MARTIN EDEN (Dir. Pietro Marcello)

Texto: Yolanda Aguas

Martin Eden es un chico de pueblo que se gana la vida trabajando como marinero. Un día, Martin consigue salvar la vida de Arthur Morse, un joven de clase alta que vive en San Francisco. Como agradecimiento, Arthur invita a Martin a su hogar y, poco a poco, le va introduciendo en su propio estilo de vida. El joven ve esto como una oportunidad para convertirse, finalmente, en escritor y trata de aprovechar al máximo el tiempo entre lujos. Martin recibirá un impulso inesperado cuando conozca a Ruth, una joven de la que se enamora al instante.
Martin Eden, la novela autobiográfica en la que Jack London reflejó su transformación de marinero en escritor así como su inconformista ideario socialista, es conocida como la novela de los autodidactas. El italiano Pietro Marcello, que se hizo cineasta estudiando los films del armenio Artavazd Pelešjan, conoce bien el vértigo que se experimenta al intentar conquistar, sin red, los mayores hitos artísticos. Así, cuando el Martin Eden de Marcello (un descomunal Luca Marinelli) alcanza la cumbre de su quimera intelectual y romántica –anhela enamorar a una joven burguesa–, la ficción se deshace para acoger unas misteriosas imágenes documentales en las cuales una esposa se despide de su marido, que tiene que emigrar en busca de trabajo.
La película, en ese limbo temporal en el que nunca aclara cuándo se desarrolla, y en los debates que plantea, suena moderna y actual. Quizá se pueden apreciar en esta película ecos del cine de Visconti, aunque a su director le parece que está más próxima al cine de Ermanno Olmi. Lo cierto es que Martin Eden es una de las grandes películas del pasado 2020.

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NOTA. La fotografía insertada en este artículo es propiedad de su autor.

FINALISTAS A LOS PREMIOS FORQUÉ (26 EDICIÓN)

Adú, de Salvador Calvo; Akelarre, de Pablo Agüero; La boda de Rosa, de Icíar Bollaín y Las niñas, de Pilar Palomero, competirán por el galardón al Mejor Largometraje de Ficción y/o Animación en los 26 Premios Forqué; este reconocimiento está dotado con 30.000 euros.
La cita, que da el pistoletazo de salida a la temporada de reconocimientos de la industria audiovisual española, presenta como gran novedad de esta edición la incorporación de tres nuevas categorías para series de ficción: mejor serie, mejor interpretación masculina y mejor interpretación femenina. En el apartado principal de este formato (dotado con 6.000 euros), compiten Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña; La casa de papel, de Álex Pina; Patria, de Aitor Gabilondo; y Veneno de Javier Ambrossi y Javier Calvo.
La suma total de nominaciones deja a La boda de Rosa y Las niñas como máximas aspirantes a acaparar el mayor número de trofeos en las categorías de cine, con tres candidaturas cada una (Mejor Película, Mejor Interpretación Femenina y Premio al Cine y Educación en Valores). En series, Antidisturbios con cinco nominaciones es la que destaca por delante de Patria con tres.
La gala tendrá lugar el próximo sábado 16 de enero en IFEMA Palacio Municipal y en ella se reconocerán a los mejores actores del pasado curso. En el apartado cinematográfico, las candidatas a la Mejor Interpretación Femenina son: Andrea Fandos (Las niñas), Candela Peña (La boda de Rosa), Kiti Mánver (El inconveniente) y Patricia López Arnáiz (Ane). Por su parte, a Mejor Interpretación Masculina optan: David Verdaguer (Uno para todos), Javier Cámara (Sentimental), Juan Diego Botto (Los europeos) y Mario Casas (No matarás).
En lo que respecta a series, las finalistas a Mejor Interpretación Femenina son: Ane Gabarain (Patria), Daniela Santiago (Veneno), Elena Irureta (Patria) o Vicky Luengo (Antidisturbios). Como Mejor Interpretación Masculina compiten: Álex García (Antidisturbios), Hovik Keuchkerian (Antidisturbios), Javier Cámara (Vamos Juan) y Raúl Arévalo (Antidisturbios)


