La familia Vidal pasa en su casa de verano las últimas vacaciones de la abuela Ángela, que sufre Alzheimer avanzado. Por primera vez en su vida, Nora, de 14 años, siente que no encuentra su lugar. Los juegos de niños le parecen ridículos y las conversaciones de los adultos todavía le van grandes. Pero todo cambia con la llegada de Libertad, de 15 años e hija de Rosana, la mujer colombiana que cuida a Ángela. Rebelde y magnética, Libertad se convierte en la puerta de entrada a un verano distinto para Nora, y las dos chicas rápidamente forjan una amistad intensa y desigual. Juntas salen de la burbuja de protección y confort que supone la casa familiar, descubriendo un mundo nuevo en el que Nora se siente más libre que nunca.
No alcalzo a comprender las buenas críticas, en general, que ha tenido esta película. Durante todo su desarrollo apenas encontré nada de interés, salvo la interpretación de la veterana Vicky Peña. El resto de intérpretes se pierden en sus papeles.
Este filme quiere tratar las diferencias de clase, y las consecuencias que tiene haber nacido en una determinada familia y país. Siendo una ópera prima, no se puede exigir demasiado a su guionista y directora, pero espero que en los próximos trabajos acierte en sus propuestas como, lamentablemente, no ha logrado hacer aquí.
En Valldemossa, un pequeño pueblo del interior de Mallorca, Anna (Eva Martín) y Marina (Elia Galera), dos hermanas que fueron separadas en su adolescencia, se encuentran de nuevo para vender una panadería que han heredado de una misteriosa mujer a la que creen no conocer. Las hermanas son dos mujeres con vidas muy diferentes. Anna apenas ha salido de la isla y sigue casada con un hombre al que ya no ama. Marina viaja por el mundo trabajando como doctora para una ONG. Mientras intentan descubrir los secretos que encierra su enigmática herencia, Anna y Marina tendrán que hacer frente a viejos conflictos familiares e intentar recuperar los años perdidos.
La propia autora del libro en el que se basa esta película, Campos (que tiene bastantes conocimientos cinematográficos), colabora con Benito Zambrano, su director (‘Solas’, ‘La voz dormida’, ‘Intemperie’), en la elaboración del guion. Ambos logran atraer y mantener el interés hacia este relato intimista en el que todos los personajes evolucionan en función de los acontecimientos.
La vida abriéndose paso entre la muerte. Una hija en edad rebelde. Trapicheos financieros y la hucha vacía. El despertar del instinto maternal. El reencuentro de dos hermanas perdidas. Y una panadería en un lugar detenido en el tiempo. Elia Galera, haciendo de hermana todoterreno, y Eva Martín, como la exquisita, están fabulosas y magníficamente creíbles, soportando estoicamente la dureza de la trama. Claudia Fazi, entrañable como panadera introvertida, recelosa y con carácter. Mariona Pagès, esa joven que aprende a ser hija. Marilú Marini, simpatía argentina y punto de contacto con la realidad. Tommy Schlesser y Pere Arquillué, dos versiones tan distantes de lo que puede ser el apoyo de una pareja. Formidables todos ellos en sus roles, aportando interpretaciones especialmente naturales. En ‘Pan de limón con semillas de amapola’, como se dice en algún momento, “la vida es un cambalache”. Te da media vuelta y todo cambia. Habla de mundos distantes y de elecciones para seguir adelante.
Una película amable, aunque trate temas muy duros como la enfermedad y la muerte. Deja momentos para recordar.
Durante la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, el ingeniero Greville Wynne (Benedict Cumberbatch) se infiltra como espía en el MI6, servicio de inteligencia británico. Cuando la crisis de los misiles cubanos promete inclinar la balanza a favor del país soviético, Wynne comenzará a trabajar con la CIA para filtrar información sobre el plan que tienen en marcha los rusos y así evitar una catástrofe. La trama de la película de Cooke comienza en la conflictiva década de los años sesenta, cuando la Guerra Fría estaba en unos niveles alarmantes, en cuanto a la posibilidad de un enfrentamiento nuclear entre la U.R.S.S. y USA. En medio semejante clima de tensiones internacionales, un hombre de negocios llamado Greville Wynne (Benedict Cumberbatc) es contactado por el MI6 británico, para que se reúna en Moscú con un supuesto y misterioso disidente del politburó. Wynne se resiste a participar en primera instancia, ya que no sabe nada sobre operaciones de este tipo; pero al final accede a la propuesta. Una vez en la capital soviética, el protagonista toma contacto con el general Oleg Penkovsky (Merab Ninidze), el individuo encargado de proporcionarle documentos relativos a las actividades del gobierno presidido por Nikita Krushchev. Tras conocerse, los dos inician una amistad que acabará drásticamente.
