PALMARÉS 50 ED. FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE HUESCA

La 50 edición del Festival Internacional de Cine de Huesca ha concluido. Para tan señalada edición ha contado con destacadas figuras internacionales que han recibido sus premios honoríficos. Diego Luna y Terry Gilliam

El PALMARÉS de la 50 edición ha sido el siguiente:

Texto y fotografías; Web oficial del 50HIFF


El cortometraje francés Solarium, de Jonathan Koulavsky; el colombiano Kun Bi, de Agamenón Quintero y Jorge Eliécer Alfaro; y You can´t automate me, de Países Bajos y Eslovenia dirigido por Katarina Jazbec, se han alzado con los Premios Danzante de los concursos internacional, iberoamericano y documental en el 50º Festival Internacional de Cine de Huesca. Tres trabajos que pasan así directamente a la preselección de los Oscar gracias a su triunfo en el certamen altoaragonés, en una edición que se cierra con un balance “sobresaliente” tal como ha subrayado su director, Rubén Moreno, “los cortometrajistas han regresado a la ciudad, el público ha apoyado todas las propuestas, hemos contado con unos homenajes de excepción y la repercusión internacional es incalculable”, concluye.


El jurado del Concurso Internacional encumbra con su Premio Danzante al cortometraje de Jonathan Koulavsky por su capacidad para mostrar la relación entre un chico y un animal, donde la responsabilidad gana sobre las ambiciones personales. Se trata de Solarium (Francia), donde se narra la historia de Johnny, un joven jockey que empieza a dudar de su vocación. En el apartado de animación, la ganadora ha sido una coproducción entre Suiza y Francia: Miracasas, el trabajo de Raphaelle Stolz se lleva el Premio Jinete Ibérico (que otorga el Instituto de Estudios Altoaragoneses) por su forma de abordar el tema de la muerte.
Otro de los trabajos premiados es el de Mark Gerstorfer que con Die unsichtbare grenze (Invisible border) se lleva la Mención Valores Humanos ‘Francisco García de Paso’. Un retrato desgarrador sobre lo cruel que puede ser la realidad cuando se aplican las normas sobre los inmigrantes. Además, el jurado ha otorgado una mención especial a Tierra (México), de Gustavo Gamero, por la importancia de un tema que debería conmover a la comunidad internacional y la sutileza con que está narrado.

COLOMBIA Y ESPAÑA DESTACAN EN EL CONCURSO IBEROAMERICANO
El fallo del jurado en el Concurso Iberoamericano otorga el Primer Premio Danzante a una historia extraordinaria que rompe los prejuicios de la mirada de Occidente hacia los pueblos indígenas. Kun Bi (Cortando leña) está enmarcado en el paisaje de la sierra y las costumbres del pueblo Arhuaco que permite a sus directores, Agamenón Quintero y Jorge Eliécer Alfaro, establecer un contundente diálogo entre los que se quedan y los que se van.
El Danzante Iberoamericano ‘Cacho Pallero’ quiere reconocer este año el uso magistral que hace la española Júlia de Paz de las herramientas narrativas del thriller para ponerlas a disposición de la desgarradora historia social que cuenta el cortometraje Harta.

UNA COPRODUCCIÓN EUROPEA SE LLEVA EL MEJOR DOCUMENTAL

La tercera de las categorías a concurso, la dedicada al Documental, ha premiado el trabajo de Katarina Jazbec con You can’t automate me (Países Bajos/ Eslovenia), del que el jurado ha destacado la originalidad a la hora de reflejar la parte mental del trabajo físico, además del tratamiento de la atmósfera y el tempo de un modo envolvente.
Mientras que A plena vista (México/Tailandia), de Luis Palomino, se lleva el Danzante Documental Iberoamericano ‘José Manuel Porquet’ porque, además de mostrar la realidad, participa en ella. Una mención especial destaca la originalidad estética y la capacidad de ir de lo personal a lo social por parte de Milý Tati (República Checa/Eslovaquia), de Diana Cam Van Nguyen.