Los cuatro premios a la mejor interpretación están dotados con 3.000 € cada uno y su ganador saldrá de un sistema de doble votación con un jurado compuesto por prensa especializada y miembros de EGEDA.
El Premio al Mejor Largometraje Documental, dotado con 6.000 euros, tiene como finalistas a: Antonio Machado. Los días azules, de Laura Hojman; Cartas mojadas, de Paula Palacios; El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco y El Drogas, de Natxo Leuza.
El Mejor Cortometraje, dotado económicamente por FlixOlé con 3.000 euros, saldrá de la terna formada por: A la cara, de Javier Marco; Yalla, de Carlo D´Ursi; y Yo, de Bego Aróstegui.
Cuatro son las producciones que aspiran este año a alzarse con el Premio al Cine y Educación en Valores: Adú, de Salvador Calvo; La boda de Rosa, de Icíar Bollaín; Las niñas, de Pilar Palomero; y Uno para todos, de David Ilundain. El objetivo primordial de este galardón es destacar la capacidad de las cintas para servir como recurso educativo en el trabajo de valores con niños y adolescentes.
Por último, las nominadas a Mejor Película Latinoamericana (dotado con 6.000 euros) son: El agente topo, de Maite Alberdi (Chile y España); El olvido que seremos, de Fernando Trueba (Colombia); El robo del siglo, de Ariel Winograd (Argentina) y Nuevo orden, de Michel Franco (México).
Un total de 91 largometrajes de ficción y animación, 73 largometrajes documentales, 104 cortometrajes, 20 películas latinoamericanas y 39 series han participado en la presente edición; de los que, de forma excepcional, como consecuencia de la crisis sanitaria, se han considerado estrenos comerciales, las películas no estrenadas en salas cinematográficas, pero sí en canales de televisión, plataformas o vídeo bajo demanda. Trabajos que han demostrado la fuerza del audiovisual nacional logrando importantes éxitos en festivales, taquilla, crítica especializada o plataformas de visionado en un contexto sociosanitario complicado y donde la cultura ha demostrado una vez más ser una herramienta esencial para el ser humano.
El listado final, votado por los socios de EGEDA, se agrupa en un total de diez categorías, de las que nueve están dotadas económicamente. Los intérpretes Mariola Fuentes, Eduardo Casanova y Álex García han sido los encargados de darlo a conocer en un acto online moderado por la periodista Yolanda Flores y donde también han participado Enrique Cerezo, presidente de EGEDA; Begoña Villacís, vicealcaldesa de Madrid; Marta Rivera, consejera de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid; y Andrea Levy, delegada del Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid.
La gala, retransmitida por TVE, contará con otros puntos de interés que se irán revelando las próximas semanas, como los conductores de la misma, las actuaciones musicales o presencias destacadas. Puntales mediáticos a los que se unirá la Medalla de Oro que se entregará a una personalidad del séptimo arte español o empresa productora de cine. Una ceremonia donde se respetarán estrictamente todas las medidas higiénicas y protocolos sanitarios en vigor para su correcto desarrollo.
Después de veinticinco ediciones, Los Forqué se han consolidado como uno de los premios cinematográficos más prestigiosos de la industria del cine español, por ello y en un contexto incierto, su celebración tiene un gran peso estratégico y reivindicativo. Una muestra de apoyo al sector cultural que desde el inicio de la pandemia ha venido demostrando su compromiso con la seguridad de todos sus espectadores.
EGEDA es la entidad sin ánimo de lucro para la gestión de derechos de los productores audiovisuales. Creó estos galardones en 1996 con el objetivo de difundir la importancia de la industria audiovisual y cinematográfica española, impulsar la figura del productor y premiar cada año a las mejores producciones españolas por sus valores técnicos y artísticos.
El Premio Cinematográfico José María Forqué 2020 está organizado por EGEDA con la participación del Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid y RTVE, y cuenta con la colaboración del Ministerio de Cultura y Deporte y otros patrocinadores como Mercedes Benz, FIPCA y FlixOlé.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de EGEDA – Premios Forqué.

EL PADRE (Dir. Florian Zeller)

Anthony (Anthony Hopkins), un hombre de 80 años mordaz, algo travieso y que tercamente ha decidido vivir solo, rechaza todos y cada uno de las cuidadoras que su hija Anne (Olivia Colman) intenta contratar para que le ayuden en casa. Está desesperada porque ya no puede visitarle a diario y siente que la mente de su padre empieza a fallar y se desconecta cada vez más de la realidad. Anne sufre la paulatina pérdida de su padre a medida que la mente de éste se deteriora, pero también se aferra al derecho a vivir su propia vida.
En esta película, el guionista francés Florian Zeller debuta tras la cámara como solvente director en lo que, a todas luces, parece fruto de una experiencia personal. Tanto que ha llevado su inquietud al teatro y esa pieza ha conocido una versión para televisión (Le père, Christophe Charrier, 2014) y otra para el cine (Floride, Philippe Le Guay, 2015). Zeller ha tenido la ayuda del reputado Christopher Hampton en esta ocasión.

