Taylor está a punto de salir de prisión en libertad condicional tras pasar más de diez años encerrado. Lo único que tiene que hacer para lograrlo es no meterse en problemas durante una semana. Sin embargo, cuando le asignan como compañero de celda a un problemático preso llamado Dee, su oportunidad de ser libre corre peligro.

El director Cal McMau nos lleva al brutal mundo carcelario de Inglaterra a través de la visión de los guionistas Hunter Andrews y Eoin Doran. Se trata de un ambiente hostil al que se añade un nuevo elemento: la tecnología.
Mediante el uso de dos relaciones de aspecto distintas, tenemos dos puntos de vista dentro de la historia: el nuestro como espectadores y el de los propios presos, gracias al papel tan importante que la película concede a los teléfonos inteligentes. Esta alternancia se convierte en una herramienta narrativa bastante curiosa. El recurso aporta a la película una visión única y muestra cómo prácticamente todos los presos están completamente insensibilizados ante la violencia. Incluso se regodean en ella.
El personaje de Taylor, interpretado por David Jonsson, es el centro sobre el que gira toda la película. Taylor lleva una década en prisión y se le presenta la oportunidad de salir por fin en libertad condicional. Jonsson interpreta a un personaje muy perjudicado y cohibido, que se deja amedrentar y carece de esperanza hasta el momento en el que recibe la noticia. Salir significa poder ver por fin a su hijo, que ha crecido sin él.
Hombres de acero ofrece una nueva mirada al mundo carcelario y presenta una visión única mediante el uso de la tecnología como elemento narrativo.
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