FLEE (Dir. Jonas Poher Rasmussen)

Cuenta la historia real de Amin, que se enfrenta a un doloroso secreto que ha mantenido oculto durante 20 años y que amenaza con desbaratar la vida que ha construido para él y su futuro marido. Amin acepta contar su extraordinario viaje como niño refugiado de Afganistán en este documental, con la condición de que no se revele su identidad. Para lograr tal propósito, el director Jonas Poher Rasmussen decide emplear un estilo de animación que no sólo protege al narrador, sino que potencia su historia, combinando el tiempo y la memoria de forma visceral y poética.

Por desgracia, el tema de los refugiados es algo que está muy presente en la sociedad actual y quien más y quien menos tiene una opinión al respecto. Y evidentemente, el hecho de tener que dejar tu hogar atrás con todo lo que supone por culpa de guerras sangrientas es un proceso doloroso que marca de por vida y que es del día a día de millones de personas. Al ser un asunto tan propio de la actualidad es normal que se haya hecho varios documentales al respecto desde varias perspectivas a la hora de abordar el problema, pero lo cierto es que ninguno se había atrevido a narrar un testimonio real usando la animación de manera tan orgánica.

Y es que como bien reza la sinopsis de Flee, el usar la animación es un recurso visual excelente para mantener el anonimato y hacer un despliegue técnico sencillo pero increíblemente efectivo mientras se realiza la entrevista. Se puede hacer una recreación de todo el viaje de Amin para llegar a su destino final en Copenhague con una animación 2D donde los trazos son los grandes protagonistas, con una paleta de colores más bien apagada donde predominan los tonos áridos y el blanco en Kabul y los grises de las grandes metrópolis como la Moscú tras la disolución de la URSS y donde el punto de vista el protagonista pese a todos los reveses que sufre por el camino no es un relato cargado de miseria ni moralina. De hecho, es de agradecer que para los momentos más crueles se opte por una animación incluso más sencilla, donde el juego de luces y sombras gracias a los esbozos en carboncillo es suficiente vistazo para que el espectador termine de crearse la imagen en su cabeza.

Se agradece que la Flee dentro del tema tan trágico que trata lo sepa hacer aportando una pequeña luz al final del túnel donde no todo es maniqueo y apesadumbrado, y con un soporte que suma enteros y que consigue darle el empaque perfecto a todas las palabras de los testimonios del protagonista.

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MUERTE EN EL NILO (Dir. Kenneth Branagh)

Adaptación de la novela de Agatha Christie de 1937. Linnet Doyle es una joven heredera que lo tiene todo pero aparece asesinada durante un crucero por el Nilo en el que estaba celebrando su luna de miel. Celos, intereses económicos,… todo ello va perfilando el crimen. Hércules Poirot, que se encontraba en el crucero de este glamuoroso barco de vapor por unas vacaciones, se verá envuelto en este peculiar caso del cual saldrá a la luz un asunto aún más tenebroso. La aventura se desarrolla en un paisaje de leyenda con maravillosas vistas al desierto y a las majestuosas pirámides de Giza y se trata de la secuela de ‘Asesinato en el Orient Express’.

Después de su exitosa colaboración en «Asesinato en el Orient Express», el director/productor Kenneth Branagh («Hamlet», «Enrique V», «Thor») y el guionista Michael Green («Blade Runner 2049», «Logan») empezaron a hablar de sus libros favoritos de Agatha Christie y de los que funcionarían en el cine.
«Muerte en el Nilo» reúne al equipo que creó el éxito mundial de 2017 «Asesinato en el Orient Express», y está protagonizada por Kenneth Branagh, nominado cinco veces al Oscar y que da vida al famoso detective Hércules Poirot. A Kenneth Branagh le acompaña un elenco estelar de sospechosos entre los que figuran Tom Bateman, Annette Bening, nominada cuatro veces al Oscar, Russell Brand, Ali Fazal, Dawn French, Gal Gadot, Armie Hammer, Rose Leslie, Emma Mackey, Sophie Okonedo, Jennifer Saunders y Letitia Wright.

El engranaje funciona. Se notan los millones invertidos. La reunión de estrellas consagradas con intérpretes emergentes eleva la apuesta… pero peca de poco arriesgada y visualmente es tan perfecta, que Egipto nos acaba resultando totalmente irreal.

