impacto no necesita adorno.