Dominic Cooke desarrolla una historia que posee la fuerza de estar basada en hechos reales, y la cual se alimenta de la potente actuación de Benedict Cumberbatch; pero es incapaz de desarrollar una atmósfera lo suficientemente inquietante, como para reproducir con credibilidad el clima de terror latente que se vivía en el universo de secretos mortales de la época de los bloques capitalista y comunista. Parte de la culpa de ese error a la hora de construir un escenario convincente la tiene el hecho de que la mayoría de los personajes que deambulan por la película carecen de entidad propia, y solo se mueven por cauces demasiado tópicos o desdibujados. De la desconcertante y fría Emily Donovan (Rachel Brosnaham) al caricaturizado Krushchev, el resto de los roles quedan como simples sombras, en una obra que únicamente centra su atención en la capacidad dramática de Cumberbatch.
El espía inglés hace echar de menos los títulos clásicos de ese tiempo dominado por secretos oficiales embutidos en maletines oscuros; y de agentes con gabardina y sombrero, intercambiando informaciones sorprendentes y demoledoras. Un género que Dominic Cooke únicamente toca de manera tangencial.
Francia, 1386. Cuenta el enfrentamiento entre el caballero Jean de Carrouges (Matt Damon) y el escudero Jacques LeGris (Adam Driver), al acusar el primero al segundo de abusar de su esposa, Marguerite de Carrouges (Jodie Comer). El Rey Carlos VI decide que la mejor forma de solucionar el conflicto es un duelo a muerte. El que venza será el ganador, sin embargo, si lo hace el escudero, la esposa del caballero será quemada como castigo por falsas acusaciones. El director vuelve a componer una de las mejores películas de su filmografía, no solo por ser una historia bien armada sino por ser capaz, además, de abordar algunos de los temas más candentes de la actualidad recurriendo a algo ocurrido en el siglo XIV. Pasado y presente se dan la mano. Sirve de base a este relato el libro escrito por Eric Jager en 2004 titulado «El último duelo: una historia real de crimen, escándalo y juicio por combate en la Francia medieval» que narra el último duelo a muerte documentado en Europa.
Sucedió en 1386 en un monasterio de París contando con el rey de Francia Carlos VI, su esposa y un buen número miembros destacados de la corte como espectadores. Los contendientes eran el caballero noble sir Jean de Carrouges y el escudero Jacques Le Gris, mano derecha de su señor, el conde Pierre d’Alençon. La afrenta, cuya resolución quedaba «en manos de Dios» no era otra que la violación de Marguerite de Thibouville, la esposa de Carrouges, por parte de Le Gris, si bien en verdad de lo que se trataba era de limpiar el honor de los dos hombres, antiguos compañeros de batalla y con intereses cruzados. La forma de dictar justicia era simple: quien sobreviviera al combate, tendría la razón. La disputa fue uno de los grandes eventos de la época, congregando a multitudes deseosas por conocer el resultado del lance. En manos de un director como Ridley Scott, amante de la Historia y con una increíble capacidad para desarrollar un drama humano de este calado, todo ese trabajo ha sabido cobrar vida de una forma verosímil con un diseño de producción despampanante y resonar con fuerza gracias al guión escrito a tres bandas por Nicole Holofcener, Ben Affleck y Matt Damon. La estructura de la película es circular y se articula en bloques: tenemos una introducción en la que vemos el duelo inminente y a continuación se nos narra la perspectiva de Jean de Carrouges, la de Jacques Le Gris y finalmente la de la propia Marguerite antes de asistir al desenlace, en el que regresamos a esa secuencia inicial para completarla y conocer su final.
Del conjunto destaca especialmente Jodie Comer, una actriz versátil y magnífica a la que hemos visto en La princesa blanca, Killing Eve o más recientemente en Free Guy. Aborda el papel más complicado de El último duelo en el que son muy importantes los matices. Acompañada por un adusto Matt Damon, un brutal Adam Driver o un transformado Ben Affleck le dan la réplica de maravilla. En resumidas cuentas, El último duelo es de obligatorio visionado. Una película con un fuerte discurso, muy actual y pertinente en los tiempos que vivimos, que recrea además con extremado gusto y detalle los usos y costumbres de una época que parece lejana.