Sinceramente, recomiendo que vean la primera versión del clásico de Agatha Christie.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores

LOS AMORES DE ANAIS (Dir. Charline Bourgeois-Tacquet)

En los últimos años han llegado al cine francés una serie de realizadores muy interesantes. Por ello en su cinematografía se combinan las obras maduras de veteranos realizadores con las de nuevos talentos que enriquecen el panorama artístico. Uno de ellos es la cineasta Charline Bourgeois-Tacquet quien, tras recibir múltiples reconocimientos con sus cortometrajes, acaba de debutar en el largo con Los amores de Anaïs.

Es una película vitalista, desprejuiciada, sensual y abierta centrada en el personaje que interpreta Anaïs Demoustier, una habitual en los filmes de Robert Guédiguian (Las nieves del Kilimanjaro, La casa junto al mar) así como a las órdenes de su hermano Stéphane en el drama judicial La chica del brazalete. Completan el reparto dos actores de gran entidad como Valeria Bruni-Tedeschi (El capital humano, Locas de alegría) y Denis Podalydès (El buen maestro, Las fantasías).

La citada Anaïs es una treintañera, aunque aparenta ser más joven, que está en plena crisis con su pareja y anda algo desconcertada. Frecuentemente se siente atraída por los hombres mayores y eso mismo le ocurre con un tipo casado al que acaba de conocer casualmente en una fiesta. Inicia una relación con él pero no funciona como esperaba y es entonces cuando siente curiosidad por la esposa de su amante, una escritora muy inteligente y sincera. Es un filme sobre los sentimientos y el deseo que radiografía la incertidumbre existencial de su protagonista tan caprichosa como apasionada. Es una película de enredos donde vemos todas las conquistas de nuestra protagonista. Es muy interesante ser testigos de la forma que tiene de tratar el amor y las relaciones. Sin duda se nota que es joven y alegre, aunque muy despreocupada y eso a veces le acarrea problemas. Es muy hábil y tiene buen don de gentes, lo que la hace salir airosa de todos los embrollos.

Anaïs no ha conocido el amor de verdad, a veces piensa que sí pero se da cuenta que no, eso le da libertad para estar con unos o con otros, a veces de seguido, sin ningún problema. Puesto que la propia protagonista dice que no es exclusiva de nadie hasta que se enamore.

La actuación de Anaïs Demoustier es magnífica, con una energía y fuerza que pide el personaje. La dirección y la parte técnica son correctos, a destacar el equipo de arte y la banda sonora. Es una película estupenda para pasar un buen rato.

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LA HIJA OSCURA (Dir. Maggie Gyllenhaal)

“La hija oscura” es una adaptación del libro del mismo nombre de Elena Ferrante y sigue a una profesora llamada Leda (interpretada por Olivia Colman) cuyas idílicas vacaciones en una isla griega son interrumpidas por una ruidosa familia. En ella, se encuentran una joven madre llamada Nina (Dakota Johnson) y su hija Elena. Al interactuar con ellas, Leda comienza a obsesionarse, actuar de manera misteriosa y a recordar sus propias experiencias como madre de dos hijas. Esto es representado a través de flashbacks en donde, de manera paralela al presente, aprendemos sobre el pasado de Leda (aquí interpretada por Jessie Buckley): estudió traducción, tenía una prometedora carrera académica y a un esposo llamado Joe que no la apoyaba en la crianza de sus dos hijas. La responsabilidad total caía en Leda.

Tradicionalmente, las normas de nuestra sociedad patriarcal han dictado que la maternidad tiene que ser amor puro y que una madre debe dedicarle el 100% a sus hijos o hijas. Decir que la maternidad puede ser sofocante o exasperante va contra las ideas tradicionales de la sociedad, mismas que incontables películas han representado. Pero “La hija oscura” desafía esos conceptos presentando la dualidad de la maternidad: sí, existe el amor hacia tus hijos pero también las frustraciones y sentimientos de asfixia al criarlos.

Maggie Gyllenhaal consigue que todo su elenco interpreten sus papeles de forma muy convincente. Es una sorpresa agradable volver a encontrarse a Ed Harris y a Dakota Johnson. También tenemos a Oliver Jackson-Cohen, que interpreta a la perfección ese tipo de personas que intimida casi sin querer, y a Jack Farthing, al que hemos visto hace poco en Spencer, y que puede que sea el personaje peor escrito de la película.

Sin duda, las que se llevan la palma en La hija oscura son Jessie Buckley y Olivia Colman. Qué bien hacen la una de la otra. Parece que Buckley le haya cogido todos los manierismos a Colman, que por otra parte no hace más que reafirmar lo gran actriz que es.