No hay historia porque más bien se trata de un retrato, por su propia naturaleza deslavazado y hasta caótico.
Apenas hay progresión dramática en el desarrollo narrativo de El padre, porque la amalgama de tiempos y de sucesos reales, recuerdos y pesadillas tienen como resultado un puzle que sirve para ese retrato del anciano demenciado. El espectador asiste con el corazón en un puño a pequeños episodios, a veces cómicos, la mayoría patéticos.
Los momentos más crueles llegan cuando se constata la toma de conciencia de ese deterioro mental; es decir, lo malo no es perder la memoria ni obsesionarse con esconder objetos o sospechar de las personas… lo terrible es darse cuenta de ello, percatarse de la decadencia personal o del injusto trato que soportan los seres queridos. Peor aún, la mayor inseguridad, el desgarro decisivo llega cuando este hombre se pregunta por su propia identidad, porque no sabe quién es.
Una película humanamente impactante por ser tristemente familiar para muchos de nosotros.

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NOTA: La fotografía insertada en este artículo es propiedad de sus autores.

ONDINA (Dir. Christian Petzold)

Undine Wibeau (extraordinaria Paula Beer) es historiadora y trabaja de guía turístico en Berlín. Cuenta la historia de la ciudad y su desarrollo urbanístico entre gigantescas maquetas. Al comienzo de la película, su novio rompe con ella. Undine declara fríamente que si él la deja tendrá que matarlo. Poco después conocerá a Christoph, un buzo profesional, que ha escuchado una de sus charlas y se ha enamorado de su voz.

Ondina sorprende pero no desmerece de su autor. En el fondo Ondina es una película con protagonista femenino cuyo motor es el amor. A diferencia de las primeras películas de su director, no estamos ante momentos de la Historia fácilmente reconocibles, sino ante la reescritura de un mito que tiene miles de años de antigüedad y ha sido reelaborado continuamente.
Si fallan los referentes solo podemos apreciar una extraña historia de amor. Los componentes esenciales son el amor traicionado, el río y la voz y la muerte. Undine es pues un film tan bello y delicado como cruel, como una figura de porcelana, como una maqueta tan bella de admirar que, en cuanto se deshace o se rompe, no puede causar más que desolación.

Sí, estamos ante un artefacto que nos habla del tiempo, de la pérdida y de cómo lo construimos y rediseñamos en tiempo presente. La nostalgia aquí es la proyección futura de un pasado perdido, una persecución de fantasmas en presente constante que acaban en un conformismo primero triste y después convertido en plataforma futura de un nuevo plan.
Petzold, con buena parte del equipo de En tránsito, ha rodado una bella. Las imágenes son muy hermosas, al tiempo que útiles y expresivas; tanto que el espectador sigue atentamente un árido discurso sobre el desarrollo urbanístico de Berlín.
El sonido es importante, las melodías, la voz de Ondina –Paula Beer– es maravillosa.
Si el espectador está en la onda de Petzold, disfrutrá enormemente con esta película.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

ANE (Dir. David Pérez Sañudo)

Texto: Yolanda Aguas
Fotografías: Capturas de «Ane» proyección en plataforma «VEO FEROZ» de la AICE. El resto de fotografías son propiedad de sus autores.

Vitoria, año 2009. Después de los altercados en su barrio debido a la inminente expropiación de algunas viviendas, Lide (Patricia López Arnáiz), madre joven que trabaja como vigilante en las obras del tren de alta velocidad, descubre que su hija adolescente, Ane, no ha ido a dormir a casa. Lide, junto a su ex-marido Fernando, comenzará no solo a investigar el paradero de su hija, sino a adentrarse en el mundo de Ane y a darse cuenta de que ha convivido junto a una desconocida.