Un espíritu burlón, una nueva versión del clásico basado en la obra teatral de Noël Coward estrenada en 1941. Fue llevada a la gran pantalla en 1945 por David Lean (Lawrence de Arabia), y ahora, es el director televisivo Edward Hall (Downton Abbey) quien nos ofrece esta nueva versión.
Charles (Dan Stevens) es un escritor de renombre que sufre un bloqueo mental. Su mujer Ruth (Isla Fisher) trata de ayudarlo para que encuentre la inspiración y organiza una velada con la médium Madame Arcati (Judi Dench). Accidentalmente, esta invoca a la fallecida mujer de Charles, Elvira (Leslie Mann), que solía ser su musa. Viendo que su marido se ha vuelto a casar, la celosa Elvira se encargará de hacerle la vida imposible. Si hay algo que resalte de Un espíritu burlón, es lo bien que están los actores en sus papeles. Destacando por supuesto a Dan Stevens (The guest), magnífico en cada una de sus escenas. El humor británico que desprende toda la película con sus gags y chistes está siempre en buenas manos gracias a un reparto que cumple a la perfección el tono buscado. Quedan en tablas unas sensacionales Isla Fischer y Leslie Mann, y a la gran Judi Dench se le reserva el único primerísimo primer plano porque ella puede con todo. Sin embargo, la película no logra alcanzar un nivel alto. Lo más destacable es su magnífica banda sonora, será una joya tener ese cd.
Hay cosas que en pantalla grande no funcionan. La obra de teatro de Un espíritu burlón funciona a las mil maravillas. De hecho, ha sido representada infinidad de veces con gran éxito. Pero las herramientas de las que dispone una película son totalmente diferentes a las del teatro.
El director Edward Hall le insufla poca vida a sus imágenes, haciendo que los chistes funcionen por el corte en montaje de la escena o por la constante música de fondo que nos indica que nos debemos reír, dejando así todo el peso cómico en las teatrales actuaciones (exageradamente justificadas) de sus actores.
Año 1982. Un joven policía curtido en los barrios más duros de Madrid acepta un destino en un pueblo de mar con la esperanza de curar a su hija y, de paso, ganar algo de tranquilidad. Una vez allí, se ve envuelto en la investigación del extraño asesinato del inspector al que ha de sustituir. Las pesquisas le llevarán hasta un hotel playero donde una comunidad de ancianos nazis, reclamados por muchos países por crímenes contra la humanidad, vive un retiro paradisiaco y feliz.
Mientras se mueve por el terreno policial, ‘El sustituto’ se luce gracias a una narración ágil y a la buena recreación de la época, acotada sobre todo entre el Mundial de Fútbol y el ‘cambio’ que llegó con la victoria del PSOE en las elecciones. Menos redondo es el guion que firman Óscar Aibar y María Luisa Calderón. A medida que se internacionaliza y se adentra en las oscuridades del pasado, la narración se desorienta un poco, el ritmo se trastabilla y las grandes revelaciones se vuelven más ambiciosas que eficaces. Por suerte, no hay demasiadas escenas de acción, al menos las del cuerpo a cuerpo. Chirrían menos las carreras sobre ruedas.
Lo ideal sería no saber nada de la parte nazi de la historia, que también pillara por sorpresa al espectador, pero el cartel y el tráiler son los primeros en descubrir el pastel. Los actores alemanes, falsos o verdaderos, dan el pego, pero los villanos españoles de ‘El sustituto’ son grotescos y esquemáticos. Si hay alguno más interesante, tiene escaso recorrido. Todo ello hace que a medida que nos acercamos a la resolución de la historia, empiece a importar menos el lugar exacto de aterrizaje.
Lo mejor de la película radica en las interpretaciones de Vicky Luengo y Susi Sánchez , no necesitan más que su talento para ser la misma persona, nada menos que los ojos de la historia.
Eve (Catherine Frot) creaba las rosas más famosas del mundo, pero ahora está pasada de moda, un poco amargada y con una empresa al borde de la bancarrota. Vera, su fiel asistente, no puede dejar que lo que lleva defendiendo toda la vida desaparezca sin más y “contrata” a tres personas que provienen de un programa de inserción social para evitar caer en las garras de un codicioso empresario del sector. Con todas las ganas del mundo y muy pocas habilidades en jardinería, ponen en marcha un plan loco, pero brillante, para cambiar el destino del negocio familiar.