DUO LI Y VIENTOS DE PRIMAVERA, MEJORES ÓPERAS PRIMAS
El Palmarés de la 50º edición lo completan las óperas primas, uno de los aspectos que nunca se descuidan en el certamen oscense. Son las cintas que decide el jurado joven y que este año recaen en Duo li (China), de Zou Jing en el concurso internacional, y en Vientos de primavera (España), de Carmen Pedrero. El primero por mostrar la difícil realidad de una mujer con intimismo y recursos narrativos esenciales, mientras que la producción española se lleva el Danzante Iberoamericano Ópera Prima ‘Alberto Sánchez’ por encontrar la manera de contarse a sí misma en un mar de historias sobre la propia aceptación adolescente.
El Festival de Cine de Huesca también otorga un premio del público y otro al mejor guion, ambos en esta ocasión se han quedado en España. Mientras que el primero ha sido para Entreterrestres, de Lucas Parra, el segundo ha recaído en La loca y el feminista, de Sandra Gallego y con guion de Pilar Gómez, gracias a los ágiles diálogos y al gran broche final que plantea.
La misma pluralidad que en los trabajos se ha visualizado en los jurados, con el director y productor Pablo Baksht, la actriz Ruth Gabriel y el director del Festival de Cracovia Krzysztof Gierat, en el Concurso Internacional. La periodista María Guerra, el director y guionista Álex Rodrigo y el actor Edgar Vittorino han sido los encargados de valorar el Iberoamericano, mientras que en Documental se ha contado con el actor y promotor griego Simos Kyparissopoulos y los cineastas Helena de Llanos y Germán Roda. Completan los jurados Pablo Parra y Ana Mora, en Guión, y Alba Forradellas, Alba Goñi, Carlos Cousillas, Irene Atarés, Nicole Cajas y Noelia Tobajas como jurado joven de esta 50º edición.

De este modo, se cierran las “bodas de oro” del festival con un primer balance “sobresaliente” en palabras del director de la cita, Rubén Moreno. Tras dos años de restricciones, en este importante aniversario “los cortometrajistas han regresado a la ciudad, el público ha apoyado todas las propuestas, hemos contado con unos homenajes de excepción y la repercusión internacional es incalculable”, asegura Moreno. Concluyen así nueve días donde Huesca se ha convertido en un referente cinematográfico con cortometrajes llegados de todo el mundo y nombres propios tan destacados como Diego Luna o Terry Gilliam.

MAIGRET (Dir. Patrice Leconte)

París, década de 1950, el cuerpo de una hermosa joven vestida con un elegante traje de noche aparece en mitad de una plaza. El célebre inspector Jules Maigret se encarga de investigar el caso, pero le resulta imposible identificar a la víctima, porque absolutamente nadie parece haberla conocido ni recordarla. En el transcurso de sus indagaciones, el camino de Maigret se cruza con el de Betty, una joven delincuente con un parecido sorprendente con la víctima. Todo ello despierta en Maigret el recuerdo de otra desaparición mucho más antigua e íntima.
Maigret es probablemente el personaje favorito del autor belga Georges Simenon, tanto entre sus lectores como entre los espectadores de sus múltiples adaptaciones tanto para la gran como para la pequeña pantalla. Jules Maigret, o simplemente Maigret, es un detective de policía francés ficticio, un comisario («commissaire») de la Brigada Criminelle de París (Direction Régionale de la Police Judiciaire de Paris: 36, Quai des Orfèvres).

En la película de Leconte, la edad empieza a pesarle a Maigret. Está mayor, mermado de fuerzas y cansado. De hecho, en la película ese cansancio parece extenderse a todo París, que aparece gris y apagado, triste y sucio. La trama policial va progresando en el ritmo tranquilo y pausado habitual en Maigret, y, en realidad, resolverlo no es lo más importante de la película. El asesinato de la muchacha sirve para descubrir un mundo sórdido y oscuro, un lado siniestro de la sociedad, que devora y escupe a jóvenes como la muchacha asesinada. Encontrarse con este turbio ambiente y sus víctimas va ensombreciendo aún más el ya melancólico estado de ánimo del protagonista. Dicho esto, el caso policial está bien narrado, y es verosímil a la par que conmovedor.

Elegir a Gerard Depardieu para dar vida a nuestro protagonista es todo un acierto. El físico poderoso del actor se imbuye de dignidad y bonhomía, y su evidente sobrepeso casa perfectamente con la edad y el cansancio del inspector. Con su aire imponente, sus anchas espaldas y sus andares pesados, a los que se añaden en proverbial bombín y el abrigo grueso, tiene el físico perfecto para el papel.

