LA HIJA OSCURA (Dir. Maggie Gyllenhaal)

“La hija oscura” es una adaptación del libro del mismo nombre de Elena Ferrante y sigue a una profesora llamada Leda (interpretada por Olivia Colman) cuyas idílicas vacaciones en una isla griega son interrumpidas por una ruidosa familia. En ella, se encuentran una joven madre llamada Nina (Dakota Johnson) y su hija Elena. Al interactuar con ellas, Leda comienza a obsesionarse, actuar de manera misteriosa y a recordar sus propias experiencias como madre de dos hijas. Esto es representado a través de flashbacks en donde, de manera paralela al presente, aprendemos sobre el pasado de Leda (aquí interpretada por Jessie Buckley): estudió traducción, tenía una prometedora carrera académica y a un esposo llamado Joe que no la apoyaba en la crianza de sus dos hijas. La responsabilidad total caía en Leda.

Tradicionalmente, las normas de nuestra sociedad patriarcal han dictado que la maternidad tiene que ser amor puro y que una madre debe dedicarle el 100% a sus hijos o hijas. Decir que la maternidad puede ser sofocante o exasperante va contra las ideas tradicionales de la sociedad, mismas que incontables películas han representado. Pero “La hija oscura” desafía esos conceptos presentando la dualidad de la maternidad: sí, existe el amor hacia tus hijos pero también las frustraciones y sentimientos de asfixia al criarlos.

Maggie Gyllenhaal consigue que todo su elenco interpreten sus papeles de forma muy convincente. Es una sorpresa agradable volver a encontrarse a Ed Harris y a Dakota Johnson. También tenemos a Oliver Jackson-Cohen, que interpreta a la perfección ese tipo de personas que intimida casi sin querer, y a Jack Farthing, al que hemos visto hace poco en Spencer, y que puede que sea el personaje peor escrito de la película.

Sin duda, las que se llevan la palma en La hija oscura son Jessie Buckley y Olivia Colman. Qué bien hacen la una de la otra. Parece que Buckley le haya cogido todos los manierismos a Colman, que por otra parte no hace más que reafirmar lo gran actriz que es.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

LICORICE PIZZA (Dir. Paul Thomas Anderson)

En 1970, la película sigue la historia de uno de los estudiantes del instituto de San Fernando Valley: Alana y Gary. El chico sueña con conquistar el amor de la joven, aunque esta es unos años mayor. Alana Kane (a la que da vida Alana Haim) y Gary Valentine (interpretado por Cooper Hoffman) han crecido en el Valle de San Fernando, pero no se conocen hasta el día en que el instituto de Gary organiza una sesión de fotos. Alana ya no estudia, es una joven que se esfuerza en definirse y encontrar un camino más allá de su poco inspirador empleo como ayudante de un fotógrafo. Gary, un actor en ciernes, ya ha hecho algún que otro papelito remunerado, y se lo dice a Alana casi inmediatamente, decidido a impresionarla. La seguridad de Gary divierte a la chica, pero también despierta su curiosidad, y no tarda en establecerse una relación sincera aunque algo torpe entre los dos. En un intento de fortalecer la conexión con Alana, Gary consigue que sea su acompañante para una aparición en televisión en Nueva York. Impulsivamente, ella acepta.

El trabajo para televisión no sale exactamente como Gary esperaba y, de vuelta en California, ambos se plantean sus respectivos futuros. Pasa el tiempo y su amistad se hace más profunda; Gary se aleja de la interpretación y se convierte en un joven empresario vendiendo camas de agua y abriendo una sala de pinball; mientras tanto, Alana piensa seriamente en su futuro e incluso prueba a ser actriz. Juntos o por separado, viven momentos cruciales tan divertidos como agridulces mediante encuentros con un actor famoso (al que interpreta Sean Penn), un productor de Hollywood (Bradley Cooper) y un político local (Benny Safdie). Conscientes de su situación y a la vez algo perdidos, Alana y Gary atraviesan un periodo que les lleva a conocer la profunda emoción del primer amor, el paso a la mayoría de edad y el descubrimiento de un potencial inesperado y recíproco.