Esta amable pelícujla cuenta la historia de la señora Vernet, marcada por el legado de su padre en el negocio, pasa dificultades económicas mientras un poderoso empresario la presiona. No esperen un retrato agresivo y tirano del empresario. Es un hombre que quiere seguir contando con el talento de la señora Vernet y que ella lidere la parte creativa del negocio. Esta historia con un guion coherente podría haber sido una buena película, pero el guion no acompaña. El empeño del director por incluir tantas buenas obras lastran la historia. Entre rosas aglutina una cantidad de clichés y lugares comunes que es difícil creértela en algún momento. Abre tantas líneas argumentales que cuando las cierra quedan sin peso y con un recorrido escaso.
Un desarrollo más sencillo con menos frentes abiertos y un desarrollo más profundo y creíble hubiesen beneficiado a la película. Podría haber optado por realizarla como película de encargo, sin estridencias y sin arriesgar o bien llevarla a un punto mas intimista y personal arriesgando algo más y que ese riesgo lo amortigüe la parte más personal del director. Hacer una película sencilla no es nada fácil, hacer que lo complejo no tenga esfuerzo a ojos del espectador tiene un grandísimo mérito.
NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.
En los últimos años están apareciendo numerosas películas que tienen como tema principal la enfermedad de Alzheimer. El cine no ha tardado en tratar el asunto que tan presente está en la vida de todos los seres humanos. Supernova, el largometraje dirigido por el británico Harry McQueen, se suma a ese largo grupo de trabajos para la gran pantalla donde destacan títulos como El padre, Lejos de ella, Arrugas, Siempre Alice o El hijo de la novia, entre otros.
La película sigue las andanzas de una pareja gay, formada por un músico y un escritor que está empezando a perder la memoria, que decide emprender un viaje en autocarabana por aquellos sitios donde fueron felices y, de paso, visitar a sus seres queridos. A lo largo del viaje, los dos se replantearán su relación de pareja y asumirán realmente que el enfermo será una carga para su pareja, aunque este último asuma que tiene que realizar ese sacrificio. Rodada con un estilo clásico y beneficiándose de la fotografía de Dick Pope, que sabe sacar el partido del paisaje y logra cierta calidez en los momentos más íntimos, la película aborda asuntos importantes como la relación entre el cuidador y la persona que tiene que atender, la eutanasia o la inminencia de la muerte, adornada con los elementos habituales en un subgénero que hace hincapié en los estragos de la enfermedad en los afectados y sus seres más queridos.
No obstante, la película no pasaría de lo correcto sin el impresionante trabajo de sus dos actores protagonistas: el norteamericano Stanley Tucci, en el papel del escritor con problemas de memoria, y el británico Colin Firth, como su entregado cuidador. Ambos resultan absolutamente creíbles como esos veteranos amantes que tienen que afrontar la innevitable separación. Sus miradas, sus caricias, sus peleas y el tono de sus voces cuando se dirigen al otro denotan una complicidad que eleva la película más allá de lo convencional. Logran que un drama del montón consiga ir un poco más allá y acabe calando en el espectador.
Supernova es una película que hay que ver por la asombrosa labor que realizan sus dos intérpretes principales. El resto no pasa de ser otra película más sobre el Alzheimer con todos los lugares comunes del subgénero.
Julio Blanco (Javier Bardem), el carismático propietario de una empresa que fabrica balanzas industriales en una ciudad española de provincias, espera la inminente visita de una comisión que decidirá la obtención de un premio local a la excelencia empresarial. Todo tiene que estar perfecto para la visita. Sin embargo, todo parece conspirar contra él. Trabajando a contrarreloj, Blanco intenta resolver los problemas de sus empleados, cruzando para ello todas las líneas imaginables, y dando lugar a una inesperada y explosiva sucesión de acontecimientos de imprevisibles consecuencias. Fernando León de Aranoa nos presenta una nueva película donde predomina el tono social y el vínculo con la denuncia que le ha ido caracterizando en toda su filmografía.