El gran actor francés Gerard Depardieu, representa maravillosamente esa tristeza honda e imborrable del hombre que es muy consciente de sus errores, y que tiene muy claro que sus mejores días ya han pasado. Solo por ver su interpretación ya vale la pena ver el filme.

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EL PERDÓN (Dir. Maryam Moghadam)

Estamos ante la ópera prima de Maryam Moghadam y la segunda película de ficción de Behtash Sanaeeha. Moghadam también firma el guion y es la actriz protagonista. La película se engloba en un grupo de cine en auge en Irán, donde se cuentan historias de naturaleza social, algo que no es nada sencillo, debido a la censura que existe.

El filme formó parte de la Sección Oficial del Festival de Cine de Berlín, y aquí en nuestro país se pudo ver antes de su estreno comercial, dentro de la Sección Oficial del Festival de Cine de Valladolid (Seminci), donde tuvo una gran acogida. La película es claramente el retrato de una injusticia, la que vive Mina, una mujer cuya vida da un giro radical cuando se entera de que su marido Babak era inocente del crimen por el que fue ejecutado. Irán es un país donde la injusticia alcanza cotas extremas en muchos casos.

La historia refleja bastante bien cómo viven las mujeres en un entorno de violencia e inferioridad, y cómo después de quedarse viudas, su entorno las lleva a la invisibilidad, y tienen que trabajar duro para sacar adelante a su familia. Las autoridades la piden perdón a Mina y ofrecen una compensación económica, pero para ella no es suficiente y emprende una lucha sin cuartel contra el sistema. Cuando parece que todo está perdido aparece en su vida, y en la de su hija Bita, un hombre extraño y solitario que intenta ayudar a la protagonista diciéndole que tenía una deuda pendiente con su marido.

La película está muy bien dirigida, utilizando primeros planos y largas tomas que permiten a sus protagonistas acercarse y distanciarse de la cámara de una manera muy especial. La fotografía también tiene mucha importancia.
Es una historia dura, pero sobre todo es muy valiente.

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Nota: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

LIVE IS LIFE (Dir. Dani de la Torre)

Live is Life. La gran aventura’, la nueva película de Dani de la Torre, el director de ‘El desconocido’, ‘La sombra de la ley’ y la exitosa serie ‘La unidad’, que aquí cambia de registro en una película basada en relatos de Albert Espinosa (‘El mundo amarillo’, ‘Pulseras rojas’) y con la que busca conectar con los espectadores con las aventuras de un grupo de adolescentes en la Ribeira Sacra gallega durante el verano de 1985.

Aceptablemente rodada y montada en su previsible desarrollo, tiene en su banda sonora su principal aliado. Live is life captura y recrea un cierto espíritu de época. El famoso y pegadizo himno rock del grupo austriaco Opus da título y pone el contexto de época (estamos, una vez más, en los años ochenta) para este filme de aventuras juveniles.

La película está protagonizada por cinco jóvenes que debutan por primera vez en la gran pantalla. Adrián Baena, es Rodri un joven de Barcelona, que va a pasar la noche de San Juan a su pueblo en Galicia, donde se reencontrará con sus amigos. El resto de la pandilla está interpretada por Juan Manuel del Pozo y Raúl del Pozo, que hacen de los hermanos Álvaro y Maza; David Rodríguez, es Suso y por último Javier Casellas se mete en la piel de Garriga.

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Nota: las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.s

SUNDOWN (Dir. Michel Franco)

Los Bennett son una familia adinerada, herederos de un emporio británico de la industria cárnica. Una pareja y dos adolescentes que se lo pasan en grande hasta que un deceso los obliga a regresar apresurados a Londres. El personaje de Roth olvida el pasaporte y promete viajar en el próximo vuelo. O quizá prefiera no cogerlo y quizá no haya olvidado el documento.
La última película del realizador mexicano Michel Franco en la que nada es lo que parece, protagonizada por Tim Roth y Charlotte Gainsbourg, que recoge las vacaciones en uno de lo resorts que hay en la paradisíaca Acapulco.