El ego en el que todos podemos caer alguna vez podría tentarme a citar obras de teatro, autores, películas de cine, directores, guionistas… que anteriormente han mostrado historias protagonizadas por madres e hijas. Y, sin duda, estaría en mi derecho de hacerlo. Si no se abusa, no está mal orientar o sugerir a las nuevas generaciones para que vean títulos que se estrenaron muchos años antes de su nacimiento o que se escribieron y representaron en teatro años atrás. Aunque dado el desinterés general que existe en gran parte de la gente joven tal vez no serviría de nada… Yo no caeré en esa tentación. Me voy a limitar a afirmar que no hay un amor mayor que el de una madre (o padre) por sus hijos.

Con esta obviedad, «ANE» de David Pérez Sañudo habla de las diferentes fronteras que una joven, Ane, debe cruzar en su tránsito de la infancia a la vida adulta. Nos presenta también la falta de comunicación entre madre e hija y las distancias: físicas y emocionales de una sociedad.
Muy bien presentada la figura del padre (Mikel Losada), que aunque parece estar en un segundo plano, es en el que la hija confía más cuando entra en conflicto con la madre.

En general, puede que a la película le falte un poco de intensidad dramática, carencia que desaparece viendo la deslumbrante interpretación de la protagonista, Patricia López Arnaiz, en su mejor papel hasta ahora. La actriz rechazó otros proyectos para trabajar en esta película con David Pérez Sañudo.

Conocida principalmente por la serie de RTVE, «La otra mirada» o «La Peste» de Alberto Rodríguez, éste es su primer papel protagonista en el cine. Su trabajo en «ANE» podría hacerle ganar los más importantes premios de la temporada como Mejor Actriz Protagonista. Es más, estamos seguros que será así.

Su interpretación está repleta de momentos brillantes: especialmente en los últimos minutos de la película, como esa mirada a la habitación de su hija…

Corran a ver la película, la secuencia final de Patricia López Arnáiz enfrentándose a su inminente soledad es antológica.

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SEÑORA DE ROJO SOBRE FONDO GRIS, RdP JOSÉ SACRISTÁN

Texto y Fotografía: Yolanda Aguas

Hoy a ofrecido una rueda de prensa en Zaragoza, José Sacristán. Su presencia en el Teatro Principal del jueves 22 al domingo 25 de octubre ha motivado este encuentro con él.
José Sacristán es uno de los más grandes actores de la historia de nuestro país. Ha trabajado con los directores más prestigiosos y populares: Berlanga, Garcia, Miró, Fernan Gómez, Camus, Buñuel.
A pesar de que el panorama cultural haya cambiado en los últimos tiempos, él sigue ahí, en televisión, en el cine, sobre los escenarios, demostrando en cada entrevista y en cada rueda de prensa que ser mayor no implica la neofobia.

Hace poco tiempo anunció que Señora de rojo sobre fondo gris, será -casi con toda seguridad- la última que la mantendrá en el mundo del teatro. «Tengo fechas cerradas hasta más allá del 2021; más tarde, será complicado que encuentre algún texto con el que me sienta más cómodo que este», concretaba. De paso, no ha aclarado su futuro en el cine y la televisión: «Cada vez me cuestan más los rodajes». Con 83 años, Sacristán cree que la vida le «trata bien», pero que ha de ser consciente de su edad.
Su despedida de los escenarios será la puerta grande, con una obra que en realidad ha sido un empeño personal: «Cuando leí la novela de Miguel Delibes automáticamente me enamoré de ella. Yo estaba interpretando Las guerras de nuestros antepasados y le dije que la Señora de rojo… tenía que ser adaptada. Él me dijo que no insistiera porque no quería ponerle cara al personaje de Nicolás, pero poco antes de su muerte, pude hacer una lectura dramatizada de un par de pasajes, y junto con José Samano, volvimos a insitir. Con Delibes ya fallecido, fue la familia la que accedió a que hiciéramos esta adaptación».

Y si aquello que rodea la obra no fuera suficiente, la historia de Señora de Rojo… no resta emoción a las representaciones. La novela plantea una reflexión casi existencialista de un pintor, Nicolás, ante la pérdida de su mujer con España en 1975 como telón de fondo. Delibes construye, en realidad, un reflejo de su propia memoria, y del intento reparar en él la memoria de su esposa Ángeles de Castro. En su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua dijo de ella: «Soy consciente de que con su desaparición ha muerto la mitad de mí mismo». En esta autoficción, Nicolás es un artista plástico que no consigue pintar. El paralelismo nunca se escondió, pero el escritor tampoco quiso ponerle nombre ni cara a los personajes. Si Cinco horas con Mario es la cara, Señora de roja con fondo gris es la cruz: dos historias con valores y vidas antitéticos, dos monólogos con ausencias.