El término Licorice Pizza es la jerga para un disco de vinilo, en particular los álbumes que se conocían como LPs por Long Play, de ahí Licorice Pizza. Además, el disco de vinilo es negro, que es el color del regaliz, y la forma es plana y redonda, como una pizza.

A destacar, principalmente, las interpretaciones de los recién llegados Alana Haim y Cooper Hoffman que dan gran fuerza a la película.

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EL PACTO (Dir. Billy August)

Finales de los años cuarenta. La escritora Karen Blixen, de 63 años, está en la cima del éxito y parece ser la próxima en ganar el Premio Nobel de Literatura. Tras dejar atrás su renuncia a la famosa granja en África para regresar a su Dinamarca natal y habiendo perdido al amor de su vida, ahora Karen se ha reinventado a sí misma como una sensación literaria. Ella sigue siendo un genio aislado. Sin embargo, su vida se tambaleará el día que conoce a un talentoso poeta de 30 años. Karen le promete el estrellato literario si él a cambio la obedece incondicionalmente, incluso a costa de perderlo todo en su vida.

El pacto llega a esta fiesta justo a tiempo, ahondando en la misteriosa vida de Karen Blixen. Y para ello, aparte de su cuidada puesta en escena y diseño de producción recreando los años 40, cuenta con la excelente actuación de Birthe Neumann que se apodera de todos los planos en los que aparece. Transmitiendo esa mirada melancólica a un pasado triste que no puede cambiar, mientras trata de encandilar a un joven escritor. ¿La intención de ella? Demostrarle que el talento solo puede ir ligado a una vida de excesos y romances de una noche.

Establecen un pacto. Thorkild está casado, tiene un hijo pequeño. Su mujer trabaja como bibliotecaria y es la que sostiene económicamente a la familia.
El éxito, el talento y la constancia son ejes de la narración. El tema principal es la génesis de la creación literaria. La fotografía es del chileno-danés Manuel Alberto Claro. Potencia la narración.

Película cuyo principal interés radica en la interpretación protagonista femenina.

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BELFAST (Dir. Kenneth Branagh)

Drama ambientado en la tumultuosa Irlanda del Norte de finales de los años 60. Sigue al pequeño Buddy mientras crece en un ambiente de lucha obrera, cambios culturales, odio interreligioso y violencia sectaria. Buddy sueña con un futuro que le aleje de los problemas, pero, mientras tanto, encuentra consuelo en su pasión por el cine, en la niña que le gusta de su clase, y en sus carismáticos padres y abuelos.

Esta película ominada a siete premios Oscar, incluyendo mejor película, director, guión, actor y actriz de reparto– es, siguiendo esa comparación, la versión light y accesible de «Roma» de Alfonso Cuarón, una que mantiene una similar apariencia formal pero que luego se descubre como mucho más vacía, limitada, pasajera, genérica. Es un recuerdo cariñoso y hasta amable pero muy despolitizado, algo que es entendible en función de que se narra a partir de los recuerdos de un niño de nueve años –un alter-ego del propio Kenneth– que atraviesa la creciente violencia que se vive en el lugar, pero al que quizás le falta la perspectiva que le da el tiempo y los personajes adultos.

Al tratarse de una película episódica cuyo hilo narrativo central pasa por la decisión que la familia debe tomar respecto a quedarse o no viviendo en Belfast por lo complicado de la situación, se podría suponer que Branagh armó su film buscando un tono melancólico o bien observacional, en el que lo fuerte pasara por cierto registro poético, desde lo visual al menos, de esas experiencias. Pero no. Más allá de un contrastado blanco y negro que se ve bastante digital, el actor/director narra su film de una manera entre mecánica y torpe (drones, cortes permanentes, ángulos de cámara insólitos), con los actos de violencia filmados como si fuera un mediocre thriller de acción y muchas caracterizaciones desprovistas de gracia o personalidad.

Un film que no convence completamente para quien escribe estas líneas.