Aunque toda la familia decide volver a Londres menos Neil, a quien da vida Tim Roth, que asegura haberse dejado el pasaporte en el hotel y dice que cogerá el siguiente vuelo. Estamos ante una película incómoda que juega a despistar continuamente al espectador.
Michel Franco (1979), iniciado en el largo en el 2009, consigue un filme singular, imprevisible, un retrato existencial complejo en torno a un tipo que pareciera estar de más en el mundo y al que todo y todos le importaran muy poco o nada. Realmente, eso creemos los espectadores hasta los minutos finales, cuando descubrimos el quid de su actitud.

Con su guion, Franco hará que acompañemos al protagonista en su peculiar infierno personal y de paso por el lado oscuro de la ciudad, resumen de no pocas lacras vinculadas a la arremetida turística. Al tiempo, aquella aparente desidia inicial y aquel desinterés personal que mostraba va cobrando sentido. Propuesta tan lúcida como arriesgada, tan inquietante como descorazonadora, pero que contribuye a hacer del cine algo grande y en las antípodas de la banalidad rampante que asola las pantallas.

Interesante película.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

LA CONFERENCIA (Dir. Matti Geschonneck)

El 20 de enero de 1942, destacados representantes del régimen nazi alemán se reunieron en una villa de Berlín-Wannsee para una reunión que pasó a la historia como la Conferencia de Wannsee, en la que se decidió el asesinato sistemático de 11 millones de judíos. La novelización de la historia en los relatos fílmicos tiende a la búsqueda de lo fotogénico en pos, no tanto del rigor histórico, y sí de la consecución de un relato funcional en términos de película. Así, muchas veces se busca la consecuencia más que la causa, la disputa más que su génesis, la descontextualización forzada en favor del relato. La conferencia da por sentado que el espectador sabe lo que sigue al momento histórico que muestra. A partir de ahí, miremos con estupor esta confabulación de canallas.

Destacadas figuras del partido nazi se reúnen en una villa de Berlín, Wannsee. El objetivo de dicho encuentro es deliberar sobre qué hacer con los judíos dispersos no solo en territorio alemán, sino en toda Europa. La conclusión de dicha reunión es aniquilar a 11 millones de personas. La película, con una propuesta formal básica, y una estética de época, te sumerge en un juego de lo más macabro e inquietante. De manera nada juiciosa te muestra a personajes de moral satánica guiados por el diabólico fanatismo nazi. El espectador se encuentra un panorama de “civilizados” genocidas, y el ejercicio de proyección se torna problemático. Con una concepción espacial algo teatral, a lo 12 hombres sin piedad de la maldad, se encierra la diégesis en un espacio del que no se puede escapar de la reflexión “racional” del genocidio.

Aquí aparece la reflexión crítica más visible de la película, la burocracia y la tecnocracia que, esgrimidas con perversidad, constituyen una poderosa herramienta para el propósito nazi. Se dialoga sobre cómo hacer más eficiente el asesinato de millones de judíos recurriendo a la tecnología y a ciertas técnicas organizativas. La conferencia es interesante porque adopta una perspectiva novedosa del genocidio judío a manos de los nazis; porque pone al espectador en una situación incómoda; porque muestra con inquietante frialdad y normalidad la génesis del asesinato de seis millones de personas. Es una película que enriquece con asombrosa capacidad el imaginario colectivo de un triste hecho histórico.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

ARTHUR RAMBO (Dir. Laurent Cantet)

Esta vez el cineasta francés centra su objetivo en el mun­do de las redes sociales, a través de la historia de un jo­ven escritor hijo de inmigrantes en plena cúspide de la fa­ma y su descenso a los infiernos, cuando se descu­bre su perfil de Twitter. La película se inspira en unos su­ce­sos ocurridos en Francia hace unos años -el caso era muy similar-, pero podría decirse simplemente que está ba­sada en hechos reales y cotidianos. Vivimos a diario la vi­ralización y el linchamiento en ese gran patio de vecinos que son las redes sociales, y concretamente, Twitter.

La acción transcurre en apenas 48 horas y Cantet plan­tea la historia en muy pocos minutos, con un arranque súper contundente desde el punto de vista narrativo y también emocional. Podría decirse que en los cinco pri­meros minutos de película todas las cartas que van a jugarse en la historia están encima de la mesa. ¿Y el res­to del metraje? Habrá quien considere que la cinta se re­pite o ralentiza. Personalmente soy de las que piensa que ese ir y venir del protagonista, ese hundimiento -de fiestas privadas con palmaditas en la espalda a reunio­nes amargas con los editores- está maravillosamente bien contado, con ese desconcierto e impotencia que pro­voca una virtualidad aparentemente lúdica pero que tie­ne consecuencias devastadoras en la vida real.