Estará en el Teatro Principal de Zaragoza hasta el domingo, 25 de octubre.

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EXPLOTA EXPLOTA (Dir. Nacho Álvarez)

Texto: Yolanda Aguas

Cuenta la historia de María (García-Jonsson), una bailarina joven, sensual y con ansias de libertad a principios de los años 70, una época que en España estuvo marcada por la rigidez y la censura, especialmente en televisión. Con ella descubriremos cómo hasta el más difícil de los sueños puede convertirse en realidad. Y todo ello contado a través de los grandes éxitos de Raffaella Carrà.
Explota explota, musical basado en los grandes éxitos de Raffaella Carrà y que apuntaba maneras para ser el éxito en taquilla que la industria del cine necesita en estos momentos. Pero, sorprendemente, no ha sido así.
‘Explota Explota’ es un musical celebrado en los años setenta en nuestro país que se enfrenta a la censura de la época con canciones de Raffaella Carrà. Y con una protagonista, Ingrid García Jonsson, con ganas de romper las absurdas normas establecidas. Qué puede salir mal a partir de aquí. Nacho Álvarez es el encargado de dirigir esta bonita locura, acompañado en el guion de Eduardo Navarro y David Esteban Cubero.

Ingrid García Jonsson es María, la protagonista. La joven rebelde que ama bailar y que quiere hacerlo por encima de la censura. No por el placer de saltarse las normas, que un poco también, más bien por el convencimiento de que esas normas son un sinsentido. Quiere cambiar las cosas para vivir mejor, para vivir como se debe vivir. Hay una escena muy significativa en la que reflexiona sobre lo decente y lo indecente, y queda claro el por qué de su incomprensión y su posterior rebeldía
Junto a ella, Verónica Echegui, Fernando Guallar es el joven enamorado de María, y completa el trío de buenas interpretaciones pasando por todos los estados de ánimo necesarios con naturalidad y con rotundidad. Bien por los tres, que tienen aún más compañía: Fernando Tejero, Pedro Casablanc, la fantástica diva Natalia Millán, el italiano Giuseppe Maggio o Fran Morcillo.

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Nota: La fotografía insertada en este artículo es propiedad de sus autores.

VERANO DEL 85 (Dir. François Ozon)

Texto: Yolanda Aguas

¿Con qué sueñas cuando tienes 16 años y estás en un resort en la costa de Normandía en los años 80?, ¿con tener un mejor amigo?, ¿con hacer un pacto de amistad que dure para siempre?, ¿con tener mil aventuras en barco o en moto acuática? O quizás sueñas con la muerte… Las vacaciones de verano acaban de comenzar y esta historia cuenta cómo Alexis empieza a crecer.

Hay mucho cine en la apuesta y destellos que van a emocionar en tanto uno muestre disposición para dejarse llevar por la nostalgia o por las circunstancias, ya que los más jóvenes pueden verse totalmente identificados en lo expuesto. En resumen, un Ozon bien marinado que no sacia del todo, pero cosquillea en el paladar. Quedémonos con ese momento Sailing en la pista de baile, es íntimo… pero también un regalo que el joven y trágico David nos hace para que nos imaginemos un poco eternos.
Alexis (Félix Lefebvre), de 16 años, aparece en la primera secuencia del filme custodiado por gendarmes y acto seguido frente a una educadora que le suplica que le explique lo ocurrido. El joven narra los acontecimientos a través de la escritura y en su relato aparece el futuro cadáver, David Gorman (Benjamin Voisin), de 18 años y de ahí a la evocación de una época pasada, del verano en que todo cambió, y que Ozon nos muestra en su esplendor mientras suena In Between Days de la banda británica The Cure.