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LICORICE PIZZA (Dir. Paul Thomas Anderson)

En 1970, la película sigue la historia de uno de los estudiantes del instituto de San Fernando Valley: Alana y Gary. El chico sueña con conquistar el amor de la joven, aunque esta es unos años mayor. Alana Kane (a la que da vida Alana Haim) y Gary Valentine (interpretado por Cooper Hoffman) han crecido en el Valle de San Fernando, pero no se conocen hasta el día en que el instituto de Gary organiza una sesión de fotos. Alana ya no estudia, es una joven que se esfuerza en definirse y encontrar un camino más allá de su poco inspirador empleo como ayudante de un fotógrafo. Gary, un actor en ciernes, ya ha hecho algún que otro papelito remunerado, y se lo dice a Alana casi inmediatamente, decidido a impresionarla. La seguridad de Gary divierte a la chica, pero también despierta su curiosidad, y no tarda en establecerse una relación sincera aunque algo torpe entre los dos. En un intento de fortalecer la conexión con Alana, Gary consigue que sea su acompañante para una aparición en televisión en Nueva York. Impulsivamente, ella acepta.

El trabajo para televisión no sale exactamente como Gary esperaba y, de vuelta en California, ambos se plantean sus respectivos futuros. Pasa el tiempo y su amistad se hace más profunda; Gary se aleja de la interpretación y se convierte en un joven empresario vendiendo camas de agua y abriendo una sala de pinball; mientras tanto, Alana piensa seriamente en su futuro e incluso prueba a ser actriz. Juntos o por separado, viven momentos cruciales tan divertidos como agridulces mediante encuentros con un actor famoso (al que interpreta Sean Penn), un productor de Hollywood (Bradley Cooper) y un político local (Benny Safdie). Conscientes de su situación y a la vez algo perdidos, Alana y Gary atraviesan un periodo que les lleva a conocer la profunda emoción del primer amor, el paso a la mayoría de edad y el descubrimiento de un potencial inesperado y recíproco.

El término Licorice Pizza es la jerga para un disco de vinilo, en particular los álbumes que se conocían como LPs por Long Play, de ahí Licorice Pizza. Además, el disco de vinilo es negro, que es el color del regaliz, y la forma es plana y redonda, como una pizza.

A destacar, principalmente, las interpretaciones de los recién llegados Alana Haim y Cooper Hoffman que dan gran fuerza a la película.

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EL PACTO (Dir. Billy August)

Finales de los años cuarenta. La escritora Karen Blixen, de 63 años, está en la cima del éxito y parece ser la próxima en ganar el Premio Nobel de Literatura. Tras dejar atrás su renuncia a la famosa granja en África para regresar a su Dinamarca natal y habiendo perdido al amor de su vida, ahora Karen se ha reinventado a sí misma como una sensación literaria. Ella sigue siendo un genio aislado. Sin embargo, su vida se tambaleará el día que conoce a un talentoso poeta de 30 años. Karen le promete el estrellato literario si él a cambio la obedece incondicionalmente, incluso a costa de perderlo todo en su vida.

El pacto llega a esta fiesta justo a tiempo, ahondando en la misteriosa vida de Karen Blixen. Y para ello, aparte de su cuidada puesta en escena y diseño de producción recreando los años 40, cuenta con la excelente actuación de Birthe Neumann que se apodera de todos los planos en los que aparece. Transmitiendo esa mirada melancólica a un pasado triste que no puede cambiar, mientras trata de encandilar a un joven escritor. ¿La intención de ella? Demostrarle que el talento solo puede ir ligado a una vida de excesos y romances de una noche.

Establecen un pacto. Thorkild está casado, tiene un hijo pequeño. Su mujer trabaja como bibliotecaria y es la que sostiene económicamente a la familia.
El éxito, el talento y la constancia son ejes de la narración. El tema principal es la génesis de la creación literaria. La fotografía es del chileno-danés Manuel Alberto Claro. Potencia la narración.

Película cuyo principal interés radica en la interpretación protagonista femenina.

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NOTA: La fotografía insertada en este artículo es propiedad de su autor.

BELFAST (Dir. Kenneth Branagh)

Drama ambientado en la tumultuosa Irlanda del Norte de finales de los años 60. Sigue al pequeño Buddy mientras crece en un ambiente de lucha obrera, cambios culturales, odio interreligioso y violencia sectaria. Buddy sueña con un futuro que le aleje de los problemas, pero, mientras tanto, encuentra consuelo en su pasión por el cine, en la niña que le gusta de su clase, y en sus carismáticos padres y abuelos.