En la trastienda de la película de Cantet está, por supuesto, el peligro de que las redes fomenten el discurso del odio, pero está también el riesgo de la cancelación, la censura, el ostracismo, la falta de libertad de expresión o, simplemente, el silencio. Todo esto se encierra en ochenta y siete minutos de buen cine, con sólidas interpretaciones, un arriesgado montaje y un guion provocativo. En definitiva, una de las apuestas más sugerentes de los últimos meses.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

JULIETTE BINOCHE (Premio DONOSTIA y Cartel Oficial 70 EDICIÓN SSIFF)

Texto y fotografía: Web oficial del SSIFF

Juliette Binoche protagoniza el cartel oficial de la 70 edición y recibirá uno de los Premios Donostia
La actriz francesa recogerá la distinción en una gala que incluirá la proyección de ‘Avec amour et acharnement (Fuego)’, película dirigida por Claire Denis.

Juliette Binoche, una de las actrices europeas más internacionales, protagoniza el cartel oficial de la 70 edición del Festival de San Sebastián, que se celebrará del 16 al 24 de septiembre. Ganadora de un Óscar por su trabajo en The English Patient (El paciente inglés, Anthony Minghella, 1996), la intérprete francesa visitará la ciudad por cuarta vez para recibir uno de los Premios Donostia de este año en reconocimiento a una dilatada carrera en la que ha encarnado a cerca de 75 personajes, desde heroínas poderosas a seres frágiles, pasando por personajes históricos, roles dramáticos y papeles cómicos.
La ceremonia de entrega del galardón tendrá lugar en el Auditorio Kursaal y contará con la Proyección Premio Donostia de Avec amour et acharnement / Both Sides of the Blade (Fuego, 2022), película con la que Claire Denis ganó el Oso de Plata a la Mejor dirección en el último Festival de Berlín y que cuenta en su elenco con Vincent Lindon, Grégoire Colin y la propia Binoche.

Tras dar sus primeros pasos en el teatro y formarse como actriz en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, Juliette Binoche (París, 1964) debutó en el cine con Liberty Belle (Pascal Kané, 1983), a la que siguieron algunos papeles en obras de cineastas como Jean-Luc Godard (Je vous salue, Marie / Yo te saludo, María, 1985), Jacques Doillon (La vie de famille, Sección Oficial, 1985) o André Techiné (Rendez-vous / La cita, 1985), con quien volvió a coincidir años más tarde en Alice et Martin (Alice y Martin, 1998). La icónica Mauvais sang (Mala sangre, 1986) supuso su primera colaboración con Leos Carax, a cuyas órdenes también filmó Les amants du Pont-Neuf (Los amantes del Pont-Neuf, 1991).
Desde los inicios de su carrera ha alternado títulos rodados en francés con otros muchos realizados en inglés como las adaptaciones literarias de The Unbearable Lightness of Being (La insoportable levedad del ser, Philip Kaufman, 1988), Wuthering Heights (Cumbres borrascosas, Peter Kosminsky, 1992) o Damage (Herida, Louis Malle, 1992), en las que actuó con Daniel Day-Lewis, Ralph Fiennes y Jeremy Irons, respectivamente. Otras figuras con las que ha compartido reparto durante su carrera son Mathieu Amalric, Daniel Auteuil, Judi Dench, Steve Carell, Catherine Deneuve, Johnny Depp, Ethan Hawke, Mathieu Kassovitz, Samuel L. Jackson, Denis Lavant, Olivier Martinez, Clive Owen y Robert Pattinson.