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LA ABUELA (Dir. Paco Plaza)

Susana (Almudena Amor) tiene que dejar su vida en París, donde trabaja como modelo, para regresar a Madrid, debido a que su abuela Pilar (Vera Valdez) acaba de sufrir un derrame cerebral. Años atrás, cuando los padres de Susana murieron, su abuela la crió como si fuese su propia hija. Susana necesita encontrar a alguien que cuide de Pilar, pero lo que deberían ser solo unos días con su abuela se acabarán convirtiendo en una terrorífica pesadilla.

La película es una singular reflexión de Paco Plaza acerca de un horror tan cotidiano e inescapable como el del paso del tiempo, en su versión menos correcta. La enfermedad, la vejez, la dependencia: todo ello es sobrevolado por un film estéticamente impecable y parcialmente ajeno a las corrientes actuales del cine de género.

Encerrada con una persona que ni siquiera le reconoce, la joven comenzará a tener extrañas visiones en el viejo piso en el que viven ambas. El argumento podía haber dado pie a todo un psicodrama almodovariano de cuyo fantasma, en realidad, ‘La abuela’ nunca se desprende del todo. No podía ser menos con un guión escrito íntegramente por Carlos Vermut: la personalidad del autor de ‘Diamond Flash’ o ‘Magical Girl’ se respira en muchos aspectos de la película. De la selección musical (excelente el momento Vainica Doble) al reparto íntegramente femenino, pasando por el uso costumbrista de un restaurante chino o ciertas reflexiones sobre las relaciones de poder en según qué profesiones.
Paco Plaza también aporta al conjunto su extraordinario pulso para las atmósferas enrarecidas y los espacios oscuros El director muestra todas sus cartas desde el primer momento. En efecto, en una secuencia introductoria, antes de los créditos, ya tenemos todas las claves para entender lo que sucede en la película. Porque en ‘La abuela’ no importa el giro final, ni la explicación del misterio, sino la cuidadosa atmósfera que construye desde su arranque. La película encuentra un incómodo punto discursivo equidistante entre el body horror cotidiano, las historias de casas encantadas y los horrores esotéricos de los setenta y ahí desenvuelve la trama, en un término medio entre las convenciones muy conocidas por el aficionado y el territorio sin explorar.

A destacar la interpretación de una joven actriz, Almudena Amor, que no tardará mucho en ser imprescindible en el mejor cine español.

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Nota: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

DRIVE MY CAR (Dir. Ryûsuke Hamaguchi)

La película de Ryūsuke Hamaguchi, una de las favoritas para los Oscar, es un relato basado en un libro de Murakami que habla del amor, la pérdida y la incomunicación.

Drive my car es un viaje hacia la redención con el Saab 900 del protagonista como confesionario y local de ensayo. Yusuke (interpretado por Hidetoshi Nishijima) es un prestigioso actor y director de teatro que se traslada a Hiroshima dos años después de la repentina muerte de su mujer Oto, de quien duda si realmente la llegó a comprender. En Hiroshima se pondrá al frente de una representación multilingüe de Tío Vania y la dirección del festival le obligará a aceptar a la joven Misaki (Toko Miura) como la conductora de su coche. Las cintas que Oto dejó grabadas para que Yusuke ensayara en el coche son el vínculo con un pasado que el protagonista se niega a aceptar.

Con solo 43 años, Hamaguchi se ha convertido en uno de los cineastas de autor más destacados de la última temporada. Consiguió el Gran premio del jurado en la Berlinale 2021 por La rueda de la fortuna y de la fantasía.

En esta ocasión no es una historia sobre las consecuencias feroces de la sociedad capitalista, sino una basada en un relato de Haruki Murakami incluido en la novela Hombres sin mujeres. El texto, de apenas 40 páginas, ha sido convertido en una adaptación cinematográfica cocinada a fuego lento de tres horas de duración. Tanto, que los títulos de créditos iniciales aparecen casi 40 minutos después de que haya comenzado la proyección, dando a entender que lo que parecía la mitad de la película es en realidad el prólogo.