Esta película ominada a siete premios Oscar, incluyendo mejor película, director, guión, actor y actriz de reparto– es, siguiendo esa comparación, la versión light y accesible de «Roma» de Alfonso Cuarón, una que mantiene una similar apariencia formal pero que luego se descubre como mucho más vacía, limitada, pasajera, genérica. Es un recuerdo cariñoso y hasta amable pero muy despolitizado, algo que es entendible en función de que se narra a partir de los recuerdos de un niño de nueve años –un alter-ego del propio Kenneth– que atraviesa la creciente violencia que se vive en el lugar, pero al que quizás le falta la perspectiva que le da el tiempo y los personajes adultos.

Al tratarse de una película episódica cuyo hilo narrativo central pasa por la decisión que la familia debe tomar respecto a quedarse o no viviendo en Belfast por lo complicado de la situación, se podría suponer que Branagh armó su film buscando un tono melancólico o bien observacional, en el que lo fuerte pasara por cierto registro poético, desde lo visual al menos, de esas experiencias. Pero no. Más allá de un contrastado blanco y negro que se ve bastante digital, el actor/director narra su film de una manera entre mecánica y torpe (drones, cortes permanentes, ángulos de cámara insólitos), con los actos de violencia filmados como si fuera un mediocre thriller de acción y muchas caracterizaciones desprovistas de gracia o personalidad.

Un film que no convence completamente para quien escribe estas líneas.

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LA ABUELA (Dir. Paco Plaza)

Susana (Almudena Amor) tiene que dejar su vida en París, donde trabaja como modelo, para regresar a Madrid, debido a que su abuela Pilar (Vera Valdez) acaba de sufrir un derrame cerebral. Años atrás, cuando los padres de Susana murieron, su abuela la crió como si fuese su propia hija. Susana necesita encontrar a alguien que cuide de Pilar, pero lo que deberían ser solo unos días con su abuela se acabarán convirtiendo en una terrorífica pesadilla.

La película es una singular reflexión de Paco Plaza acerca de un horror tan cotidiano e inescapable como el del paso del tiempo, en su versión menos correcta. La enfermedad, la vejez, la dependencia: todo ello es sobrevolado por un film estéticamente impecable y parcialmente ajeno a las corrientes actuales del cine de género.

Encerrada con una persona que ni siquiera le reconoce, la joven comenzará a tener extrañas visiones en el viejo piso en el que viven ambas. El argumento podía haber dado pie a todo un psicodrama almodovariano de cuyo fantasma, en realidad, ‘La abuela’ nunca se desprende del todo. No podía ser menos con un guión escrito íntegramente por Carlos Vermut: la personalidad del autor de ‘Diamond Flash’ o ‘Magical Girl’ se respira en muchos aspectos de la película. De la selección musical (excelente el momento Vainica Doble) al reparto íntegramente femenino, pasando por el uso costumbrista de un restaurante chino o ciertas reflexiones sobre las relaciones de poder en según qué profesiones.
Paco Plaza también aporta al conjunto su extraordinario pulso para las atmósferas enrarecidas y los espacios oscuros El director muestra todas sus cartas desde el primer momento. En efecto, en una secuencia introductoria, antes de los créditos, ya tenemos todas las claves para entender lo que sucede en la película. Porque en ‘La abuela’ no importa el giro final, ni la explicación del misterio, sino la cuidadosa atmósfera que construye desde su arranque. La película encuentra un incómodo punto discursivo equidistante entre el body horror cotidiano, las historias de casas encantadas y los horrores esotéricos de los setenta y ahí desenvuelve la trama, en un término medio entre las convenciones muy conocidas por el aficionado y el territorio sin explorar.

A destacar la interpretación de una joven actriz, Almudena Amor, que no tardará mucho en ser imprescindible en el mejor cine español.

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Nota: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

DRIVE MY CAR (Dir. Ryûsuke Hamaguchi)

La película de Ryūsuke Hamaguchi, una de las favoritas para los Oscar, es un relato basado en un libro de Murakami que habla del amor, la pérdida y la incomunicación.