Binoche encarnó a una mujer en duelo en la película que inauguró la célebre trilogía de Krzysztof Kieslowski, Trois couleurs: Bleu (Tres colores: Azul, Zabaltegi, 1994), por cuyo trabajo recibió el Premio a la Mejor actriz en el Festival de Venecia y un Premio César, distinción a la que ha optado en nueve ocasiones más. También fue la novelista George Sand en Les enfants du siècle (Confesiones íntimas de una mujer, Diane Kurys, 1999). Pero el reconocimiento internacional masivo le llegó gracias a su inolvidable personaje de enfermera en The English Patient (El paciente inglés, 1996), que le proporcionó el Óscar a la Mejor actriz de reparto y el Premio a la mejor actriz en el Festival de Berlín.
Ha trabajado al mando de cineastas europeos como Jean-Paul Rappeneau, que clausuró fuera de concurso la Sección Oficial del Festival de San Sebastián con Le hussard sur le toit (El húsar en el tejado, 1995); Chantal Akerman (Un divan à New York / Romance en Nueva York, 1996), Patrice Leconte (La veuve de Saint-Pierre / La viuda de Saint-Pierre, 2000), Lasse Hallström (Chocolat, 2000), John Boorman (Country of My Skull / Un país en África, 2004) y Michael Haneke, con quien ha rodado dos obras fundamentales: Code inconnu: Récit incomplet de divers voyages (Código desconocido, 2000) y Caché (Escondido, 2005). En 2002, además, protagonizó Décalage horaire (Jet Lag, Danièle Thompson), filme con el que visitó San Sebastián por primera vez para clausurar la Sección Oficial fuera de competición.
Otros títulos destacados de su filmografía incluyen Mary (Abel Ferrara, Perlak, 2005), Le voyage du ballon rouge (El vuelo del globo rojo, Hou Hsiao-Hsien, 2007), Disengagement (Amos Gitai, 2007) y Shirin (Abbas Kiarostami, 2008), con cuyo director volvió a trabajar en Copie conforme (Copia certificada, 2010), una historia de amor ambientada en la Toscana que le valió el Premio a la Mejor actriz en el Festival de Cannes.

Juliette Binoche ha compaginado papeles en grandes superproducciones de acción como Godzilla (Gareth Edwards, 2014) o Ghost in the Shell (Ghost in the Shell: el alma de la máquina, Rupert Sanders, 2017) con trabajos para autores de la talla de David Cronenberg (Cosmópolis, 2012), Isabel Coixet (Nadie quiere la noche, 2015) o Bruno Dumont, con quien ha actuado en Ma Loute (La alta sociedad, 2016) y Camille Claudel 1915 (2013), en la que encarnó a la reconocida escultora Camille Claudel. También son frecuentes sus incursiones con el cineasta Olivier Assayas, que la ha dirigido en L’heure d’été (Las horas del verano, Perlak, 2008), Clouds of Sils Maria (Viaje a Sils Maria, 2014) y Doubles vies (Dobles vidas, 2018).
En 2018 la actriz regresó a San Sebastián para presentar dos películas que compitieron en la Sección Oficial: Vision (Viaje a Nara / Vision), un relato místico de Naomi Kawase, y High Life, una nueva colaboración con Claire Denis enmarcada en el género de la ciencia ficción que obtuvo el Premio Fipresci. Junto a esta directora, con quien ya había rodado Un beau soleil intérieur (Un sol interior, 2017), ha trabajado recientemente en una película que compitió en la última Berlinale, Avec amour et acharnement (Fuego, 2022), la historia de un triángulo amoroso que Binoche forma junto a Vincent Lindon y Grégoire Colin. Será la Proyección Premio Donostia que acogerá el Auditorio Kursaal tras la gala en la que la actriz recibirá el galardón.

Entre sus últimos trabajos también figuran La vérité (La verdad, Perlak, 2019), de Hirokazu Koreeda, con quien la actriz viajó a San Sebastián por tercera vez, y Ouistreham (En un muelle de Normandía, Emmanuel Carrère, 2021), que el año pasado participó en Perlak y se alzó con el Premio del Público Ciudad de Donostia / San Sebastián a la mejor película europea.

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Nota: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

EL UNIVERSO DE OLIVER (Dir. Alexis Morante)

Año 1985. Óliver, un niño con una imaginación desbordante, se muda con su familia al rincón más al sur de Europa, justo cuando está a punto de pasar el Cometa Halley. Estos acontecimientos marcarán un antes y un después en la vida emocional de Óliver, que buscará en las estrellas la solución a sus problemas en el nuevo colegio, en el barrio y en casa. Para colmo, su abuelo, apodado “el majara”, se anima a ayudarle a interpretar el mensaje del cometa y dar un paso al frente en su nuevo universo.