Por cierto, la imagen de Robert Smith está presente como un fantasma icónico durante todo el filme, algo que sus fans agradecemos. El filme propone y suma secuencias que perduran, como esos paseos de los protagonistas en moto, sus incursiones en el mar en el velero Calypso o esa recopilación de miradas inflamadas mientras los protagonistas curan sus heridas tras una pelea en un parque de atracciones. Solo esa secuencia delicada y desnuda ya justifica todo un filme.
Otro de esos momentos mágicos y que procuran que el recuerdo de los días felices se transformen en manos de Ozon en una ensoñación que va más allá de lo físico, se da en la secuencia de la discoteca; en ella David y Alexis bailan desenfrenados hasta que el primero hace un aparte y aísla al joven enamorado colocándole unos walkman con la canción Sailing de Rod Steward, el tema silencia el repertorio de la discoteca y nos hace participes de ese regalo. Un momento cinematográfico muy bello.


De nuevo el cine de Ozon… no hace falta añadir más.

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Nota: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

AKELARRE (Dir. Pablo Agüero)

Texto: Yolanda Aguas

País Vasco, 1609. Los hombres de la región se han ido a la mar. Ana participa en una fiesta en el bosque con otras chicas de la aldea. El juez Rostegui, encomendado por el Rey para purificar la región, las arresta y acusa de brujería. Decide hacer lo necesario para que confiesen lo que saben sobre el akelarre, ceremonia mágica durante la cual supuestamente el Diablo inicia a sus servidoras y se aparea con ellas.

La película es de gran calidad visual, destacando de ella la impresionante fotografía que muestra de un lúgubre País Vasco en el año 1609. También es muy acorde la gran capacidad del filme en caracterizar no solo a los personajes, sino también las localizaciones, lo cual hace que perfectamente podamos involucrarnos en todo el ambiente. Sin duda, otro gran acierto de esta película, son las fantásticas interpretaciones. Destacan muy favorablemente las protagonistas que interpretan a las jóvenes acusadas de brujería, con una gran Amaia Aberasturi a la cabeza del magnífico reparto, lleno de nuevos nombres y jóvenes promesas del cine vasco.
Tal y como dice el título de la película, ‘Akelarre’ es grandiosa, y es que, la mejor escena del filme, es el propio akelarre, el cual se celebra al final de la película con una hilarante y escalofriante coreografía. Una escena esencial en la historia del cine vasco que una vez más, nos muestra otra historia, desde una perspectiva hasta ahora no vista, de la brujería vasca

El ritmo que cobra la película en determinados momentos, que hacen que haya instantes aburridos, densos e innecesarios.

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Nota: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

UNA PASTELERÍA EN NOTTING HILL (Dir. Eliza Schroeder)

Texto: Yolanda Aguas

Decidida a cumplir el sueño de su difunta madre de abrir una pastelería en Notting Hill, la joven Clarissa pide ayuda a la mejor amiga de su madre, Isabella, y a su excéntrica abuela, Mimi. Estas tres generaciones de mujeres necesitarán superar el dolor, las dudas y las diferencias para honrar el recuerdo de su amada Sarah mientras se embarcan en un viaje para establecer en Londres una tienda llenar de amor, esperanza y coloridos pasteles.
La película Una pastelería en Notting Hill acabará reuniendo a tres generaciones que intentarán por todos los medios llevar a buen puerto el sueño de la difunta Sarah (Candice Brown). El amor moverá a tres mujeres con personalidades muy distintas para intentar aportar la mejor versión de sí mismas para sacar la pastelería hacia adelante, y así, de alguna manera honrar el recuerdo de su ser querido.

Las interpretaciones de Shannon Tarbet, como Clarissa, Celia Imrie como Mimi y Shelley Conn como Isabella suponen el verdadero sustento y motor de la trama. Su fuerza y decisión caracterizan a este grupo de inexpertas emprendedoras, que deberán confiar en ellas mismas y en el apoyo de sus compañeras para mantener el negocio.
La película supone el debut en la dirección de Eliza Schroeder y en el guion para Jake Brunger, plantea en su inicio un melodrama que con el paso de los minutos irá transformándose en una comedia gastronómica, para finalizar como una comedia romántica al uso.
Se echará de menos durante todo el metraje algo más de arrojo y valentía para salirse del canon previamente establecido en este tipo de películas. Concluyendo, un relato amable aunque quizá demasiado edulcorado y ligero. Se echa de menos más riesgo tanto en su guion como en los elementos técnicos que la componen. Aún así resulta entretenida y vistosa, aunque no nos resulte lejana a un telefilm de sobremesa.

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Nota: Las fotografía insertada en este artículo es propiedad de sus autores.