Aunque es complicado hablar de ello sin destripar el contenido, se puede decir que un fatídico imprevisto cambia las tornas de la relación. A partir de entonces cambia el registro del largometraje, pasando de lo que parecía una tragedia doméstica a una road movie. Dos años después de aquel evento, Kafuku pasa a trabajar en un festival de teatro en Hiroshima dirigiendo la ambiciosa producción de Tío Vania, un clásico de Antón Chéjov. El inconveniente es que, por norma de los organizadores, el dramaturgo tiene que contar con un chófer personal que le traslade diariamente desde su residencia hasta el centro de arte. Es así como conoce a Misaki (Toko Miura) que, a pesar de las reticencias iniciales, acaba tomando de forma regular el volante de su Saab color rojo.

La propuesta de Hamaguchi es, en cambio, un viaje sobre cuatro ruedas con destino a la introspección. Sin duda, una extraordinaria película.

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PALMARÉS 9a EDICIÓN PREMIOS FEROZ

Concedidos por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España, desvelaron este sábado los premiados de su novena edición, desarrollada en el Auditorio de Zaragoza.
A continuación se incluyen los ganadores en las distintas categorías:
PALMARÉS DE LAS VIII EDICIÓN PREMIOS FEROZ

Mejor película de comedia
‘El buen patrón’
Mejor dirección
Rodrígo Cortés por ‘El amor en su lugar’
Mejor actriz protagonista en una película
Petra Martínez por ‘La vida era eso’
Mejor actor protagonista en una película
Javier Bardem por ‘El buen patrón’
Mejor actriz de reparto en una película
Aitana Sánchez-Gijón por ‘Madres paralelas’
Mejor actor de reparto en una película
Urko Olazabl por ‘Maixabel’
Mejor guion
Fernando León de Aranoa por ‘El buen patrón’
Mejor música original
Alberto Iglesias por ‘Madres paralelas’
Mejor tráiler
Miguel Ángel Trudu por ‘La abuela’
Premio al mejor cartel
Javier Jaén por ‘Madres paralelas’
Mejor serie dramática
‘Cardo’
Mejor serie de comedia
‘Venga Juan’
Mejor actriz protagonista de una serie
Ana Rujas por ‘Cardo’
Mejor actor protagonista de una serie
Javier Cámara por ‘Venga Juan’
Mejor actriz de reparto de una serie
María Pujalte por ‘Venga Juan’
Mejor actor de reparto en una serie
Enric Auquer por ‘Vida Perfecta’
Premio Arrebato de ficción
‘Espíritu sagrado’
Premio Arrebato de no ficción
‘Sedimentos’

TODO HA IDO BIEN (Dir. François Ozon)

Emmanuèle, una novelista con una vida privada y profesional plena, se precipita al hospital al enterarse de que su padre, André, acaba de tener un accidente cerebrovascular. Cuando se despierta, debilitado y dependiente, este hombre, curioso por naturaleza y amante apasionado de la vida, le pide a su hija que le ayude.
Con ‘Todo ha ido bien’ François Ozon se une a otros cineastas que últimamente han tratado magistralmente el tema de las enfermedades neurológicas que destruyen al enfermo y a sus familias y cuidadores. Natalie Erika James, Florian Zeller o Viggo Mortensen con ‘Relic’, ‘El padre’ o ‘Falling’. Ellos han tratado con empatía la vida que espera a nuestros mayores.
Es difícil ponerse en el lugar de alguien que ve que sus días se acaban o que es consciente de que está olvidando decenas de años llenos de vivencias. De ahí que esta película nos venga a decir que a modo de cuidado paliativo a nuestro mayores les podamos edulcorar la existencia con un “todo ha ido bien”, un día más disfrutando del momento.


Como base para ‘Todo ha ido bien’ Ozon se ha inspirado en la novela de Emmanuèle Berheim. Con ella ha desarrollado un drama bastante moderado que logrará sacar alguna lágrima con su emotivo final pero que no está concebido con ese único objetivo. Es una película que aborda mucho los deseos, entendiendo estos como últimas voluntades o como aquello que se ha añorado toda la vida. El reconocimiento de un padre es uno de estos anhelos. La película es un continuo pulso entre la responsabilidad o respeto hacia los que nos han traído al mundo y los rencores acumulados durante años.
En medio de ese pulso se encuentra Sophie Marceau. Su personaje está entre dos tierras pues profesa amor a su padre, que la ha considerado siempre su ojito derecho y los desprecios que le hace este a su hermana. La actriz está desgarradoramente natural y vemos en su interpretación cómo está entre la espada y la pared. Y es que la temática de la película es compleja pero Ozon, sin entrar mucho al debate, la lleva a través del camino de una lógica que responde al uso de la razón y la calidad de vida.