Sin embargo, en este largometraje, su mirada consigue más matices, así como ponerse a relatar la vida desde otros zapatos, aunque bajo la sombra de un cinismo que nada pero guardando la ropa. El telón se abre con un patrón de corte paternalista que despliega todas sus armas en beneficio de la empresa y, supuestamente, de sus trabajadores. No obstante, poco a poco, va revelando una corriente manipuladora hacia sus intereses, que intenta hacer compatibles con los intereses de sus empleados.A partir de esta dinámica narrativa, León de Aranoa hace gala de una magnífica escritura y dirección, y también dirección de actores. Su guion está blindado por una coherencia y una sembrada profusión de metáforas visuales y verbales que nutren el conflicto, las caracterizaciones, el avance de la trama y la profundización en el tema. A pesar de sus momentos hiperbólicos y coincidencias forzadas, propias de aplicar un esquema satírico en el argumento, el ritmo y la fluidez llevan al espectador de secuencia en secuencia y de sorpresa en sorpresa.
Destaca, como es bien sabido por todos, la interpretación de Javier Bardem. No lejos de él la presencia de una gran Sonia Almarcha (¡qué actriz tan maravillosa¡) y en el comienzo de su carrera una joven Almudena Amor que nos dará grandes interpretaciones en el futuro.
Fotografias: son propiedad de la/s productora/s de “Las consecuencias” de Claudia Pinto
Segundo film con la dirección de Claudia Pinto y como su debut “La distancia más larga”, de nuevo magnífica utilización de un paisaje singular como expresión de los sentimientos y en este caso la inestabilidad mental de sus protagonistas. Aquí la isla (de hecho son varias) volcánica de una belleza fascinante y terrorífica, en medio de un océano siempre amenazador.
El prólogo en unas profundidades submarinas como abismos, presenta un accidente mortal, la protagonista (una esforzada, intensa pero algo hierática Juana Acosta) inicia un duelo traumático que parece superponerse a una amenaza oculta en el seno familiar.
Una espléndida fotografía de Gabriel Guerra (casi un blanco y negro en color) grises, azules y negros omnipresentes, playas de arena negra, ríos de lava pétreos, acantilados grises y escarpados donde se abren grutas y pequeños poblados aparentemente abandonados y el mar omnipresente, en este marco abrupto, los protagonistas, una familia disfuncional y gravemente herida/perturbada, como náufragos a la deriva, van a intentar sobrevivir.
Un guión sobrecargado que acumula un peso excesivo en unos pocos personajes y deja a otros (la hermana y la madre) en cierta indefinición, una amenaza lúgubre y reiterativa en su parte central, son los desajustes de este ambicioso y arriesgado film. Estamos en territorio Bergman “Como en un espejo” 1961 una isla, una mujer perturbada y un círculo familiar de hombres. Padre, hermano y marido/psiquiatra no evitarán la caída en la locura de Karin, la protagonista. Oscar al mejor film extranjero… ¿El infantilizado público actual aceptaría la propuesta?
La realizadora planifica sus imágenes con notable habilidad y belleza formal, no busca la postal, más bien avanza hacia una atmósfera de miedo y claustrofobia a cielo abierto, una amenaza interior que el paisaje recoge y amplia.
Claudia Pinto conduce con firmeza a sus intérpretes, todos estupendos, destacando a Alfredo Castro (muy complejo y difícil personaje), la debutante María Romanillos (perfecta y agresiva naturalidad) y la veterana, fascinante Carme Elias (una máscara trágica) evitando siempre el desparrame melodramático.
El último y mejor tercio del film está conducido por la madre y esposa abandonada, magnífica Carme Elias, de una elegancia innata, confiere a su personaje una densidad trágica hecha de silencios. Pandora poseedora de todos los secretos, quizás intuye que liberarlos no conducirá a la deseada catarsis, tampoco el ajusticiamiento del monstruo patriarcal, el nudo de perversiones. Conducido el film a la sombra de la tragedia griega La Orestiada
Orestes y Electra no evitan su fatalidad, el primero contaminado por la destrucción, víctima de las Furias (sus furias), Electra y su luto/duelo serán eternos, condenada al enclaustramiento…
Atención a los presurosos, después del fundido en negro, un último y terrible plano final, las tres mujeres sentadas frente al mar, negro, profundo y amenazador. Aisladas, la cámara retrocede… el mar parece a punto de engullirlas.
A modo de epílogo, no olviden que estas páginas se llaman CineT Farö, la isla desolada en el Báltico, refugio y escenario de los films más oscuros y geniales del maestro Ingmar Bergman: “Persona“ 1966 (Máscara en griego) y “La Vergüenza/Skammen“ 1968 (¿apocalipsis?) arriesgadísimas, mal aceptadas en su momento, films de culto fundamentales hoy.