Estamos ante un filme dirigido fundamentalmente a un público juvenil en la línea de E.T. y Regreso al futuro (véase el personaje del abuelo Gabriel) con guiños continuos a Harry Potter e incluso a Manolito Gafotas. Rodada en Algeciras, la acción se sitúa en Campo de Gibraltar en 1985 (acabadas descripciones del mundo laboral de la época), semanas antes del último avistamiento del cometa Halley. Oliver, que acaba de trasladarse con sus padres a la zona, se encuentra con las dificultades añadidas a su adolescencia que le supone un nuevo entorno: nuevo colegio, nuevo barrio (donde tendrá que relacionarse con gitanos) y, en su casa, un ambiente familiar enrarecido debido al paro de su padre.
Será gracias al abuelo Gabriel, concentrado en un mundo irreal basado en la astronomía y en el cometa Halley, que Oliver irá superando sus dificultades entrando a asumir la realidad de la muerte y la importancia de la amistad y del amor. El abuelo tratará de convencer a su nieto del papel fundamental del destino y del azar (lo que las estrellas nos dan y nos quitan), pero más allá de estos factores lo que ayudará sobre todo a Oliver será un proceso de maduración personal que tenga en cuenta el amor a la familia, el valor de la amistad, la solidaridad con los demás (en este caso, con sus vecinos gitanos).

Película bien realizada y ambientada, con ritmo vibrante, conmovedor en ocasiones, y que cuenta con muy buenas interpretaciones de María León, Salva Reina, Pedro Casablanc y el niño Rubén Fulgencio. A estos elementos se le añaden una ajustada música de Julio de la Rosa y una excelente fotografía de Carlos García de Dios. La película se demora muchas veces en un acercamiento más realista e intimista (las escenas familiares y el proceso de maduración del protagonista citado antes) con el que quiere equilibrar un excesivo despliegue de fantasía.

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Nota: La fotografía insertada es propiedad de su autor.

UN NUEVO MUNDO (Dir. Stéphane Brizé)

Empieza con un clásico paneo de fotografías enmarcadas de dos novios enamorados, un orgulloso padre primerizo con su hija, una familia feliz de cuatro miembros, y una familia ligeramente envejecida en la graduación de la hermana mayor… Luego, Un nuevo mundo, rápidamente y sin compasión hace honor a su título, ya que vemos a Philippe (Vincent Lindon) y a Anne Lemesle (Sandrine Kiberlain, su exesposa en la vida real), los novios de la foto, en el despacho de un abogado durante las intensas negociaciones de un acuerdo de divorcio. La causa es el trabajo de Philippe (en los últimos años, han pasado seis fines de semana juntos, calcula Anne con frialdad). En una escena realista donde la tensión va en aumento, vemos rabia, acusaciones, resentimiento, lágrimas y, por último, una profunda tristeza.

Corte abrupto hacia un montaje de la vida cotidiana de Philippe: traje y corbata, pastilla, probablemente para el corazón o la presión arterial, cinta de correr en el gimnasio; una metáfora apropiada de la carrera de ratas. Otro corte para ver la realidad laboral de Philippe, comiéndose esos fines de semana que debería pasar en casa. La gestión eficiente, captada mediante una serie de enérgicas escenas de reuniones de la junta directiva, siempre se puede mejorar. La oficina central, con sede en Estados Unidos, acaba de exigir una reducción de gastos en las operaciones europeas, y los jefazos franceses anuncian el plan de despido a los respectivos directores. Hay juego sucio (“Alemania ya lo ha conseguido”) y los directores recurren a su farol (“Ayer hablamos con Alemania, están en el mismo atasco”). Sea como fuere, las dos realidades de Philippe esperan con expectación los resultados, impulsándolo hacia un posible colapso.
El director y el guionista del filme ofrecen una posibilidad de redención cuando un problema familiar urgente, que involucra a su hijo Lucas, diagnosticado de TEA, obliga a dejar a un lado las crisis corporativa y familiar. En este paréntesis para respirar, Philippe diseña un plan para encontrar una solución beneficiosa para todos los implicados. El resultado, plausiblemente abierto, requiere reevaluación, indicios de reconciliación y un poco de juego sucio.

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Nota: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.