MUY ATENTOS a la participación de dos actrices sublimes: Hanna Schygulla y Charlotte Rampling. Ellas, en breves apariciones, nos recuerdan lo que es y significa ser magistral e irrepetible. Están maravillosas en sus respectivas interpretaciones. Disfrútenlas…

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UNA LIBRERÍA DE PARIS (Dir. Sergio Castellitto)

Vincenzo dedica todo su tiempo a sus dos amores: la librería que posee en París y su hija Albertine. Su vida está marcada por una dulce tranquilidad hasta que un día irrumpe en la tienda Yolande, una mujer exuberante, excéntrica y divertida. Encantado por su energía y belleza, a Vincenzo le florecerán de nuevo las emociones que lleva demasiado tiempo reprimiendo y se cuestionará su forma de afrontar la vida.
Esta película narra de forma amena las relaciones de dicho librero con su hija postrada en cama, así como con toda una serie de pintorescos personajes. El argumento se desarrolla en dicho santuario, bien surtido de incunables.

El guion está basado en el libro Un drago a forma di nu­vola, del director italiano Ettore Scola (La familia). De hecho, en la adaptación cinematográfica ha participado la hija, Silvia Scola, junto a Margaret Mazzantini y al director y protagonista de la cinta, Sergio Castellitto. El libreto adolece de ritmo y no consigue definir bien el conflicto de los protagonistas.

Las escenas imaginarias de la hija (Matilda De Angelis) resultan poco significativas y el final tiene poca fuer­za porque no se han trabajado suficiente las motivaciones, conflictos y metas de los principales personajes. Con todo, la película tiene algunos momentos poéticos que permiten al espectador reflexionar acerca del papel de las emociones, de la ternura y el cariño en la vida de las personas.

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LA VIDA ERA ESO (Dir. David Martín de los Santos)

Dos mujeres españolas de distintas generaciones coinciden en la habitación de un hospital en Bélgica. María (Petra Martínez) vive allí desde hace décadas tras emigrar en su juventud, y Verónica (Anna Castillo) es una joven recién llegada en busca de las oportunidades que nunca encontró en España. Entre ellas se forja una peculiar amistad que llevará a María a emprender un viaje de vuelta al sur de España con una insólita misión. Lo que comienza como un viaje en busca de las raíces de Verónica, se convertirá en una oportunidad para cuestionarse ciertos principios en los que basó su vida.

El principal atractivo de esta película radica en el ritmo pausado y casi contemplativo que imprime su director: David Martín de los Santos. Ritmo anclado en la bellísima mirada y sutiles silencios una actriz inmensa: Petra Martínez. Es de nuevo, una interpretación sublime de una de las mejores actrices de nuestro cine y nuestra escena.

Este encuentro fortuito entre dos emigrantes españolas en París (con una brevísima participación de Anna Castillo, breve pero muy bien interpretada) cambia la vida de una anciana, que decide salir de la monotonía para volver a esa tierra que la vio partir.

No se trata solo de una relación entre dos mujeres, la película habla de un tema doloroso: la migración, más concretamente a los temporeros en un filme que también incide de forma serena sobre el valor de la memoria. La película viene a decirnos que la memoria es el único paraíso del que nunca seremos expulsados, el único lugar donde el amor sobrevive cuando el amor yace herido de muerte. Luego están las tradiciones y la necesidad de evolucionar, en sintonía con el inexorable paso del tiempo y el cambio del contorno.

En el momento de escribir estas líneas desconozco el recorrido que tendrá en la temporada de premios que ya se aproxima. Pero si de algo estoy segura es que PETRA MARTÍNEZ debería conseguir el reconocimiento por una muy deslumbrante interpretación.