Drive my car es un viaje hacia la redención con el Saab 900 del protagonista como confesionario y local de ensayo. Yusuke (interpretado por Hidetoshi Nishijima) es un prestigioso actor y director de teatro que se traslada a Hiroshima dos años después de la repentina muerte de su mujer Oto, de quien duda si realmente la llegó a comprender. En Hiroshima se pondrá al frente de una representación multilingüe de Tío Vania y la dirección del festival le obligará a aceptar a la joven Misaki (Toko Miura) como la conductora de su coche. Las cintas que Oto dejó grabadas para que Yusuke ensayara en el coche son el vínculo con un pasado que el protagonista se niega a aceptar.

Con solo 43 años, Hamaguchi se ha convertido en uno de los cineastas de autor más destacados de la última temporada. Consiguió el Gran premio del jurado en la Berlinale 2021 por La rueda de la fortuna y de la fantasía.

En esta ocasión no es una historia sobre las consecuencias feroces de la sociedad capitalista, sino una basada en un relato de Haruki Murakami incluido en la novela Hombres sin mujeres. El texto, de apenas 40 páginas, ha sido convertido en una adaptación cinematográfica cocinada a fuego lento de tres horas de duración. Tanto, que los títulos de créditos iniciales aparecen casi 40 minutos después de que haya comenzado la proyección, dando a entender que lo que parecía la mitad de la película es en realidad el prólogo.

Aunque es complicado hablar de ello sin destripar el contenido, se puede decir que un fatídico imprevisto cambia las tornas de la relación. A partir de entonces cambia el registro del largometraje, pasando de lo que parecía una tragedia doméstica a una road movie. Dos años después de aquel evento, Kafuku pasa a trabajar en un festival de teatro en Hiroshima dirigiendo la ambiciosa producción de Tío Vania, un clásico de Antón Chéjov. El inconveniente es que, por norma de los organizadores, el dramaturgo tiene que contar con un chófer personal que le traslade diariamente desde su residencia hasta el centro de arte. Es así como conoce a Misaki (Toko Miura) que, a pesar de las reticencias iniciales, acaba tomando de forma regular el volante de su Saab color rojo.

La propuesta de Hamaguchi es, en cambio, un viaje sobre cuatro ruedas con destino a la introspección. Sin duda, una extraordinaria película.

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TODO HA IDO BIEN (Dir. François Ozon)

Emmanuèle, una novelista con una vida privada y profesional plena, se precipita al hospital al enterarse de que su padre, André, acaba de tener un accidente cerebrovascular. Cuando se despierta, debilitado y dependiente, este hombre, curioso por naturaleza y amante apasionado de la vida, le pide a su hija que le ayude.
Con ‘Todo ha ido bien’ François Ozon se une a otros cineastas que últimamente han tratado magistralmente el tema de las enfermedades neurológicas que destruyen al enfermo y a sus familias y cuidadores. Natalie Erika James, Florian Zeller o Viggo Mortensen con ‘Relic’, ‘El padre’ o ‘Falling’. Ellos han tratado con empatía la vida que espera a nuestros mayores.
Es difícil ponerse en el lugar de alguien que ve que sus días se acaban o que es consciente de que está olvidando decenas de años llenos de vivencias. De ahí que esta película nos venga a decir que a modo de cuidado paliativo a nuestro mayores les podamos edulcorar la existencia con un “todo ha ido bien”, un día más disfrutando del momento.


Como base para ‘Todo ha ido bien’ Ozon se ha inspirado en la novela de Emmanuèle Berheim. Con ella ha desarrollado un drama bastante moderado que logrará sacar alguna lágrima con su emotivo final pero que no está concebido con ese único objetivo. Es una película que aborda mucho los deseos, entendiendo estos como últimas voluntades o como aquello que se ha añorado toda la vida. El reconocimiento de un padre es uno de estos anhelos. La película es un continuo pulso entre la responsabilidad o respeto hacia los que nos han traído al mundo y los rencores acumulados durante años.
En medio de ese pulso se encuentra Sophie Marceau. Su personaje está entre dos tierras pues profesa amor a su padre, que la ha considerado siempre su ojito derecho y los desprecios que le hace este a su hermana. La actriz está desgarradoramente natural y vemos en su interpretación cómo está entre la espada y la pared. Y es que la temática de la película es compleja pero Ozon, sin entrar mucho al debate, la lleva a través del camino de una lógica que responde al uso de la razón y la calidad de vida.


MUY ATENTOS a la participación de dos actrices sublimes: Hanna Schygulla y Charlotte Rampling. Ellas, en breves apariciones, nos recuerdan lo que es y significa ser magistral e irrepetible. Están maravillosas en sus respectivas interpretaciones. Disfrútenlas…

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